Grupo de Estudios Estratégicos RSS
Portada > En letra impresa > Zapatero: el increíble hombre menguante





Buscar artículos publicados por el GEES
Buscar BuscarEspanol - Ingles
Zapatero: el increíble hombre menguante
En letra impresa nº 696   |  21 de Febrero de 2007
 

(Publicado en el periódico Rzeczpospolita, el 20 de enero de 2007)

No sé a qué se debe, pero parece que los españoles estamos condenados a suicidarnos colectivamente cada doscientos años. Cuando por fin volvíamos a ser una nación rica y ambiciosa, con un claro papel que jugar en Europa y en el mundo, el líder socialista y radical que llegó al gobierno tras los dramáticos ataques terroristas del 11 de marzo de 2004, parece empeñado en colocar a España al margen de los grandes asuntos y tendencias mundiales, en devolverla  a la cuneta de la Historia.
 
Desde la pérdida definitiva de sus colonias, a finales del siglo XIX, España se había convertido en un país introvertido, alejado de las corrientes modernizadoras europeas. La dictadura del general Franco tras la cruenta guerra civil de 1936-39, que duró hasta su muerte en 1975, tampoco favoreció la integración internacional de España en lo que entonces se definían como clubs democráticos. Eso vendría con el nuevo régimen democrático. Desde 1977 España ingresaría en la hoy unión Europea y en la OTAN, por citar sólo dos ejemplos. España se democratizaba y normaliza su papel en el mundo.
 
Con todo, el gran salto español no vendrá hasta finales de los años 90, cuando la aplicación de las políticas económicas del Partido Popular, con José María Aznar como presidente del gobierno, hizo de España uno de los países más abiertos y dinámicos de Europa, convirtiéndose en la octava potencia mundial. Las empresas españolas crecieron y algunas de entre ellas pasaron a jugar en la escena mundial como auténticas multinacionales. España, por ejemplo, pasó a ser el segundo inversor directo en América Latina, sólo segundo tras los gigantes Estados Unidos. En España se creó más empleo que en todo el resto de Europa en esos años.
 
Pero junto con la prosperidad, también llegó una visión de una España seria y responsable, decidida a ser un actor importante en política internacional, para lo bueno y para lo malo. Una España solidaria con nuestros aliados y decidida a contribuir a la paz y la estabilidad mundial. De ser un país sin apenas experiencia en acciones exteriores, las Fuerzas Armadas españolas llegaron a estar desplegadas en sitios como la antigua-Yugoslavia, Africa subsahariana, Timor oriental, Latinoamérica, Afganistán e Irak.
 
Ese era el cuadro que José Luis Rodríguez Zapatero heredó de su antecesor en el gobierno. Una España firmemente anclada en Occidente, fiel aliada de los Estados Unidos, tenida en cuenta por nuestros socios de la UE y respetada por los vecinos. El momento que ha condensado y simbolizado esa nueva España, crecida y relevante, fue la reunión de las Azores de 2003, de donde salio el ultimátum a Saddam Hussein. En esa foto estaban Durao Barroso, el anfitrión portugués y el vecino más próximo de España; Tony Blair, la democracia más antigua del mundo moderno, George W. Bush por el país más importante de la Tierra, y José María Aznar.
 
Rodríguez Zapatero, quien no hubiera ganado las elecciones de no haber tenido lugar los atentados del 11-M en los que murieron casi 200 personas y cerca de 2000 resultaron heridas de consideración, llegó al gobierno decidido a borrar esa foto de Las Azores de nuestra Historia. En parte porque como radical y sectario, no podía sino rechazar todo lo que hubiera hecho su antecesor conservador; como izquierdista, porque odiaba profundamente a Bush y era –y es- instintivamente antiamericano; porque como ingenuo europeísta había dejado de creer en su nación para abrazar el sueño de una Europa federal en la que España ya no era importante.
 
