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Estado de desarrollo abortado
Colaboraciones nº 1477   |  5 de Febrero de 2007
 
"El Líbano se encuentra de nuevo en la agenda de invasores que desean alterar nuestra cultura, nuestra política, y robar nuestros recursos en nombre de la democratización, y los caminos que adoptan para este fin son espurios, por lo que continuaremos con nuestra sagrada Resistencia, no entregaremos nuestras armas y los destruiremos en nombre de Alá..." Así sonaban las palabras de apertura del primer discurso de Hassán Nasralah después de que sus seguidores destruyeran la Universidad Árabe de Beirut la pasada semana, sucesos en los que 5 estudiantes perdieron la vida en enfrentamientos entre chi’íes y sunníes. Dicho esto, pulió su discurso pidiendo a sus seguidores que no se enfrentaran nuevamente con los sectores que apoyan al gobierno democrático de Fouad Siniora.
           
Éstas fueron las frases de siempre, anticuadas y obsoletas, que continúan siendo utilizadas por los que desean estimular la cultura del enfrentamiento y la confrontación. Bajo la bandera de “la causa de la cultura y políticas árabes e islamistas", siguen hoy sosteniendo que hay que protegerse de "los invasores y los que les apoyan en el escenario local", a quienes tachan de traidores. Bajo lemas de "apoyar a la resistencia" y "promover la cultura de resistencia", sólo buscan mantener limitados y asfixiados los derechos de los ciudadanos y congelar su mentalidad y pensamientos de libertad y democracia reales.
 
Luego, como era previsible y razonablemente golpista, Nasralah fue a por el Gobierno Siniora: “Este Gobierno está acabado", sostuvo; "llamamos a un nuevo gobierno de Unidad Nacional, el bloque antisirio no tiene razón de ser ni debe existir, debe nacer un nuevo Líbano…” Unidos, todos, musulmanes y cristianos. Al parecer, Nasralah olvida que en el Líbano los cristianos saben que en la mente de Hezbolá y la Republica de los ayatolás iraníes, son “lo que el canario para el gato…”
 
El pueblo libanés y los pueblos de la región deberán tomar precauciones serias al oír estas diatribas que han escuchado y grabado en su mente durante varias décadas. Es recomendable que la gente escuche muy cuidadosamente este discurso y que evalúe cada palabra que expresa y escuche, no solamente los eslóganes pegadizos y repetitivos que pretenden dar categoría de héroes románticos a los resistentes.
 
Pero, mientras estos defensores de la resistencia y la dignidad deliberan e incitan a los pueblos - sin ideas nuevas y con discursos bastante conocidos y padecidos - en la vida real, las personas reales siguen siendo asesinadas, los países siguen siendo destruidos, gente inocente resulta herida, y su vida, sustento, derechos políticos, civiles y humanos, y su bienestar económico, destruidos.
 
La ciudadanía debe interpretar cuidadosamente las palabras que estos "paladines de la libertad” expresan, y si las interpretan correctamente, entenderán que el único objetivo subyacente es mantenerlos en un estado de guerra fría, en un plano de desarrollo frustrado, en un transitar de vidas frustradas, en un limbo existencial, simplemente por mantener el romanticismo de "la resistencia".
 
En la vida real, las sociedades y los ciudadanos que las conforman, aquellos que supuestamente "están siendo protegidos por la resistencia contra los invasores", se están viendo privados de su desarrollo normal, su bienestar económico, la educación para sus hijos, y lo más importante de todo, del acceso a sus derechos políticos genuino que les son arrebatados por los mismos que dicen protegerlos.
 
