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Por supuesto, Jenin y Bagdad están relacionados
Colaboraciones nº 1476   |  5 de Febrero de 2007
 

(Publicado en The Jerusalem Post, 11 de enero de 2007)

La mayor parte de los americanos no creen que la guerra librada contra Israel esté vinculada a la guerra de Irak. Tanto los esfuerzos en la administración Bush por limitar las operaciones del ejército israelí contra los palestinos y Hezbolá como el retrato generalmente hostil en los medios americanos de la guerra contra Israel lleva a la mayor parte de los americanos a compartir la opinión israelí de que las guerras que nuestras naciones están luchando son distintas y no relacionadas. Y por tanto, en lo que concierne a la mayor parte de los israelíes y los americanos, los americanos no tienen nada que aprender de la guerra de Israel, y los israelíes no tienen nada que aprender de la guerra de los americanos.
 
Pero la verdad es muy distinta. Indirectamente, el discurso del Presidente George W. Bush la noche del miércoles 10 de enero, sobre la nueva dirección de la guerra en Irak dará pronto testimonio de esta verdad.
 
Aunque se esperaba como preludio de un cambio radical en la estrategia de su administración en Irak, en el discurso, Bush no hizo tal cosa. En esencia, el Presidente volvió a afirmar su opinión largo tiempo sostenida de que la victoria en Irak llegará con la estabilización de un régimen iraquí democrático y unificado y la derrota paralela de las insurgencias tanto sunní como chi'í. Al mismo tiempo, las fuerzas enemigas, operando bajo patrocinio sirio e iraní, luchan precisamente para evitar la estabilización del régimen y minar la unificación de una República de Irak multiétnica y multireligiosa.
 
El plan de Bush para implementar una estrategia de "incremento y conservación" con el fin de tomar y mantener el control sobre Bagdad y la provincia de Anbar, infestada por al-Qaida, se basa en el descubrimiento nuevo de que establecer y conservar un mínimo de seguridad para los ciudadanos del país es una precondición para cualquier avance posterior estabilizando Irak políticamente.
 
Para oídos israelíes, el aspecto más notable de la estrategia de "incrementar y conservar" de Bush es su sorprendente paralelismo con la Operación Escudo de Defensa del ejército israelí en el 2002.
 
No hay ninguna duda de que Estados Unidos tiene mucha más mano libre en sus operaciones en Irak de la que tiene el ejército en sus esfuerzos contra los palestinos o Hezbolá. Su capacidad para fomentar y dotar de poder a los iraquíes que comparten su enfoque estratégico al tiempo que debilita a otros que se oponen es mucho mayor que la capacidad de Israel hoy de influenciar a palestinos o libaneses.
 
Pero a pesar de todo eso, el hecho es que tras casi 4 años de lucha en Irak, Estados Unidos ha adoptado esencialmente la estrategia de contrainsurgencia que Israel adoptó hace 5 años en Judea y Samaria. Y al igual que las operaciones norteamericanas en Irak hasta la fecha, Israel adoptó su estrategia de incrementar y conservar en Judea y Samaria tras nada menos que 2 años de absorber ataques terroristas palestinos siempre crecientes e incesantes. Hasta la Escudo de Defensa, Israel respondió a la guerra emprendida contra su sociedad llevando acabo breves incursiones en ciudades palestinas, llevando a cabo detenciones y retirándose rápidamente.
 
En la práctica, si los americanos quieren tener idea de las perspectivas de éxito del nuevo plan del Presidente, harían bien en estudiar los avances en Israel desde la Operación Escudo de Defensa.
 
Bush advirtió que su nuevo plan no pondría fin a la violencia en Irak. Según sus palabras, "Esta nueva estrategia no rendirá un final inmediato a los atentados suicidas, los asesinatos, o los ataques relámpago. Nuestros enemigos en Irak harán todo tipo de esfuerzos para garantizar que nuestras pantallas de televisión se llenan de imágenes de muerte y sufrimiento. Pero a lo largo del tiempo, podemos contar con ver tropas iraquíes persiguiendo a los asesinos, menos actos de terror abierto, y creciente confianza y cooperación por parte de los residentes de Bagdad".
 
