(Publicado en Creators.com, 13 de febrero de 2007)
En su última columna, la redactora del Boston Globe Ellen Goodman escribía: "Digamos simplemente que los revisionistas del calentamiento global están ahora a la par de los revisionistas del Holocausto..."
Esto merece cierto análisis.
En primer lugar, refleja una diferencia importante en el modo en que izquierda y derecha tienden a verse entre sí. Con pocas excepciones, los de la izquierda tienden a ver a sus adversarios ideológicos como gente mala, es decir, gente con segundas intenciones, mientras que aquellos en la derecha tienden a ver a sus adversarios como equivocados, quizá incluso peligrosos, pero normalmente no tan malos.
Aquellos que niegan el Holocausto se encuentran entre el mal del mundo. Su preocupación no es la historia, sino perjudicar a los judíos, y su tentativa de robar a alrededor de 6 millones de personas su experiencia de inenarrable sufrimiento da un nuevo significado a la palabra "cruel". Equiparar a aquellos que cuestionan o niegan el calentamiento global con aquellos que cuestionan o niegan el Holocausto es adscribirles motivaciones infames. Para Al Gore, Ellen Goodman y sus muchos millones de partidarios, puede ser inconcebible que una persona pueda estar en desacuerdo con ellos en materia del calentamiento global y carecer de motivaciones perversas: tal individuo tiene que estar sobornado por compañías petroleras, o mentir -- como hacen los revisionistas del Holocausto -- por alguna razón perversa u otra.
La creencia de que los rivales de la izquierda son moralmente similares a los Nazis era expresada recientemente por otro izquierdista prominente, George Soros, el multimillonario que sufraga muchos proyectos izquierdistas. En el Foro Económico Mundial de Davos el mes pasado, Soros llamaba a América a "desnazificarse" igual que hizo Alemania tras el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial. Para Soros, América en Irak es igual que los Nazis en Polonia.
Una segunda lección a extraer de las declaraciones de Goodman es que nos ayudan a comprender mejor uno de los lemas del progresismo contemporáneo: "Cuestiona la autoridad". En realidad, esta prescripción se aplica a cuestionar la autoridad de las religiones judeocristianas o cualquier autoridad conservadora secular, pero ninguna otra autoridad. La ONU y demás expertos nos dicen que existe calentamiento global; tal autoridad no debe ser cuestionada en absoluto.
En tercer lugar, la equiparación de la negación del calentamiento global con el Holocausto trivializa el revisionismo del Holocausto. Si cuestionar el calentamiento global está "a la par" de cuestionar el Holocausto, ¿hasta qué punto es realmente malo cuestionar el Holocausto? Lo mismo se cumple con respecto al Nazismo y las declaraciones de George Soros. Afirmar que América en la guerra de Irak es moralmente equivalente a la Alemania Nazi en la Segunda Guerra Mundial trivializa el mal sin parangón de los Nazis.
En cuarto lugar, la ausencia de respuesta (hasta la fecha) de cualquier progresista o izquierdista individual u organización -- excepto para defender a Ellen Goodman -- o de la Liga Antidifamación, la organización cuyo propósito principal viene siendo defender a los judíos, es reveladora. Imagine simplemente, por ejemplo, que una figura cristiana igualmente prominente hubiera escrito que negar que América es un país cristiano va a la par de negar el Holocausto. Habría habido noticia de portada en los principales medios, el particular habría sido atacado infatigablemente por todos y cada uno de los grupos y particulares progresistas, y la ADL había citado esto como ejemplo del emergente antisemitismo cristiano y trivialización del Holocausto. Pero ni una palabra en la ADL sobre los comentarios de Soros sobre desnazificar América o los comentarios de revisionismo del Holocausto de Goodman.
En quinto lugar, y para acabar, la cita de Ellen Goodman es solamente el comienzo de lo que se ha convertido ya en una de las últimas campañas de demonización de gente decente en la historia -- la condena global de:
1. cualquiera que cuestione el calentamiento global;
2. cualquiera que esté de acuerdo en que existe el calentamiento global pero que argumente que el comportamiento humano no es la causa principal; o
3. cualquiera que argumente que existe calentamiento global, e incluso esté de acuerdo en que el comportamiento humano es su causa principal, pero no sostenga que las consecuencias vayan a ser tan catastróficas ni de cerca como Al Gore dice.
Si usted no cree en las tres propuestas, será castigado junto con revisionistas del Holocausto, y no sería sorprendente que pronto, en Europa, los revisionistas del calentamiento global sean tratados y procesados como los revisionistas del Holocausto. Simplemente espere. Eso es mucho más probable que los océanos vayan a subir 20 pies de nivel. O ni siquiera diez. Ni siquiera tres.