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Afganistán: tropas expuestas
En letra impresa nº 690   |  8 de Febrero de 2007
 

(Publicado en Expansión, 8 de febrero de 2007)

El ministro de defensa y el presidente del gobierno son buenos amigos, quizá los más próximos de todo el gabinete. Pero la amistad le ha valido de poco a Alonso, quien ha sido públicamente desautorizado por Rodríguez Zapatero, al negar cualquier aumento de nuestras tropas en Afganistán.
 
Zapatero piensa que las fuerzas armadas no están para pegar tiros. Pero el problema es que el aumento que piden los militares, de 195 soldados más, no está destinado a mejorar las capacidades de la misión, ni a expandir sus tareas. Ni tan siquiera a cumplir lo que demanda ahora la OTAN a saber, más fuerza de combate. Estaban destinados a aumentar las capacidades de protección de un contingente que ha ido sufriendo más y más hostigamiento. Es más, todo indica que los soldados españoles sufrirán más ataques a medida que el invierno se convierta en primavera, pues los talibán y la jihad internacional está concentrando su violencia en desestabilizar Afganistán y eso pasa, inexorablemente, por inflingir bajas entre las tropas de la coalición.
 
¿Por qué se niega Rodríguez Zapatero a incrementar de manera más que limitada la presencia española? ¿Por qué les niega mayor seguridad a nuestros soldados, tan esforzados y tan lejos de casa?
 
Hay dos interpretaciones. La más benigna para el presidente es que el CNI habría conseguido, mediante suculentos pagos, comprar las voluntades de los señores tribales en torno a Herat, donde está el grueso de nuestro contingente y que, además, habría llegado a algún entendimiento con los vecinos iraníes para que éstos no se inmiscuyan en los asuntos internos afganos. A las tribus se las puede comprar, pero el precio a pagar con Irán sería nuestro rechazo a la posición internacional que pide sanciones para el régimen de los ayatolás. Pero si las sanciones se aplican y empiezan a dar sus frutos, Irán se inmiscuirá en Afganistán, hayamos prometido lo que hayamos prometido. La segunda explicación, más probable habida cuenta del antimilitarismo instintivo del actual presidente, es que Rodríguez Zapatero esté esperando la menor ocasión, la más leve excusa, para ordenar, como hizo con Irak, la salida de nuestros militares. Le da igual las posibles repercusiones para España.
 
Ya la desautorización de su ministro Alonso nos puede costar el cuartel general de alta disponibilidad que tiene la OTAN en Betera, Valencia, en el que tanto esfuerzo y dinero ha invertido el ejército español. ¿Al fin y al cabo para qué querría la OTAN un mando que nuestro presidente no deja que se utilice?
 
Pero salirse vergonzosamente de Afganistán, justo en el momento en el que los aliados arriman el hombro para salvar la situación del país, volvería a colocarnos en una situación de país paria ante la comunidad internacional. Bueno, de su parte democrática, próspera y liberal, no la de los Chávez, Castro, Morales y Ahmadinejad.
 
Ah y dicen que Moratinos anda furioso porque la negativa del presidente pone en peligro la siempre pendiente aunque constantemente anunciada visita de Rice a Madrid.


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