Grupo de Estudios Estratégicos RSS
Portada > Contraproliferación > Irán en el punto de mira





Buscar artículos publicados por el GEES
Buscar BuscarEspanol - Ingles
Irán en el punto de mira
En letra impresa nº 699   |  22 de Febrero de 2007
 

(Publicado en La Razón, 21 de febrero de 2007)

La crisis está que arde pero Ahmadinejad ha dado con la solución. Hoy 21 de febrero vence el plazo de 60 días que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas dio a Irán para suspender su programa de enriquecimiento de uranio, es decir, de fabricación de la materia prima para las bombas atómicas. Esa es la condición para que se reanuden las negociaciones. El presidente iraní está más que dispuesto a hablar, hablar y hablar, como intermitentemente ha hecho su país en los tres últimos años y sus amigos de Corea del Norte durante muchos más, con tal de que no le impongan ninguna condición. Al fin y al cabo conversaciones, acuerdos, premios y castigos no impidieron a sus colegas coreanos conseguir la bomba. Pero en la hora undécima, Ahmadinejad, magnánimo, se dice dispuesto a ceder si hay reciprocidad, “si los que quieren hablar con nosotros clausuran también sus programas de combustible nuclear”.
 
Una ingeniosa sandez que hará las delicias de algunos gauchistas y muchos subdesarrollados de acá y acullá, porque si de verdad todos fuéramos iguales no habría problema nuclear o terrorista iraní. Pero Teherán estuvo muchos años ocultando su programa de enriquecimiento que por obligaciones contractuales libre e internacionalmente contraídas, como firmante del Tratado de No Proliferación, debería tener sometido a las inspecciones de la Agencia Internacional de Energía Atómica con sede en Viena, que es quien vigila el cumplimiento del tratado. Ni que decir hay que todo el pastel se descubrió muy al pesar de los reposteros.
 
Ahora el líder persa, ducho en bravatas y pregonero de exterminios, empezando por Israel, mide muy bien sus palabras. Habla, candorosamente, de “programas de combustible nuclear”. Cierto que el enriquecimiento del uranio produce combustible para las centrales nucleares y eso no está prohibido por el tratado, pero debe realizarse bajo control de la Agencia de Viena, que obviamente se intensifica, o debiera hacerse, cuando se trata de países que no son trigo limpio, mientras que con democracias plenas las inspecciones llegan a ser superfluas y puramente rituales. Pero cuanto más necesaria es la supervisión más difícil resulta y más obstáculos encuentra, y pudiéndose afirmar rotundamente que el sistema falló por completo con la Corea de los Kim y el Irak sadamista anterior a la invasión de Kuwait. En el mismo saco hay que meter a Irán, de donde salió a la fuerza, por obra y gracia de las denuncias de los enemigos interiores del régimen.
 
Así pues, la posición oficial es que solamente se trata de “combustible nuclear” ¡Que por sólo eso la sangre no llegue al río! Pero un propósito tan legítimo nunca hubiera requerido un tan artero y prolongado aparato de engaños y ocultaciones. El problema reside en que más allá de un cierto punto el enriquecimiento conduce al material fisible del que se fabrican las bombas. Los ayatolas dicen no quererlas, el mundo opta por no creerlos. Quienes los defienden siguen la lógica de Ahmadinejad: Si los Estados Unidos las tienen por qué no el régimen islámico. Unos pasitos más y ya llegamos a los que concluyen que al revés estaríamos mejor. Chiítas sí, Bushes no. Sobre gustos hay mucho escrito pero poco acuerdo, excepto que los hay exquisitos y deplorables.
 
El problema iraní nos enfrenta a una situación sumamente singular. La analogía respecto al tema de las armas de destrucción masiva de Irak es extraordinaria. En un caso y otro estamos haciendo juicios de la máxima trascendencia política sobre la base de comportamientos y conductas. Tal y como actuaba Sadam no cabía pensar otra cosa más allá de que había conservado todo aquello sobre lo que los inspectores de Naciones Unidas no habían conseguido poner sus destructoras manos y que tras la expulsión de éstos volvió a adquirir todo lo que pudo. Si engaño hubo fue por parte de las agencias de espionaje que nos hicieron creer que sus estimaciones se basaban en gran cantidad de datos cuando no disponían de mucho más que lo que todos teníamos a la vista: un comportamiento que no admitía otra interpretación, a no ser que fuera voluntad de suicidio.

Ahora ni siquiera se trata de armas sino del objetivo de adquirirlas. Pero entre los denostadores de Estados Unidos y saboreadores, un algo prematuros, de su fracaso en Irak, es ensordecedor el silencio respeto a la cuestión iraní. No ciertamente en la denuncia de la alocada agresividad del gigante americano al que se le supone la intención de echarlo todo, una vez más, a perder, buscando una imposible solución de fuerza. ¿Se trata de que las palabritas y las zanahorias lo solucionan todo o de que, como veíamos antes, al revés estaríamos mejor? ¿Usted que opina Sr Zapatero? ¿Las quieren o no las quieren? ¿Las van a tener o renunciarán con un persistente bla bla bla y algunas caricias por el lomo? Y si las tienen ¿importa o no importa? ¿Por qué Ud. y los suyos no se pronuncian ahora? ¿Qué gato les ha comida la lengua? Quizás no quieren repetir el error de hace cuatro años cuando creían que Sadam las tenía, pero que era mejor dejarlo entretenido con sus matanzas de kurdos y árabes chiíes. Habrá de darse prisa con una Alianza de Civilizaciones a lo Carod en Perpiñán, a ver si al menos a nosotros nos dejan en paz.


© 2003-2008 GEES - Grupo de Estudios Estratégicos
Aviso legal | Mapa Web | Lista de correo | Contactar