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11-M: mucho ruido y pocas nueces
Colaboraciones nº 1521   |  27 de Febrero de 2007
 
El Egipcio
 
Se reanudó ayer el juicio con una sola intervención importante: la de Rabei Osman, El Egipcio. A Rabei lo dejamos a la espera de que pudiera escuchar las grabaciones que la policía italiana le había realizado para que pudiera testificar sobre ellas. Recordemos cuál es la frase incrimintoria, grabada en su apartamento de Milán, cuando conversaba con un tal Yahia: “El hilo de la operación de Madrid fue mío, ¿entiendes? Los trenes... Todos fueron de mi grupo. En realidad, yo no estuve con ellos el día de la operación, pero el día 4 me puse en contacto con ellos y me enteré de todos los detalles. Ten cuidado y no hables. Ellos se movían juntos mientras yo me muevo solo”. Pues bien, Rabei Osman ha negado que esa fuera su voz. Con independencia de que lo sea o no, su negativa sólo sería creíble si hubiera señalado a quién podía pertenecer (recuérdese que se realizó en su apartamento). Su abogado, sin embargo, ha preferido, a pesar de la incapacidad de su defendido para apuntar a un responsable, que se limite a negar la única prueba sólida que hay contra él ya que, de reconocerse autor de la frase, daría valor al hecho de haber convivido con El Tunecino. De este modo, el tribunal queda ante la disyuntiva de tener que condenarle en base a esa débil prueba o de absolverle.
 
Personajes secundarios
 
Ha sido luego el turno de Mohamed Bouharrat, que sólo está acusado de integración en organización terrorista y que le acusan unas fotos suyas aparecidas entre los escombros de Leganés, así como una huella en un libro, también encontrado entre los cascotes. Su declaración ha sido confusa, pero en lo sustancial se ha limitado a admitir que conocía a alguno de los huidos y ha negado conocer a un tercero. Poca cosa.
 
Luego ha sido el turno de los sobrinos de Belhadj, uno de los presuntos cerebros del atentado, que, cuando declaró, negó todas las acusaciones, entre ellas, la de haber sido quien en una cinta de vídeo reivindicó el atentado. Pues bien, sus sobrinos, los hermanos Moussaten, después de haber sido detenidos, acusaron a su tío de pertenecer a al Qaeda. No sólo lo hicieron ante la policía, sino también ante el Juez instructor. Ayer ambos negaron la realidad de su acusación y manifestaron haberlo hecho porque la policía se lo exigió y porque tenían miedo de lo que podía ocurrirles si no obedecían.
 
Mahmoud Slimane está acusado de colaboración con organización terrorista. Las pruebas de que dispone el Fiscal se limita a las llamadas telefónicas que el acusado hizo a Jamal Ahmidan, El Chino, uno de los suicidas de Leganés presunto organizador logístico de la matanza. La estrategia de Slimane se ha basado en negar que tuviera relaciones con El Chino, al que conocía, sí, pero con el que se llevaba muy mal al ser el acusado chiíta, y el suicida sunita. El caso es que no recuerda las llamadas.
 
En resumen, puede decirse que, hasta el momento, los acusados han hecho todo lo que ha estado en su mano para introducir dudas en el tribunal acerca de su culpabilidad, lo que hace que ésta vaya a depender, por lo que a los acusados que hasta ahora han declarado se refiere, de las pruebas que hay contra ellos. Esta situación puede parecer corriente, pero debe tenerse en cuenta que, en materia de terrorismo, es fácil que los procesados reconozcan al menos su credo ideológico como un elemento del que sentirse orgullosos. Aquí, hasta ahora, no ha ocurrido. Esto hará que el juicio se anime cuando llegue el momento de escuchar a los testigos.
 
Los explosivos
 
Gonzalo Boye, abogado de la acusación particular en representación de una de las víctimas del 11-M, ha recusado ha uno de los peritos que tiene que firmar el informe pericial encargado por Gómez Bermúdez y que debe determinar qué clase de explosivo deflagró en los trenes. Se trata de Gabriel Moris, padre de uno de los fallecidos el 11-M y vicepresidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Se da la particularidad de que Gonzalo Boye cumplió condena por colaborar con la ETA durante el secuestro de Emiliano Revilla. Se espera que el tribunal resuelva hoy esta recusación. Este asunto puede tener mayor importancia de la que aparenta.
 
El Mundo, por otro lado, adelantaba hoy que el informe final de los peritos encargados de examinar las muestras de explosivos no va a ser concluyente en el sentido de que unos van a dictaminar que no fue Goma 2 ECO la que explotó en los trenes y otros van a sostener que muy bien podría haber sido Goma 2 ECO contaminada con dinitrotolueno. Es verdad que la noticia no se presenta así, pero esta conclusión es la que se alcanza tras su lectura. No obstante, Casimiro García Abadillo empieza a plantearse en el periódico conspiracionista importantes cuestiones que habrá que tratar cuando el informe sobre el explosivo vea la luz y se confirme su carácter no concluyente. Hay dos especialmente llamativas. La primera: se supone que la célula islamista suicidada en Leganés fue la responsable del atentado frustrado contra el AVE en Mocejón unas horas antes de que se viera rodeada por los Geos. Pues bien, García Abadillo destaca que esa Goma 2 ECO no estaba contaminada con DNT. La segunda: el que la cúpula de la policía científica se siente en el banquillo por el asunto del bórico, de alguna manera, desautoriza su trabajo en todo lo relativo al 11-M. Puede sonar a venda antes de la herida, pero no son asuntos banales. Antes de profundizar en ellos, mejor esperar a ver qué dice definitivamente cada perito en el informe.

 
 
Emilio Campmany es licenciado en Historia Contemporánea y en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Es Registrador de la Propiedad, actualmente destinado en comisión de servicios en la Dirección General de los Registros y del Notariado en el Ministerio de Justicia. Su novela “Operación Chaplin”, cuya trama gira alrededor del atentado que sufrió José María Aznar en 1995 a manos de la ETA, fue finalista del V Premio Río Manzanares en 2003. Próximamente publicará otra en torno al asesinato de Efialtes, líder del partido democrático en la Atenas de Pericles. Colabora con la revista Chesterton. Estudioso de temas estratégicos. Actualmente trabaja sobre los problemas jurídicos que plantean las estrategias de la guerra contra el terror.


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