Grupo de Estudios Estratégicos RSS
Portada > Colaboraciones > Líbano: cuando el pasado se convierte en presente





Buscar artículos publicados por el GEES
Buscar BuscarEspanol - Ingles
Líbano: cuando el pasado se convierte en presente
Colaboraciones nº 1532   |  2 de Marzo de 2007
 
Los libaneses parecen condenados a conmemorar fechas importantes entre lágrimas, dolor y conmoción. Esta vez no fue el horroroso asesinato del joven Ministro de Industria Pierre Amin Gemayel la víspera del aniversario de la independencia del Líbano, ni el atentado que se cobró la vida de Samir Kassir en los días previos a las primeras elecciones libres que celebraría el país en el 2005; fue una nueva bomba, o mejor, dos bombas en sendos buses que transportaban a civiles cristianos que se dirigían a su trabajo en las primeras horas de la mañana del 13 de febrero. Crímenes todos sin resolver, que constituyen los agravios más importantes que se hayan perpetrado contra las instituciones democráticas y la ciudadanía libanesa desde las masacres de la guerra civil iniciada en 1975.
 
Nada unía a Pierre Gemayel con Samir Kassir o con los anónimos ciudadanos asesinados en la mañana del pasado martes, salvo ser de confesión cristiana y el común y decidido deseo de libertad, soberanía e independencia junto al sueño de vivir en un país en democracia donde los derechos de los ciudadanos fueran respetados
 
Kassir fue asesinado por medio de una carga explosiva bajo de su coche en junio del 2005 en un acto vil y repugnante. El objetivo fue, desde luego, amedrentar a los periodistas de futuras críticas a la intervención siria en el país, que acompañó a las violaciones más abyectas de los derechos humanos durante más de 30 años. El homicidio de Pierre Gemayel fue ejecutado por sicarios que también pretendían transmitir un claro mensaje a cualquier político libanés que se enfrente a Siria: ése será tu final.

Las decisiones de Estado se pueden objetar a través de los mecanismos institucionales que prevén las leyes. Pero es inadmisible que grupos terroristas y violentos, con objetivos políticos, desafíen al Estado y que aún peor, vuelvan a disponer de la vida y la libertad de las personas al igual que en el pasado. Claro que ello sería normal si hablásemos de un país democrático y libre en sus decisiones. Lo que no es el caso del Líbano, donde la primera conclusión es que la nación política no tiene Estado. No lo tiene en sus fuerzas de seguridad, y tampoco lo tiene en sus elementales servicios de Inteligencia. Los terroristas han colocado bombas o fusilado a sus victimas como les vino en gana. ¿Dónde se invierten los muchos millones de dólares que se asignan a los servicios de seguridad libaneses? ¿Qué hacía el Estado cuando aquellos grupos terroristas se armaban y planificaban asesinatos y atentados? Nada.
 
La política comete a veces un exceso de reverencia. Fue un exceso sin duda atribuir el desesperado discurso de Siniora al carácter mágico de que en el Líbano iba a comenzar una etapa de reconstrucción tras la guerra del verano pasado entre Hezbolá e Israel. Siniora incumplió su deber cuando quedó prístinamente demostrado que aceptaría la pública extorsión de los sediciosos que llevan casi 3 meses destruyendo la paz y la economía del país con sus movilizaciones en el centro de Beirut. El primer ministro dispone de la autoridad legal que le confiere el poder publico para poner coto a esta situación, pero no lo hace y mantiene sus discursos díscolos y dicótomos sobre la resistencia e Israel. Siniora podría influir también a través de la presión política y policial, pero todo pareció más un envío de mensajes casi mafiosos que el acatamiento de la voluntad legal.
 