La voz de Ariel Sharon resuena profundamente en la declaración de Bush. Después de que la Escudo de Defensa no pusiera fin a los ataques terroristas palestinos, Sharon afirmaba repetidamente que no podía esperar que el terror terminase.
 
Y no es sorprendente que el mensaje del Presidente fuera tan familiar. Su plan para Bagdad da las mismas oportunidades y coloca las mismas limitaciones estratégicas sobre el éxito en Irak que la Escudo de Defensa impuso a las posibilidades de Israel de poner fin a la jihad de los palestinos.
 
En ambos casos, la estrategia elegida funciona evitando que los terroristas ubicados en zonas específicas y limitadas reconstruyan su capacidad derrotándoles primero y después permaneciendo en el enclave para impedirles rearmarse u operar abiertamente. La experiencia de Israel desde abril del 2002 en Judea y Samaria manifiesta su éxito. Al conservar el control del ejército sobre las zonas, Israel ha tenido éxito limitando y retrasando el avance de la capacidad de lucha de los palestinos en Judea y Samaria.
 
Si las fuerzas norteamericanas se incrementan y conservan Bagdad, los americanos pueden asumir con certeza que en los próximos meses, Bagdad experimentará una caída marcada y sostenible en la violencia. Pero por la misma razón, la experiencia israelí también nos informa del precio de adoptar una estrategia limitada a un frente aislado. Ni la guerra de Irak, patrocinada por Irán y Siria, ni la guerra de los palestinos contra Israel, patrocinada por Irán, Siria y Egipto, son campañas aisladas y singulares. Y aún así, las campañas de incremento y conservación tanto americanas como israelíes las tratan como si fueran guerras aisladas, diferentes y no regionales.
 
Mientras que las fuerzas del ejército desbaratan con eficacia a los palestinos de Judea y Samaria, son incapaces de borrar las infraestructuras terroristas de los palestinos. Fuera de Judea y Samaria, en lugares como Gaza, el Líbano, Siria o Irán, nuestros enemigos continúan desarrollando y diversificando su capacidad, y esas capacidades se extienden ahora por el espectro del terror y las armas de destrucción masiva. En la práctica, al rechazar vincular sus operaciones en Judea y Samaria a una estrategia regional para la victoria, el gobierno ha dejado a las fuerzas del ejército imposibilitadas para lograr una verdadera victoria en esas zonas. Si el gobierno israelí es alguna vez lo suficientemente estúpido como para ordenar al ejército que desaparezca, esas fuerzas terroristas inmediatamente reconstruirán sus capacidades.
 
El rechazo de Israel a reconocer la naturaleza regional de la guerra de los palestinos se deriva de la ceguera estratégica de los líderes de Israel. Sharon y sus sucesores, el Primer Ministro Ehud Olmert y la Ministro de Exteriores Tzipi Livni, junto con los que controlan la opinión de los medios locales que les respaldan, rechazan reconocer la naturaleza regional de la guerra emprendida contra nosotros. Ignorando las aplastantes pruebas de que los palestinos -- desde Hamas a la Jihad Islámica pasando por Fatah -- reciben órdenes de Teherán, nuestros líderes trabajan irrelevante y peligrosamente por establecer un estado terrorista en Judea y Samaria encabezado por Fatah. Es decir, intentan crear un estado terrorista nuevo de control iraní que operará mano a mano con el estado terrorista de control iraní encabezado por Hamas en Gaza.
 
Mientras que la decisión del gobierno Olmert de entregar armas, municiones y 100 millones de dólares a Fatah deja claro que no va a cambiar su presente curso, el discurso del miércoles de Bush brinda esperanzas de que su administración no puede ignorar realmente el carácter regional de la guerra que afronta en Irak. Tras presentar su plan para Bagdad y la provincia de Anbar, Bush hablaba expresamente de la naturaleza regional e ideológica de la guerra. Levantando un dedo acusador hacia Irán y Siria por su apoyo a los insurgentes en Irak, Bush anunciaba su intención de tomar medidas para poner fin a su interferencia. Incluso señaló que Estados Unidos podría llevar a cabo acciones militares contra las instalaciones nucleares de Irán diciendo, "Recientemente he ordenado el despliegue de un grupo de ataque adicional en la región".
 
