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Irán
En letra impresa nº 698   |  22 de Febrero de 2007
 

(Publicado en Expansión, 22 de febrero de 2007)

Cuando un país cuenta con científicos y técnicos especializados, con dinero que gastar y con la voluntad de hacerlo, dotarse del arma nuclear es una cuestión de tiempo. No nos deberíamos llevar a engaño. Los dirigentes de la República Islámica de Irán tienen todo eso y sus intenciones son bien claras, quieren la bomba.
 
Para los más optimistas es una cuestión de alrededor de una década; para los más alarmistas, de pocos meses. Todo depende de donde se sitúe el punto de no retorno del programa nuclear. Pero en todo caso, la cuestión del tiempo no es determinante pues, al final del recorrido que sea, tendrán su arsenal atómico. Al menos, claro está, que hagamos algo al respecto.
 
Lo primero, aumentar nuestra retórica y dejar bien claro a loa ayatolas que un Irán nuclear es del todo inaceptable. En primer lugar porque Ahmadinejad y Jamenei quieren la bomba para utilizarla. Israel es su diana preferida, pero su brazo terrorista podría alcanzarnos también a nosotros en Europa. Pero es que aunque sólo la quisieran para aumentar su poder nacional y su capacidad de disuasión, la bomba en manos de los iraníes significaría un vuelco histórico dentro del mundo musulmán. Por primera vez en la Historia, la minoría shií se colocaría por delante de la mayoría suní, si no en riqueza y población, si psicológica y políticamente.
 
¿Cómo reaccionarían los vecinos zuñes de Irán? Con toda probabilidad gastándose sus dineros en adquirir armamento atómico de manera rápida, generándose así un proceso de proliferación desbocada. Y ya se sabe, la disuasión a ocho es mucho más inestable que a dos. Por tanto, si Irán se dota de la bomba, la posibilidad de un intercambio nuclear en la región, voluntario o involuntario, crece exponencialmente. Y la probabilidad de que Irán recurriese a su uso encubierto para avanzar sus posiciones, igualmente. Y por todo eso es inaceptable. ¿Ahora bien, es necesario bombardear ya Irán? Es prudente prepararse para ello (y los militares siempre están construyendo planes de contingencia aunque al final no sirvan para nada), pero lo que es urgente y necesario es aumentar la presión sobre Teherán.
 
La ONU tiene la posibilidad de aumentar las sanciones contra el régimen de los ayatolas, toda vez que no han cumplido con las condiciones impuestas en la resolución 1737 de diciembre pasado, pero eso no será suficiente. Las sanciones, como descubrimos en Irak, sólo funcionan de verdad después de un ataque o una guerra, e Irán cuenta con el dinero del petróleo para amortiguar su impacto. Sólo unas medidas destinadas a imposibilitar las transferencias de determinadas tecnologías podrían resultar útiles para retrasar su programa nuclear, pero no para poner punto final al mismo. Con todo, hay que aumentar la presión personal sobre los líderes iraníes, prohibiéndoles viajar al extranjero e incautando sus cuentas bancarias. Irán es una sociedad llena de contradicciones que hay que explotar. Hay que convertir a Ahmadinejd en un paria, no un líder mundial. Hay que favorecer el cambio de régimen.


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