Durante los 29 años de ocupación siria del país, el Líbano y su clase dirigente se empecinaron en convertir el pasado en presente. Ha sido el país de la región de Oriente Medio donde tuvo lugar una guerra terrible y cruel, ajena a la voluntad de la ciudadanía libanesa e influenciada por potencias extranjeras. ¿Cambió esto desde la llegada de la democracia de la que hoy hablan gobierno y oposición? No, fue insuficiente, al parecer “nada olvidaron ni nada aprendieron”. Y las tentativas de conformar un gobierno de unidad nacional fracasaron estrepitosamente -- porque los terroristas mienten en sus verdaderas intenciones al lograrlo, y porque el gobierno tampoco lo desea y continúa a merced de la coacción de los terroristas-. El debate que precedió al escenario actual no fue amplio ni generoso dentro de la política, ni se implicó en él al conjunto de la sociedad.
 
¿Qué hacer, entonces? El Presidente Bachir Gemayel, asesinado por un agente de la Inteligencia siria en 1982, acuñó un concepto que alejó la política de las revisiones. El pasado es el deber de la justicia; el futuro es el deber del gobierno, dijo en su momento. Entendió que la política es la materia que convierte el pasado en presente. El historiador Eric Hobsbawm, que se formó en militancias de izquierda, llegó al mismo concepto que Gemayel por otro camino. Es peligroso dejar la memoria en manos de los políticos porque la podrían usar como arma arrojadiza, subrayó el historiador inglés. Para Hobsbawm, sólo una justicia imparcial y la investigación independiente pueden acercarse a la verdad.
 
Un paso importante en ese sentido lo acaba de dar la decisión de la ONU de apoyar al gobierno libanés en la creación de un Tribunal Internacional que investigue los crímenes cometidos en el país desde el asesinato del ex Primer Ministro Rafik al Hariri hasta nuestros días, en lo que será una investigación que necesariamente señalará a Siria. Cuando el actual parlamento inició el examen del pasado más reciente a través del Tribunal de la ONU, la confirmación de la medida venía del Presidente pro-sirio Emile Lahoud y Hezbolá y todos los sectores favorables a Siria: saltaron con histérica culp; se pretende involucrar a Siria, vaticinaron todos con acierto, ya que hay indicios serios de que ese régimen está detrás de gran parte de la tragedia del país y la sangre libanesa derramada
 
Hassán Nasrala es una figura que cumplió y cumple con ganas y vocación el rol que le asignó la historia de un sector del Islam. Pero ¿puede un autoproclamado líder de los desposeídos - sin atributos personales según los propios clérigos chi'íes, en desacuerdo con el líder de Hezbolá - armar un ejército paraestatal al margen de dos (2) presidentes y tres (3) mandatos presidenciales?
 
Si la estructura de un Tribunal Internacional se lleva a delante con honesta práctica y la investigación que desarrolle tipifica correctamente los delitos que se han cometido en el Líbano, no quedarán dudas de que fue el Estado sometido al régimen de ocupación siria el que cometió los crímenes por acción u omisión en aquellos tiempos. El ex presidente y primer colaboracionista, George Hrawi, falleció naturalmente el pasado año, pero aún esta con vida el General Lahoud y sus patronos sirios. Su futuro: los jueces y la ley.
 
Solo así una parte importante del pasado trágico quedará pues sepultada por la justicia y la necesidad de ella que tiene la sociedad civil libanesa.
 
Lo que sucedió en las oscuras décadas de los 70, 80 y 90 nunca se saldará del todo sin horadar también en la historia de las organizaciones terroristas globales manipuladas y financiadas por los mentores del terror y la muerte en la región. Sus crímenes no son comparables a los del Estado, porque éste tiene una responsabilidad que aquéllas nunca tuvieron. Pero los terroristas jihadistas cometieron muchísimos crímenes, que sirvieron además para desestabilizar al país y dañar severamente a su sociedad, que, aunque dividida y desencontrada por acciones propias de los mismos terroristas, tuvo unos orígenes democráticos que deben recuperarse con urgencia para evitar el retorno de ese pasado de infamia y desencuentros.

 
 
George Chaya es licenciado en Derecho y Ciencias Sociales y analista en geopolítica y Oriente Medio. Asesora a varios gobiernos de América Latina en materia de Oriente Medio, y dirige la oficina de prensa del Consejo Libanés de la Revolución de los Cedros.


© 2003-2008 GEES - Grupo de Estudios Estratégicos
Aviso legal | Mapa Web | Lista de correo | Contactar