Una de las mayores dificultades que con frecuencia plantea el terrorismo a la sociedad que lo sufre es la de identificar al enemigo. Normalmente, el enemigo no es sólo el que dispara el arma o activa el explosivo. Detrás de los autores materiales, suele haber una o varias organizaciones, y a veces, un estado. Toda victoria consiste en derrotar al enemigo y, para derrotarlo, antes, hay que identificarlo. Tres años después del atentado terrorista del 11 de marzo de 2004, una acción de importantes consecuencias estratégicas para nuestro país (la victoria del PSOE en las elecciones generales de unos días después, la retirada de Irak, la resistencia a permanecer en Afganistán, el cambio de nuestra red de alianzas), no sabemos quién nos atacó y cuáles eran sus fines últimos. Sólo sabemos que su fin inmediato era, sin duda, el de influir en el electorado para provocar una victoria socialista en las elecciones a celebrar el domingo siguiente.
El juicio que empieza hoy no tiene por finalidad identificar al enemigo que ordenó la masacre. Su objeto es comprobar si está suficientemente acreditado que las personas procesadas cometieron los delitos de los que se les acusa y, en caso afirmativo, fijar las condenas a las que deberán hacer frente. Sin embargo, dado que para lograrlo es necesario determinar los hechos y circunstancias que rodearon al atentado, es razonable esperar que, a lo largo del juicio, pueda saberse quién o quiénes decidieron atacarnos.
Llegar a saber esto es mucho más necesario de lo que normalmente sería desde el momento en que, según la ideología de cada cual, los españoles nos hallamos más inclinados a creer una u otra tesis, lo que impide que, como sociedad en su conjunto, extraigamos todas las consecuencias que deberíamos según cuál sea la verdad. Tanto el proyecto de Alianza de Civilizaciones como el proceso de paz, por ejemplo, son iniciativas de nuestra política, exterior e interior, a las que no puede ser indiferente la autoría del atentado.
Otra grave consecuencia de nuestra ignorancia acerca de la identidad de nuestros enemigos es que oposición y gobierno no son capaces de desarrollar un auténtico debate acerca de la responsabilidad que a cada cual pueda caberle respecto al atentado. Mientras el gobierno del PSOE insiste en que fue el apoyo de Aznar a la invasión norteamericana de Irak lo que provocó la matanza (apoyándose en la versión oficial que atribuye exclusivamente a la yihad la responsabilidad del atentado), la oposición del PP cree que, detrás del mismo, puede estar la ETA, interesada en la victoria del PSOE tras comprobar su disposición a negociar al margen del PP concesiones políticas de mayor o menor alcance.
Si llegáramos a saber con seguridad que la responsabilidad es exclusiva del radicalismo islámico, el PP podría responder a las acusaciones que soporta diciendo que tanta o más culpa de la que pueda tener la foto de las Azores, corresponde a la promesa que Zapatero hizo de retirar las tropas de Irak si ganaba las elecciones. Fueron muchos los que apoyaron a los EE UU en Irak, y si sólo nosotros, además de Reino Unido, sufrimos un atentado, debió ser más gracias a la promesa de Zapatero, que al compromiso de Aznar.
Y si alcanzáramos a tener la seguridad de que la autoría intelectual era de la ETA, nos ahorraríamos el llamado proceso de paz, que tiene abierta en canal a la sociedad española.
Así pues, en un think tank español dedicado a los estudios estratégicos, es conveniente hacer un seguimiento del juicio que hoy se inicia para tratar de ver si las conclusiones que en el mismo se van alcanzando permiten finalmente determinar, sin sombra de duda, quiénes fueron los que nos atacaron.
