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¿Apoyar a las tropas atacando su misión?
Colaboraciones nº 1512   |  23 de Febrero de 2007
 

(Publicado en The Boston Globe, 18 de febrero de 2007)

¿Exactamente qué significa apoyar a las tropas pero oponerse a la causa por la que luchan?
 
Ningún fan leal a los Colts animaría a Indianapolis a perder la Super Bowl. Ningún inversor compraría 100 acciones de Google con la esperanza de que el valor de Google se desplomase. Nadie que estime a los bomberos por su valor y formación desea que un incendio normal salga de control.
 
Pero no faltan americanos que insisten en que "apoyan" a las tropas americanas en Irak pero que quieren que la guerra que libran esas tropas acabe en derrota. Las dos posturas son irreconciliables. No puedes lógica u honorablemente maldecir la guerra como desastre neocon inmoral o un robo Halliburton de petróleo o "un fraude... ingeniado en Texas", pero aún así bendecir a las tropas que lo emprenden.
 
Pero lógica u honor no han impedido a los miembros del Congreso cuadrar el círculo. La resolución no vinculante aprobada la pasada semana por la Cámara fue una tentativa flagrante de estar en misa y repicando. Una de sus dos cláusulas afirmaba expresamente "apoyar y proteger" a las fuerzas que cumplen órdenes "valiente y honorablemente" en Irak. La otra afirmaba que el Congreso "desaprueba" el incremento de tropas ahora en marcha -- un incremento que el General David Petraeus, el recién confirmado mando militar en Irak, considera esencial para el éxito americano.
 
Fue una resolución desafortunada y deshonesta, y tiene que haber hecho maravillas por la moral de los insurgentes. Los Demócratas casi ni se molestaron en disfrazar eso al afirmar "apoyar y proteger" a las tropas, que lo que pretenden realmente es minar y poner en peligro su misión. El Politico, una página de noticias de Washington, informaba el jueves que la estrategia de "importantes Demócratas de la Cámara, trabajando en concierto con grupos pacifistas" consiste en "perseguir una estrategia de sangrado diseñada para limitar gradualmente las opciones de la administración". Si tuvieran el valor de sus convicciones, Demócratas como Nancy Pelosi o John Murtha retirarían los fondos directamente a la guerra, traerían a las tropas a casa, y afrontarían las consecuencias políticas. En su lugar planean una agonizante y sentenciada derrota -- estrangular lentamente la guerra negando refuerzos y con el tiempo no dejar otra opción que la retirada.
 
Así es como "apoyan" a las tropas los que se oponen a la guerra -- las "desangran lentamente". O afirman que las vidas entregadas por esas tropas fueron "desperdiciadas", como hacía el Senador Barack Obama el pasado domingo. Obama se distanciaba más tarde de esa caracterización ("Bien, como dije, no es en absoluto lo que quería decir, y me disculpo incondicionalmente si alguno de ellos sintió de alguna manera que había rebajado el enorme valor y sacrificio que han demostrado"), pero el lapsus día se había evidenciado. Y al igual que la mayor parte de los lapsus políticos, mostraba las verdaderas ideas del orador.
 
¿Pero es que, por qué no debería Obama pensar de ese modo? Si un efectivo norteamericano muere en el curso de una guerra que derrocó a una dictadura monstruosa, abrió la puerta a la posibilidad de un gobierno árabe decente, y se ha convertido en el frente central en la lucha contra el Islam radical, entonces su muerte no es en vano. Es el sacrificio de un héroe americano, la medida definitiva de devoción incondicional prestada por la causa de la libertad. Pero si fallece en el curso de una invasión ilegítima sin sentido -- la opinión Obama / Murtha / Pelosi de Irak -- entonces su vida sí se desperdició. ¿Es eso lo que usted sostiene, Senador? ¿Por qué no decirlo?
 
Obama es simplemente lo último de una serie de comentarios de senadores que ofrecen una imagen del desprecio antimilitar de la izquierda.
 
La gente inteligente que trabaja duro tiene éxito, "bromeaba" John Kerry el pasado otoño, pero los paletos sin educación "quedan atascados en Irak". Osama bin Laden es apreciado por los musulmanes por "construir escuelas, construir carreteras, [y] construir instalaciones de día", explicaba la Senadora por Washington Patty Murray en el 2002, mientras que los americanos solamente hacen acto de presencia "para bombardear Irak y acudir a Afganistán". El colega de Obama en Illinois, Dick Durbin, subía a la palestra del Senado para equiparar los interrogatorios del ejército americano en la bahía de Guantánamo con criminales genocidas de masas: "Nazis, soviéticos en sus gulags o... Pol Pot".
 
No hace falta decir que muchos Demócratas y progresistas son los primeros en su admiración y aprecio al ejército americano. Pero es innegable que una cantidad notable de la hostilidad antimilitar actual también discurre por la izquierda. Los ejemplos no tienen fin: las oficinas de reclutamiento son prohibidas en centros universitarios elitistas. San Francisco prohíbe el acceso a su puesto a un barco de guerra histórico. Las pancartas pacifistas exhortan a las tropas a "fusilar a tus superiores". Un profesor de la Ivy League reza por "un millón de Mogadiscios". Michael Moore compara a los insurgentes iraquíes que matan americanos con los Minutemen de la Nueva Inglaterra revolucionaria.
 
América es un país libre, pero no son los Michael Moore o los censores de las oficinas de reclutamiento o los senadores bocazas los que la mantienen libre. Ellos simplemente disfrutan de la libertad que otros están dispuestos a defender con sus vidas. Son a los hombres y mujeres que se presentan voluntariamente para vestir su uniforme a los que les debemos nuestra libertad. Ciertamente se merecen algo mejor que religiosas declaraciones "de apoyo" de aquellos que trabajan por su derrota.


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