Consecuentemente, la primera decisión como presidente de España, incluso antes de reunir a su propio gobierno, fue la retirada unilateral de Irak. Zapatero siempre se había mostrado contrario a la intervención militar para derrocar a Saddam, pero la forma y el momento de su decisión pondrían ya de relieve, desde el primer momento, su frivolidad, su insolidaridad y su intransigencia, aspectos sobre lo que ha ido construyendo su acción de gobierno desgraciadamente. España acaba de sufrir el mayor ataque terrorista de su Historia –nuestro 11-S de hecho- y cumplir con una de las demandas de los terroristas sólo podía servir para envalentonarlos más. Rodríguez Zapatero prefería el apaciguamiento a tener que modificar su postura. Con todo, lo peor no sería dejar en la estacada a nuestros aliados en Irak, sino que pocos días después, en una visita a Túnez, zapatero se permitió llamar a la deserción a los miembros de la coalición para dejar solos a los americanos. Eso no sentó nada bien en la Casa Blanca, como es de suponer.
 
Zapatero, en lugar de acercarse y seguir colaborando con América en la lucha contra el terror, cuyo zarpazo acabábamos de sufrir los españoles, no sólo se rinde al islamismo, sino que pasa a convertirse en el mayor crítico de los Estados Unidos. En su descargo. Hay que reconocerlo, mucho de su bravuconería de esos meses, se explica porque zapatero estaba convencido de que Bush perdía las presidenciales de noviembre de 2004 y que Kerry sería el siguiente presidente norteamericano. No sólo lo contaba en los medios con frases como “trabajaré con el presidente Kerry”, sino que sermoneaba a cuanto líder proamericano se cruzaba en su camino. En octubre de 2004, en una cita que le pidió a Blair durante la cumbre de socialistas europeos, tanto se lo repitió al británico que éste cortó la reunión bastante antes de lo previsto.
 
La mala apuesta de Zapatero significó para España que dejaba de ser un aliado preferencial de los americanos para pasar a ser una especie de estado paria. Los patéticos esfuerzos para que Bush recibiera a Zapatero en la Casa Blanca no condujeron más que al hazmerreír del gobierno español. Los contactos a alto nivel no dejan de ser esporádicos y casi siempre al filo de reuniones internacionales multilaterales. Sin exagerar, yo mismo he pasado en estos dos años más tiempo con Rumsfeld, Rice y Bush que todo el gobierno español sumado.
 
El antiamericanismo primario de Zapatero había hecho que su campaña electoral en materia de política exterior se basara en lo que él llamaba “la vuelta al corazón de Europa”, como si la España de Aznar no hubiera ya estado allí. En realidad lo que Zapatero quería era pasar a ser la tercera parada del famoso eje París-Berlín. No deja de ser sorprendente que su político de referencia sea Jacques Chirac que de socialista tiene más bien poco, sí mucho de anti-americano y, sobre todo, de querer ser el mandamás del gobierno español. Sin embargo, el sueño de Zapatero se le haría progresivamente añicos. Su apoyo en la campaña electoral de Schröder acabó en fiasco. No sólo perdió su colega, sino que por haber ridiculizado a Angela Merkel se había colocado en un mal plano para relanzar la agenda bilateral. Es sonada su metedura de pata cuando tras los resultados electorales en Alemania dijo que se alegraba de que Merkel no hubiera ganado. Semanas más tarde era la canciller alemana mientras que Shcröder estaba a sueldo de Gazpron. Ni que decir tiene que no asistió a la toma de posesión de Merkel en Berlín.
 
Para colmo, su ingenuidad y total desconocimiento de la política internacional, incluida la Unión Europea, hizo que entregara cuanto España había logrado en el Tratado de Niza sin contrapartida alguna. Aceptó voluntariamente y sin pegas la llamada constitución europea, por la que España es expulsada del club de los grandes para convertirse en un país pequeño, sin capacidad de veto en muchas de las decisiones que afectan a sus interese directos, y dejó que los socios recortaran los fondos estructurales y de cohesión hasta dejar a España sin ellos. Mientras perdía 42 mil millones de euros Zapatero se pasaba el consejo europeo encerrado en una sala viendo televisión. Al volver a España sus declaraciones se resumieron en una única frase para la posteridad: “ha sido divertido ver cómo se pegaban para defender lo de cada uno”.
 