En otras palabras, mientras el ciudadano apoye la resistencia y sus acciones totalitarias, los pueblos de la región del Oriente Medio vivirán siempre en la cuerda floja de una vida precaria. Por tanto, es obligatorio analizar muy seriamente los discursos de Nasralah y alejarse de esta concepción de degradación intelectual para dar a los pueblos una elección verdadera. Los esfuerzos de estos sujetos por controlar sus vidas económicamente, por elegir por ellos a nivel político, por brindarles su propia justicia, son absolutamente falaces e hipócritamente populistas
 
En el Líbano del “cese del fuego”, el Primer Ministro Fouad Siniora está viendo cómo su gobierno se descompone rápidamente día tras día, precisamente por las acciones de los resistentes de Hezbolá y sus aliados Nabih Berri y Michel Aoun, que hoy están chantajeándolo con el fin de entorpecer la aplicación de la Resolución 1.701 del Consejo de Seguridad, bloquear el tribunal internacional que investiga el asesinato del ex Primer Ministro Rafik Hariri y derrocar al gobierno legal
 
Ocuparse de Nasralah y Hezbolá en los términos en que se ocupa hoy el gobierno de Siniora es sostener al país como rehén de una ideología reprimida. En última instancia, el gobierno deberá decir la verdad y pronunciarse sobre si está de acuerdo o no en establecer un estado islámico en el Líbano basado en el modelo del régimen iraní. De no ser así, ¿cuál es la verdadera razón de la existencia de la milicia Hezbolá? ¿Con qué finalidad se permite que Hezbolá siga armado? ¿Qué sentido tienen los pretextos de "liberación y resistencia”?
 
Para Nasralah, según su análisis en el discurso de Al Manar TV, las masas árabes e islámicas se encuentran actualmente afectadas en su cultura y desarrollo por culpa de los esfuerzos de organizaciones financiadas por Estados Unidos y el sionismo. Pero todo el mundo occidental, gigantes económicos asiáticos incipientes como China o Japón incluidos, también son culpables de los problemas, dado que ellos han ejercido la fuerza de una u otra manera sobre el mundo árabe-islámico; por ello, estas corrientes deben ser derrotadas antes de que asuman el control del mundo. Por tanto, es mejor atacar estas sociedades y resistir.
 
En la realidad, si hay algo de lo que los pueblos árabes necesitan liberarse y resistir es de estas posiciones fundamentalistas, de sus discursos, y de esa vetusta definición que siempre usan los perversos del prisma del “ser la víctima”.
 
Aparte del petróleo bajo su suelo, por el que los seres humanos que viven sobre él no pueden reclamar ningún mérito, no hay nada que el mundo árabe esté ofreciendo en nuestros días a la Humanidad. Y la razón es, sobre todo, que los pueblos árabes siguen siendo rehenes de sus élites religiosas, políticas y económicas, que se erigen dictatorialmente como defensoras pseudos-intelectuales a la vanguardia de sus pueblos contra los extranjeros, los cruzados, los sionistas, los imperialistas, los americanos, los colonialistas, etc.
 
La única alternativa de paz, democracia y mejora del nivel de vida de los pueblos de la región es la que fuerza Occidente en Oriente Medio, llevando a limitar los beneficios de los tiranos y al detrimento de sus reglas; de ahí las reacciones de los terroristas. Lo que deberían hacer ellos – si son honestos con sus pueblos - es admitir sus propios errores y tomar las medidas adecuadas para corregirlos. Pero culpar a otros de sus problemas, que son nuestros problemas como libaneses y ciudadanos de la región, es una forma banal y ridícula, que no conlleva raciocinio intelectual.
 
Por ello, la obligación de los ciudadanos que se sienten libres debe ser la construcción de una resistencia pacifica y verdadera, una búsqueda activa dentro de cada uno de nosotros encaminada a allanar y proponer caminos que mejoren y viabilicen los cambios hacia un mundo moderno; después, nosotros, los libaneses de a pie, los árabes y los demás pueblos de la región, lograremos un cambio en nuestros pueblos y en nuestras vidas.
 
Con ello no estaremos disculpando a nada ni nadie contrario a nuestras costumbres, cultura o forma de vida; con ello estaremos dando el primer paso para desechar el yugo de la opresión tribal, el atraso social e intelectual, la destrucción del ser humano mediante creencias arcaicas y la sensación abrumadora de que el mundo árabe, a pesar de su riqueza, sigue viviendo lo mas retrógradamente posible con respecto al conjunto de sociedades modernas en el mundo de hoy.

 
 
George Chaya es licenciado en Derecho y Ciencias Sociales y analista en geopolítica y Oriente Medio. Asesora a varios gobiernos de América Latina en materia de Oriente Medio, y dirige la oficina de prensa del Consejo Libanés de la Revolución de los Cedros.


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