Se esperaba con ansiedad que el informe pericial exhaustivo sobre los explosivos empleados, finalmente ordenado por la sala, arrojara algo de luz sobre la autoría a base de identificar la Goma 2 ECO con la versión oficial y el Titadyne con la ETA. El informe provisional que ha conocido antes de ayer la prensa, a la espera del informe definitivo, no permite alcanzar ninguna conclusión segura. Es cierto que en las muestras analizadas de los restos de los trenes ha aparecido un elemento, el dinitrotolueno, que no pertenece a la Goma 2 ECO, pero sí al Titadyne. Sin embargo, debido a que este elemento ha aparecido también en la Goma 2 ECO que se halló en el Skoda Fabia, la Renault Kangoo, el piso de Leganés, la casa de Morata de Tajuña y, sobre todo, en la mochila de Vallecas ―una mochila con explosivo que apareció entre los enseres recuperados y que permitió, por medio de la tarjeta del teléfono móvil que llevaba como temporizador, dar con los terroristas―, la presencia del dinitrotolueno, que en principio permitiría afirmar que en los trenes se empleó un explosivo distinto, no deja alcanzar ninguna conclusión. De hecho, la presencia de este elemento, ajeno a la Goma 2 ECO, pero presente en la Goma 2 ECO relacionada con los acusados, podría considerarse una prueba incriminatoria más. Sin embargo, si el informe definitivo que los peritos entreguen a la sala dentro de unas semanas estableciera que el dinitrotolueno hallado en la mochila y en los demás lugares antes mencionados lo ha sido en unas proporciones mucho más bajas de lo que ha aparecido en las muestras de los trenes explosionados, el informe tendría exactamente la consecuencia contraria: exculpar a los procesados.
Con todo, lo deseable es que los peritos, al final de su examen, alcancen, con independencia de las explicaciones técnicas que den, una conclusión acerca del explosivo empleado. Si llegara a determinarse que el explosivo de los trenes no pudo ser de ningún modo Goma 2 ECO, cosa que todavía no ha hecho este informe preliminar, buena parte del sumario se vendría abajo debido a que todas las detenciones traen causa de unas pruebas, la mochila y demás, en las que el elemento que inculpa a los procesados es precisamente la presencia de Goma 2 ECO, que es el explosivo que vendieron unos acusados a otros. Si además, los peritos concluyeran que el explosivo empleado fue Titadyne, aun sin llegar a ser esto del todo concluyente, las sospechas se girarían hacia la ETA. Entonces, la investigación debería centrarse en descubrir el modo en que los verdaderos autores se las apañaron para incriminar a los actuales procesados.
Sin embargo, esto todavía no ha ocurrido ni puede aventurarse qué probabilidad hay de que ocurra.
Para terminar, por hoy, es necesario recordar al lector, que más allá de las dos tesis enfrentadas (autoría yihadista vs. autoría etarra), hay muchas otras igualmente posibles. Dentro de la islámica, cabe que la responsabilidad corresponda exclusivamente a una célula que actuaba sin recibir órdenes desde el exterior o que detrás de ella esté alguna organización terrorista islámica internacional. De igual modo, con independencia de que pueda o no llegar aprobarse, la ETA ha podido intervenir de muchas maneras: la mera instrucción en el manejo de explosivos o la fijación de la fecha más conveniente para la realización del atentado son sólo algunas de ellas. Por último, no hay que descartar la posibilidad de que tengan alguna responsabilidad, por acción u omisión, los servicios secretos de alguna potencia extranjera. Si esto llegara a descubrirse, las consecuencias serían gravísimas, mucho más cuando tenemos a un gobierno que, entre los ejes de su política exterior, tiene los de adular y complacer a los estados que hoy por hoy son los principales sospechosos de haber podido de uno u otro modo intervenir.
Hay un sinfín de cuestiones que irán saliendo en el juicio y que aquí y ahora no es posible tratar con la profundidad que merecen: las supuestas negligencias de la policía, y muy especialmente las del jefe de los TEDAX, las autopsias de los suicidas de Leganés, las coincidencias con la “caravana de la muerte” de la ETA interceptada en Cuenca, la presencia del nombre del etarra Parot en un papel en poder de uno de los acusados, las declaraciones que los etarras llamados como testigos pueden hacer para poner en apuros al gobierno, la profanación de la tumba del GEO fallecido en Leganés, el atentado contra la línea del AVE, el hecho de que la mayoría de los procesados fueran confidentes de la policía y algunas más. El juicio se halla envuelto en una maraña en la que hay que tratar de hacer luz al servicio del fin inicialmente señalado: descubrir a los verdaderos autores más allá de los meros ejecutores. En definitiva, vamos a ver si el juicio nos permite finalmente identificar al enemigo.