La ruinosa guerra en Irak esta semana, sobrecogedora ya -- sunníes contra chi'íes, kurdos contra árabes, jihadistas contra infieles, con diversos iraníes, sirios e independientes de distinto pelaje añadidos a la vorágine -- pasaba a ser barroca. En una de las mayores batallas de la guerra, tropas iraquíes reforzadas con las americanas borraban a una secta chi'í fuertemente armada y muy bien atrincherada que se preparaba para tomar Nayaf, asesinar al clérigo moderado chi'í (gran ayatolá Sistani incluido) y proclamar a su líder como mesías vuelto a la tierra.
La batalla fue un éxito -- 263 radicales muertos y 502 capturados. Pero la visión de los Estados Unidos atrapados en una lucha entre chi'íes dentro de la guerra civil general chi'í-sunní solamente puede conducir al mayor desánimo de los americanos, profundamente alarmados ya por la noción de verse atrapados en mitad de un interminable conflicto civil.
Hay por supuesto muchos motivos para estas tesituras. Algunos, como la división fundamental entre sunníes y chi'íes, son arcaicos. Algunas de las heridas son más contemporáneas, sobre todo la devastación social y la ruina política caídas sobre el país durante 30 años de totalitarismo Saddamista y su persecución particularmente sádica de chi'íes y kurdos.
América llega y les libera del tirano que mantenía aterrado a todo el mundo, y las arcaicas animadversiones y los resentimientos más recientes comienzan a manifestarse por sí mismos con efectos letales. Decenas de miles de iraquíes han muerto, la aplastante mayoría de ellos asesinados por Insurgentes sunníes, fanáticos baazistas y sus aliados de al-Qaeda que continúan los pogromos Saddamistas.
Gran parte de su matanza - el asesinato de chi'íes inocentes en sus mezquitas y mercados -- está al margen de la política. Pretende satisfacer en su lugar un odio característico a la herejía chi'í. El difunto líder de al-Qaeda en Irak, Abú Musab al-Zarqawi, hasta fue amonestado por el cuartel general en Afganistán por su reticencia a matar chi'íes por deporte.
A los iraquíes se les concedió su libertad, y aun así muchos han elegido la guerra civil. Entre todos estos prejuicios religiosos, heridas antiguas, resentimientos sociales y antagonismos tribales, ¿quién se lleva la culpa de los torrentes de sangre? Siempre se puede contar conque algunos achaquen la culpa a América. "No les dimos una república", insiste Fareed Zakaria en Newsweek. "Les dimos una guerra civil".
De todos los relatos de la presente situación, éste es de lejos el más estúpido. Y el más perjudicial. ¿Gran Bretaña "dió" a La India la guerra hindú-musulmana de 1947-48 que costó la vida a un millón de almas y limpió étnicamente 12 millones más? ¿Las guerras judeo-árabes en Palestina? ¿Las guerras tribales de la Uganda poscolonial?
¿Nosotros les dimos una guerra civil? ¿Por qué? ¿Porque no la evitamos? ¿La policía de América tiene en sus manos la sangre de los 16.000 asesinatos que no evitó el año pasado?
Miles de valientes soldados americanos han muerto intentando contener, desactivar y evitar la lucha civil. Luchan contra insurgentes sunníes en Faluyah, Ramadi o Bagdad, intentando impedir que envíen otro terrorista suicida más contra un abarrotado mercado chi'í. Patrullan buscando escuadrones chi'íes de la muerte en Bagdad con el fin de evitar que arrinconen sunníes cualquiera y los torturen hasta matarlos. Solamente esta semana perdimos dos pilotos de helicóptero que apoyaban a las tropas sobre el terreno que luchaban contra los "Soldados del Cielo" en los alrededores de Nayaf para prevenir la masacre de inocentes en una guerra entre chi'íes dentro de una guerra.
Toda nuestra estrategia ha consistido en luchar contra un bando y después contra el otro con el fin de evitar la violencia sectaria -- una política que se ha encontrado entre los principales motivos por los que los americanos están dispuestos a detenerse en seco y largarse. Pueden comprender guerras con un frente, pero no saben entender guerras con dos, tres o cuatro frentes, con americanos luchando contra todos y cada uno en secuencia y en ocasiones en combinación.
Y a nivel político, hemos estado haciendo todo lo que podemos para llevar la reconciliación. Hicimos que los sunníes participasen en las elecciones y después en el parlamento. ¿Quién está impulsando la coalición kurdo-chi'í en favor de una ley que extiende los beneficios petroleros a los sunníes? ¿Quién está impulsando un gobierno de base más amplia con el fin de excluir a Moqtada al-Sadr y su sectario Ejército del Mahdi?
Hemos cometido un montón de errores en Irak. Pero cuando los árabes matan árabes y los chi'íes matan chi'íes y los sunníes matan a todos en un estertor de violencia ciega y furiosa y que tiene raíces en odios nacidos mucho antes incluso de que América fuera una república, culpar al único jugador, el único país, el único ejército que ha hecho más que nadie con el fin de separar a los combatientes y llevar la conciliación, simplemente es perverso.
Infantiliza a los árabes. Demoniza a los americanos. Pasa por alto intencionadamente los hechos más sencillos: Irak es su país. Nosotros asistimos en su libertad. Ellos eligieron la guerra civil.