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El Juez del Olmo no detiene su actividad en relación con el 11-M. Ha imputado los 191 asesinatos a un nuevo sospechoso, Abdelillah Hriz, que cumple condena en Marruecos por otros delitos. Su ADN se halla presente en un peine aparecido entre los escombros de Leganés y en un pantalón manchado de sangre descubierto en la casa de Morata de Tajuña (por cierto: en los medios se habla indistintamente de la casa de Morata y de la casa de Chinchón; son la misma casa, lo que ocurre es que, aun estando muy cerca de Morata, pertenece al término municipal de Chinchón). Además, el instructor ha detenido a tres presuntos colaboradores, acusados de haber ayudado a personas relacionadas con el 11-M. Con independencia de la base que tengan estas actuaciones, no cabe duda de que constituyen un espaldarazo a la tesis oficialista en un momento en que su cotización entre la opinión pública está a la baja.
Por otra parte, el viernes se confirmó lo que ya nos había adelantado
El País, que el Consejo de Ministros desclasificaría los informes del CNI relativos al
primer interrogatorio de Suárez Trashorras, anterior a su detención el 18 de marzo de 2004, y que en ellos no consta que éste hiciera referencia a ETA.
Efectos electorales. Las posiciones del PSOE y del PP
Los responsables del eficacísimo aparato propagandístico del PSOE están convencidos de que el que se hable del 11-M en los medios les favorece electoralmente. Sirvan dos ejemplos para demostrar que es así.
Durante el debate sobre terrorismo llevado a cabo el 15 de enero, poco después del atentado de la T-4 de Barajas, el Presidente reprochó constantemente a Rajoy no tener con el gobierno actual la lealtad que él, Zapatero, había tenido con el anterior, el de Aznar, en materia de terrorismo. Era como una enorme muleta roja a la que era fácil que el líder de la oposición embistiera para recordarle a Zapatero lo desleal que fue él con el gobierno los días posteriores al 11-M. Rajoy no picó.
Mucho más recientemente, durante una sesión de control, para contestar a una pregunta del diputado popular Juan Ignacio del Burgo relacionada con unos informes de la Guardia Civil que acreditan que el Partido Comunista de las Tierras Vascas pertenece al entramado de ETA, Rubalcaba negó a del Burgo la legitimidad para hacer esa pregunta por haber dado pábulo a Rafá Zouhier (supuesto confidente de la Guardia Civil acusado de poner en contacto a Trashorras con El Chino) cuando se defendió diciendo que había advertido a la Benemérita de lo que se estaba preparando. Rubalcaba se escandalizó de que el diputado de Unión del Pueblo Navarro hubiera dado crédito a un delincuente antes que a la propia Guardia Civil y luego le acuse a él, responsable de Interior, de no atender a la información que le suministran sus cuerpos.
Al margen de que ninguno de los dos, ni Zapatero ni Rubalcaba, contestaron a las acusaciones de que fueron objeto, lo que interesa destacar aquí es que ambos denotaron el deseo de sacar a relucir el 11-M en dos ocasiones en las que de lo que se estaba hablando era de la ETA. Luego, creen que hablar del 11-M beneficia al PSOE y perjudica al PP. Con todo, hoy no deben tener las cosas tan claras cuando en Ferraz han contratado a una periodista de la SER para que siga toda la información que en los medios se va dando sobre el juicio.
Y en el PP ¿lo creen también? No todos. Una cosa es que, cuando se hable de la negociación con ETA, eviten traer a colación el 11-M y otra muy distinta es creer que electoralmente les perjudica hacerlo en toda ocasión.
Un sector del partido, arremolinado al rededor de Alberto Ruiz Gallardón, cree que hablar del 11-M significa recordar la mala gestión que del atentado se hizo en los días inmediatamente anteriores a las elecciones. No se trata tanto de que ellos crean que tal gestión fue mala, como de estar convencidos de que lo creen los votantes de la izquierda del PP y los de la derecha del PSOE, que son los que en última instancia deben, mediante la movilización de los primeros y la abstención de los segundos, dar la victoria al PP en 2008. Por eso, estos dirigentes, que encabeza Gallardón, prefieren que se hable del 11-M lo menos posible. Es más, creen que la cúpula del partido debería prescindir de la cabeza visible de aquella “mala” gestión, esto es, del secretario general y número dos, Ángel Acebes. Esta manera de ver las cosas se resume en el “pasar página” con el que insiste Gallardón respecto al 11-M: los islamistas nos pusieron una bomba por ir a Irak, el PP perdió las elecciones, nos fuimos de Irak y asunto cerrado.
Sin embargo, hay otros muchos en el partido que creen que faltan un montón de cosas por explicar en la investigación del 11-M y creen que seguir rascando, hasta averiguar la verdad, les conviene electoralmente. No saben cuál es la verdad, pero están convencidos de que la versión oficial, la única que beneficia al PSOE, es falsa.
Entre ambas posiciones hay una pléyade de militantes, entre los que probablemente se encuentra Rajoy, que piensan que lo mejor es esperar y ver, sin comprometerse con la línea conspiracionista, porque temen que, en otro caso, la consolidación de la versión oficial ante la opinión pública ayudaría a que el PSOE les barriera electoralmente. Lo cual no quita para que se mantengan en alerta dispuestos a saltar a la yugular del adversario en cuanto esa versión, la oficialista, se derrumbe definitivamente, si es que eso llega a ocurrir.
Los medios
Este crisol de actitudes se ha trasladado a la prensa.