Pero también existen motivos de preocupación. Mientras Bush dejaba una clara advertencia para Irán y Siria, la Secretario de Estado Condolizza Rice preparaba su próximo viaje a Oriente Medio. El jueves, el Ma'ariv informaba de que Rice dedicará su tiempo las próximas semanas a presionar a Israel para acordar retirar sus fuerzas de Judea y Samaria y así permitir a Fatah establecer allí un estado terrorista. Los presuntos planes de Rice indican que lejos de reconocer la naturaleza regional de la guerra, la administración continúa su pobre suscripción de la opinión de que los diversos frentes de la guerra están completamente separados, y de que una derrota israelí o bien no tendrá ningún efecto, o mejorará las probabilidades de una victoria americana en Irak.
 
Además de los límites en el campo de batalla que impone el enfoque estratégico limitado, también provoca daños en el frente en casa. Durante la Operación Escudo de Defensa, el gobierno Sharon evitaba que el ejército destruyese la Autoridad Palestina o montase siquiera una operación similar en Gaza. Al actuar de esa manera, el ejército garantizó que la guerra de los palestinos contra Israel continuaría.
 
Pero al mismo tiempo, la escala sin precedentes de la ofensiva contraterrorista del ejército y la propia retórica de Sharon llevaron al público israelí a creer que tras dos años de estancamiento durante los que se emprendió la guerra contra la sociedad israelí, el gobierno estaba ordenando por fin al ejército que ganase la guerra y derrotase a nuestros enemigos, y así nos protegiese de más masacres y terror. Cuando la ofensiva limitada no produjo una victoria clara, la sociedad israelí comenzó a perder la fe en la capacidad del ejército para defenderla.
 
De igual manera, los humillantes resultados de la guerra del pasado verano contra Hezbolá provocaron la inmensa decepción del público, que solamente sirvió para intensificar su sensación de desprecio. Ésa desilusión y desprecio también explican en gran medida cómo el partido Kadima -- que presentó la campaña de las pasadas elecciones bajo el estandarte del "derrotismo pragmático" -- fue capaz de ganar las generales.
 
Y es el mismo desprecio que alimenta la creciente creencia de nuestros enemigos en su capacidad definitiva para destruir Israel.
 
En Estados Unidos, el hecho de que la estrategia limitada de Bush en Irak se haya cobrado un precio en la fe del público en que se pueda lograr en última instancia una victoria quedaba plasmado aún más claramente en las elecciones del pasado noviembre al Congreso. Los Demócratas ganaron esas elecciones mientras se presentaban como partido pacifista que "trae a los chicos a casa" de Irak. La tentativa de Bush el miércoles por reducir las expectativas de victoria del público incluyendo declaraciones como "No habrá ceremonia de rendición en el muelle de un barco de guerra" en su discurso se arriesga a convertir en derrotismo de los Demócratas en mensaje.
 
Al mismo tiempo, al reconocer por fin el papel sirio e iraní en la guerra en Irak y expandir implícitamente el campo de batalla, el discurso de Bush representa el primer atisbo de esperanza en la memoria reciente de que Estados Unidos pueda realmente detener su política exterior actual de actuar como Israel y librar una guerra regional haciendo más defensa en un frente. Por primera vez desde el 2004, Bush daba motivos a Irán para preocuparse ya.
 
Tristemente, mientras el actual gobierno de Israel permanezca en el poder, Israel no tiene ninguna posibilidad de compartir lo que bien podría ser una nueva claridad de visión de América.


 

 
 
Caroline Glick es periodista por la Universidad de Columbia y editor jefe en funciones de The Jerusalem Post. Tras finalizar sus estudios, ingresó en el ejército y alcanzó una consejería en las negociaciones de Oslo junto al ex primer ministro Rabin. Tras abandonar la esfera política, Glick pasó al periodismo con una columna semanal de portada en el diario. Durante el reciente conflicto de Irak, fue la periodista empotrada del medio, estando en el primer escuadrón americano que entró en Bagdad y siendo la primera mujer en poner el pie en la capital durante el conflicto.


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