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Campaña sobre Hillary
Colaboraciones nº 1474   |  2 de Febrero de 2007
 
Presionada por la súbita incursión en su campo vedado del excandidato vicepresidencial Demócrata John Edwards cuando desafió su silencio sobre la guerra durante un discurso de ella en Nueva York, por el brillo del progresismo, y por la constitución de un comité exploratorio por parte de Barack Obama, Hillary Clinton se ha lanzado a dar a conocer sus intenciones de presentarse a presidente.
 
Ha dicho a sus amigos que no veía el motivo por el que tenía que esperar simplemente hasta otoño del año anterior a las elecciones para anunciarlo, como había hecho su marido Bill. Pero fue tan presa del pánico por las iniciativas Edwards y Obama que anunció su candidatura en sábado. Es el peor día del año para difundir noticias, y los Clinton normalmente lo reservan para anuncios concernientes a sus escándalos.
 
Y la Encuesta Rasmussen más reciente muestra su caída en picado al 22%, con Obama en el 21 y Edwards al alza al 15. Su personal de campaña ha sido movilizado y sus reacciones a la ofensiva Edwards sobre la guerra han sido lentas. Cuando debería haber estado en Estados Unidos criticando el discurso de George W. Bush, estaba en Irak posando para reportajes fotográficos.
 
Edwards está ganando la carrera por la izquierda, el lugar clave donde estar en las primarias Demócratas.
 
La afirmación de la Clinton de que ella no votaría a favor de la remesa de efectivos no hace sino plantear a gritos la pregunta de qué va hacer si Bush, como Comandante en Jefe, envia las tropas de todas maneras. ¿Votará entonces a favor de suspender los fondos para obligarle a respetar la intrusión del Congreso en los poderes del Presidente? Ella dice que no, y probablemente no lo hará.
 
De modo que la Clinton se verá reducida a lo que son esencialmente acciones simbólicas contra la guerra, mientras que Edwards, que está confortablemente al margen del Senado, puede llegar tan lejos en la izquierda como necesite para ganar las primarias. (La última encuesta de Fox News muestra que los Demócratas respaldan la total suspensión de la financiación de la guerra por 59 a 33).
 
¿Será el papel de Ned Lamont, el excandidato Demócrata frente a Joe Lieberman el pasado noviembre, interpretado en las próximas primarias por Edwards, mientras el papel de Lieberman es compartido por Clinton y Obama, dependiendo de cómo vote? Todos sabemos cómo acabaron esas primarias.
 
Tenga en mente, no obstante, que Clinton se tomó su tiempo de igual manera en los meses previos a su carrera del estado de Nueva York por el Senado en el 2000, cometiendo error tras error hasta dar en el clavo por casualidad.
 
Pero el hecho es que Clinton no se ha presentado a unas elecciones reales en su vida. Se presentó de igual manera sin contrincante al Senado el año pasado y barrió al apurado excongresista Rick Lazio como contrincante en el 2000 en lugar del peso pesado Rudy Giuliani. Y la Clinton nunca se ha presentado a unas primarias Demócratas en su vida (a menos que usted cuente su carrera nominal en el 2006).
 
Su falta de experiencia y la edad de su personal se están evidenciando. Ellos y ella parecen desbordados intentando ajustarse al rápido ritmo de la política moderna. Ella en particular parece no haber captado que el 2007 es el nuevo 2008. Para cuando se celebren los caucus de Iowa, la carrera por la candidatura habrá terminado, igual que pasó en el 2004.
 
¿Recuerda cómo apareció Howard Dean para una iniciativa en septiembre del 2004, meses antes de presentar y después perder su iniciativa frente a John Kerry en diciembre del 2004, entre una avalancha de publicidad negativa?
 
Para cuando se votaba en Iowa, simplemente reflejaba los resultados de las primarias de los medios americanos, que ya se habían celebrado el otoño anterior.
 
¿Ganará ella? Probablemente. Por los pelos. Ella tiene la capacidad de arrastrar un gran número de votantes que previamente no han depositado papeletas. En 1996, el 49% de los americanos en edad de votar participaron en la competición a la presidencia. En el 2000, lo hizo el 51%. En el 2004, el porcentaje alcanzó el 55%.
 
Incrementando la incertidumbre se encuentra el hecho central de la carrera presidencial de hoy en día. La capacidad de Karl Rove para maximizar el atractivo de cara a las parejas blancas casadas y los hombres blancos solteros fue la clave de la victoria de Bush. El Presidente recibió 12 millones de votos más en el 2004 de los que obtuvo en el 2000. Pero Kerry también fue capaz de atraer casi 6 millones de mujeres solteras nuevas a las urnas que no participaron en el 2000. Constituyeron una gran parte de los 9 millones de votos extra que obtuvo Kerry y que Al Gore no recibió.
 
La Clinton, en gran medida, y Obama, en menor grado, pueden movilizar grandes cifras de votantes nuevos a acudir a las urnas en las primarias y en las propias elecciones, lo que les concede una enorme ventaja.
 
Pero para ganar, la Clinton haría mejor en adaptarse al ritmo de la política en el 2007.

 
 
Dick Morris es autor y comentarista político conocido por haber sido consultor de la exitosa campaña de Bill Clinton en 1996 para la reelección en la presidencia, aunque la relación se remonta a mucho antes, ya que dirigió la campaña de Clinton para gobernador de Arkansas en 1978, y permaneció en e equipo en 1980 y 1982. A Dick Morris se debe la estratagema política conocida como “triangulación”, en la que Bill Clinton apeló a un grupo distinto de votantes distanciándose tanto del Partido Demócrata como del Republicano. Muchos percibían así al candidato como de centro, incluso aunque practicase una política más progresista. Escribe una columna semanal en el New York Post y aparece con frecuencia en Fox News Channel. Morris ha escrito diversos libros criticando a los Clinton, entre los que destaca “Despacho oval”.


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