Por un lado, los medios que gustan llamarse progresistas, encabezados por El País, creen en la versión oficial con la fe del carbonero, alejando de sus mentes la funesta manía de pensar. Han llegado a congratularse de que el 57 por ciento de los españoles crean en la versión oficial, cuando ese porcentaje, tratándose de la versión que defiende el Juez instructor, la Fiscalía, el Gobierno, todos los partidos minoritarios del arco parlamentario y una parte sustancial del PP, es llamativamente escaso.
Por apoyar a Alberto Ruiz Gallardón, ABC defiende también la versión oficial con el fin de que la clientela popular siga al alcalde de Madrid. Éste, junto al periódico que lo apoya, da por descontada la derrota de Rajoy en las elecciones generales de 2008 y considera que su oportunidad para sucederle al frente del partido pasa porque Zapatero recupere su imagen moderada ante el electorado gracias, entre otras cosas, a la confirmación de la versión oficial. Piensa, no sin razón, que su partido vería en él la única oportunidad real de ganar a un Zapatero centrado, personificación misma del talante dialogador. Por desgracia para sus aspiraciones, el Presidente se va escorando cada vez más hacia posiciones radicales y, con independencia de la dirección que tome el juicio del 11-M, tal radicalización exige con creciente perentoriedad que el PP disponga de un líder de ideas firmes y mensajes severos. Gallardón no da el perfil. Y Rajoy se está metiendo poco a poco en el papel.
Los que en el PP creen que la versión oficial del atentado va a derrumbarse y que se incrementarán las posibilidades de victoria electoral tienen su máximo valedor en El Mundo. Este periódico se encuentra especialmente incómodo cuando se ve identificado con el sector más derechista del PP. Pero, le guste o no, es ahí donde encuentran más eco sus muy justificadas críticas a la versión oficial. Es el periódico de los que no se han creído la autoría exclusivamente islamista y confían en que, cuando se sepa la verdad, sea cual sea ésta, el PSOE se vendrá abajo electoralmente.
Hay un pequeñísimo grupo de medios, encabezados por La Razón, que se han percatado de los muchos agujeros que tiene la versión oficial, pero que no aceptan, sin someter a su sentido crítico, todas las denuncias de los conspiracionistas que, entre col y col, de vez en cuando, han tratado de colar alguna lechuga. Un trabajo meritorio, habida cuenta de la creciente complejidad del debate.
Lo que está en juego
Sin embargo, el PSOE y los medios oficialistas disponen de un plan B para el caso, cada vez más probable, de que la versión oficial quede desacreditada ante la opinión pública. Por eso, desde que El Mundo empezara a dudar de la versión oficial, muy poco después del atentado, se han esforzado para que el debate se limite a determinar si la ETA intervino o no en la masacre. Aceptan que si se demuestra que intervino la ETA, la versión oficial deba venirse abajo, pero insisten en darla por consolidada si los conspiracionistas no son capaces de probar la participación de la banda terrorista. Esta estrategia ha venido funcionando hasta ahora, de manera que, aunque han estado apareciendo uno tras otro amplios agujeros en la versión oficial, como la participación etarra no termina de aflorar, la versión oficial sigue sosteniéndose entre la opinión pública a pesar de su creciente debilidad. Sin embargo, los conspiracionistas han siempre evitado especular con la intervención de la ETA y se han limitado a someter a examen crítico la versión que les ha estado vendiendo el gobierno. Así que, poco a poco, están consiguiendo que la discusión ya no se limite a dos posibilidades, y los ojos de la gente se abran a algunas más, a cuál más preocupante.
Las hipótesis que están empezando a asomar al final del hilo del que los conspiracionistas tiran cada vez con más fuerza están asustando a algunos populares, que antes insistían en querer saber la verdad y ahora dudan de querer saberla. Temen que la que finalmente asome sea excesivamente desestabilizadora y, puesto que el PP forma parte del sistema, les preocupa que la crisis de éste afecte a los dos partidos, y no sólo al PSOE. Estas reflexiones les están conduciendo a pensar que quizá ha llegado el momento de empezar a mirar hacia otro lado.
El patriotismo da buenos motivos para no hacerlo. Pero incluso con una preocupación exclusivamente electoral, en el PP debieran todos darse cuenta de que el 11-M no sólo ha traído un cambio de gobierno, sino también un cambio de sistema. Y en ese sistema nuevo que se está tratando de imponer, el PP ya no desempeñará el papel de alternativa, sino el de eterna y dócil oposición, sin posibilidad real de alcanzar el poder.
En consecuencia, tanto por patriotismo como por electoralismo, el PP debiera remangarse y empeñarse en que los españoles conozcamos toda la verdad del 11-M. Si al final es verdad que un camello junto a otros delincuentes y desarrapados, adoctrinados todos por un par de imanes de pacotilla, con unos explosivos comprados a un confidente de la policía, montaron aquella masacre, lo más que puede pasar es que los líderes actuales del PP pierdan, entre otras cosas por eso, las elecciones. Se cambian, vienen otros y a otra cosa. Pero, si detrás del 11-M hay algo que debiéramos saber y no sabemos, es obligación del Partido Popular ayudar todo lo que en su mano esté para que se sepa. Y si, gracias a esa verdad, terminan por ganar las elecciones, no será una tarea fácil recomponer un país y un sistema que saldrán muy tocados de la crisis. Dicho de otro modo: no tiene sentido que se traguen lo que tiene toda la pinta de ser una mentira que, además de ser mentira, tiene por finalidad liquidarlos a ellos políticamente, sobre todo si se considera que no son ellos, ni mucho menos, lo que más importa de todo lo que se pretende liquidar.