Tras decidir que la declaración de El Egipcio quedaba pospuesta al lunes 26 de febrero para dar tiempo a que pudiera escuchar las grabaciones que lo incriminan, la jornada de ayer estuvo dedicada a las declaraciones de Youssef Belhadj, Hassan el Haski y Jamal Zougam.
Las declaraciones de los dos primeros pueden ser tratadas conjuntamente debido a que ambos son considerados, como El Egipcio, autores intelectuales de la masacre. Los dos adoptaron estrategias similares: negarse a responder a las preguntas del Fiscal y de los abogados de la acusación particular, contestar sólo a las preguntas de su abogado, condenar los atentados, presentarse como musulmanes moderados y negar todos los hechos que se le imputan. Ambos son asimismo acusados de pertenecer a la organización terrorista Grupo Islámico Combatiente Marroquí, una organización que, a juicio del analista del GEES en el área del Magreb, Carlos Ruiz Miguel, no existe, tal y como el propio Haski manifestó ayer. Además, se cree que pertenece a Belhadj la voz del comunicante encapuchado que, bajo el alias de Abu Dujan el Afgani, reivindicó el atentado mediante una cinta de vídeo depositada en una papelera de las cercanías de la mezquita de la M-30 a las pocas horas de haber estallado las bombas.
Contra estos dos hombres existen abundantes pruebas de contactos con círculos radicales islámicos y con otros acusados. Además, en el caso de Belhadj, detenido en Bélgica en 2005, se descubrió en su casa una revista que contenía un artículo relativo a como utilizar teléfonos móviles como emisores. De Haski, detenido en Lanzarote en diciembre de 2004, merece la pena recordar que en su piso se halló ácido bórico. Por otra parte la misma sustancia fue encontrada en un piso franco de Salamanca empleado por la ETA y que fue registrado en noviembre de 2001. Los superiores jerárquicos de los policías que elaboraron en un informe para el Juez instructor del 11-M en el que se recordaba esta coincidencia decidieron que debía suprimirse.
Desde el momento en que ambos han negado toda relación con los hechos, les ocurre lo que a El Egipcio, que su negativa a contestar a las preguntas del Fiscal y de la acusación resulta, desde un punto de vista jurídico, incriminadora. No obstante, respecto de los dos que declararon ayer, hay que decir que los contactos de ambos con los círculos del fundamentalismo islámico están mejor acreditados que en el caso de El Egipcio. La fijación de cómo intervinieron en la preparación del atentado queda pues pospuesta al momento en que en el juicio se valoren las pruebas y testimonios existentes contra ellos.
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Jamal Zougam es un personaje extraordinariamente relevante en este juicio. Fue detenido el 13 de marzo de 2004, o sea, el sábado anterior a las elecciones del domingo siguiente. Por lo tanto, su imagen en la televisión fue la que hizo que los españoles acudiéramos a las urnas convencidos de que habíamos sido objeto de un atentado islamista. Tan rápida detención pudo realizarse porque la tarjeta del teléfono móvil hallado en la mochila aparecida en la Comisaría de Vallecas, amontonada con otros enseres recogidos en los trenes, fue vendida en el locutorio de Lavapiés por él regentado. Además, hay cuatro viajeros que lo han identificado y recuerdan haberlo visto en uno de los trenes, si bien uno de ellos, como bien recordó Jamal en su declaración, dijo haberlo visto en el piso de abajo cuando la mochila-bomba fue colocada en el de arriba.
Jamal, que ha sido el primero de los acusados en avenirse a contestar a todas las preguntas que se le quieran hacer, se dice inocente y afirma que, cuando estallaron las bombas, estaba durmiendo en su casa.
En el interrogatorio se ha sugerido que Zougam, al vender teléfonos móviles tenía capacitación técnica para convertirlos en temporizadores. Zougam tan sólo ha reconocido ser capaz de hacer pequeñas reparaciones.
El que Zougam niegue todos los hechos que se le imputan traslada hasta cierto punto el tema de su participación al momento en que en el juicio se valoren las pruebas existentes contra él. No obstante, deben recordarse dos cosas: 1) Lo que conduce hasta él es el teléfono y la tarjeta hallados en la mochila de Vallecas, cuyo valor como prueba depende esencialmente del informe pericial sobre el explosivo empleado ya que, en el caso de que dicho informe establezca que el material utilizado fue otro distinto a la Goma 2 ECO, Zougam podrá ser acusado de tráfico de explosivo, pero su relación con el atentado, como la de la mayoría de los acusados, probablemente decaería; 2) Según se reconoce en la instrucción, las personas que adquirieron la partida de teléfonos móviles a la que pertenece el encontrado en la mochila, y que no fueron adquiridos en el locutorio de Zougam, no han sido identificadas (son aquellas de las que algún testigo ha dicho que hablaban búlgaro y otros han sugerido que podía ser euskera).
Un último apunte: ayer la Fiscal preguntó a Zougam qué explicación tenía para que cuatro personas le reconocieran en los trenes. El abogado defensor no podía haber realizado mejor pregunta para los intereses de su defendido. Y muy probablemente, si se la hubiera hecho, el Presidente la habría rechazado por impertinente, ya que es una pregunta cuya contestación sólo puede ser fruto de la especulación, ya que el acusado no puede saber por qué le reconocieron si ha de ser coherente con su negativa a haber estado en los trenes. Como fue la Fiscal la que la hizo, se permitió al acusado contestar. Dijo que, habiendo aparecido su imagen en todas las televisiones tras su detención, es natural que los testigos, al ver su foto durante la investigación, afirmen reconocerle. Al final de su declaración, el abogado de Zougam mostró su satisfacción por las respuestas de su defendido señalando con los dos pulgares el cielo.
La declaración de Zougam no ha terminado y continuará el lunes. No es previsible que haya sorpresas, pero, dada la relevancia del personaje, habrá que seguirla con atención.