Con América que le ignoraba y sus amigos europeos fuera de juego, zapatero podía haber optado por una política humilde. Pero no. Quiso convertirse en el adalid antiamericano en América Latina. Primero abanderó el levantamiento de las sanciones impuestas por la UE hacia el régimen de Fidel Castro en favor de los disidentes de la isla. En teoría para arrancarle al comandante que liberara a algunos presos. Lo que nunca hizo Fidel, todo lo contrario. En segundo lugar, se acercó tanto a Hugo Chávez como para querer venderle aviones y patrulleras que no necesita. Cuando las bases izquierdistas se mostraron incómodas con las exportaciones de material militar, Zapatero acuñó el término “armas pacíficas” para Venezuela. La superficialidad y la ideología radical que ciega a su equipo, hizo que el gobierno español olvidara que los equipos que quería vender a Chávez necesitaban del visto bueno americano antes de ser exportados, lo que nunca se logró, dicho sea de paso. Lo último ha sido el decidido apoyo de Zapatero a Evo Morales incluso antes de llegar al poder en Bolivia. Invitado a Madrid como si de un rey se tratara, el noviazgo duraría más bien poco: frente a las fuertes inversiones españolas en Bolivia, Morales nacionalizaría el sector energético y perseguiría e chantajearía a las grandes petroleras y gasistas españolas. Ante la inseguridad jurídica, el presidente español haría mutis por el foro.
 
En otras zonas del mundo tampoco le ha ido mucho mejor al dirigente socialista español. En 2004 anunció “el problema del Sáhara lo resuelvo yo en seis meses”. Has pasado tres años y no ha conseguido avanzar un ápice en su resolución. Y no será por falta de continuas concesiones al joven rey de Marruecos. Zapatero se salta los planes de la ONU para la zona, le promete apoyo a Marruecos para lo que quiera, abandona otra vez a lo empresarios españoles, mucho más comprometidos con la vecina Argelia, para, al final, ni siquiera lograr ser recibido por Mohamed VI en Rabat, visita cancelada sin previo aviso por los marroquíes y para la que no se encuentra fecha apropiada.
 
Claro que le presidente español no puede quejarse mucho. Como no le gusta viajar y la política exterior le importa poco, son bien conocidos sus desplantes. En noviembre de 2004 canceló su cita con Putin en Moscú para asistir a una sesión del parlamento español de carácter ordinario; un mes después, hizo lo mismo con su anunciada visita a Polonia, aduciendo cansancio y necesidad de dormir. Japón lo ha sobrevolado y en un país de tanta importancia estratégica como es la india estuvo sólo 24 horas. No obstante hemos sabido que ha usado el avión oficial para ir de compras a Londres y para escuchar a su esposa cantar en una coral en Viena, sin que supiera o quisiera aprovechar esos desplazamientos para reunirse con sus homólogos. Zapatero es un dirigente que no tiene nada que decir a nivel internacional. Y no principalmente porque no sepa ningún idioma.
 
El único amigo que se ha echado el presidente español en estos tres años de su gobierno, ha sido el ya ex secretario general de la ONU. Kofi Annan. Pero como acabamos de saber, no se trata de una amistad desinteresada. Annan ha apadrinado la única iniciativa del gobierno español en política exterior, la llamada Alianza de Civilizaciones, una especia de gaseoso llamamiento al entendimiento universal pero que pone la culpa de todos los males en América y el mundo occidental. Pues bien, Kofi Annan será el alto representantes de dicha iniciativa pagada por los españoles. Como reza un refrán español tradicional. “Dios los cría y ellos se juntan”.
 
A Zapatero le importa muy poco la posición de España en el concierto internacional porque, en realidad, le importa muy poco España. Esa es la triste verdad. Está empeñado en negociar con nuestros enemigos, llámense islamistas o terroristas vascos, en destruir las raíces cristianas de nuestra cultura, en imponernos un multiculturalismo feroz y en enfadar a nuestros aliados. Zapatero es un presidente que cree que el cambio climático es una amenaza mayor que el terrorismo y que a los atentados con bomba llama “accidentes. El inventor de la rendición preventiva. Un peligro que no nos lo merecemos.


© 2003-2009 GEES - Grupo de Estudios Estratégicos
Aviso legal | Mapa Web | Lista de correo | Contactar