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El mal de la corrupción corrosiva
Colaboraciones nº 1470   |  1 de Febrero de 2007
 

(Publicado en Jerusalem Post, 14 de enero de 2007)

Hasta la fecha, muchos de nosotros hemos venido advirtiendo de que la corrupción supone una amenaza mayor para nuestro futuro que nuestros adversarios externos y que, a menos que se invierta, destruirá finalmente el sueño sionista como un cáncer.
           
Ahora mismo, el alcance de la corrupción ha pasado a ser total. Nos estamos ahogando en un mar de inestabilidad moral. Incluso al tiempo que respetamos el principio de la presunción de inocencia hasta que se demuestra la culpabilidad ante un tribunal, para nosotros suceden demasiadas cosas como para no enfermar por lo que nos rodea. Cada vez que pensamos que hemos tocado fondo, sale a la luz otra capa de portería. Nuestra rabia, desprecio y desilusión crecen a diario. La moral ha alcanzado un mínimo nunca visto.
 
El gobierno, el servicio civil, el sector empresarial y todos los niveles de la sociedad han sido degradados por líderes dispuestos a pasar por alto las normas éticas y la decencia a causa de la avaricia y la búsqueda egoísta de agendas personales. El colapso de la moral pública fue sin duda un factor relevante de contribución a la ruptura de la dirección durante la desastrosa guerra del Líbano.
 
Nuestro presidente, cuyo predecesor se retiraba prematuramente bajo sospecha, fue acusado de comportamiento sexual impropio y de proporcionar perdones de manera ilegal. El ex primer ministro Ariel Sharon fue objeto de una serie de interrogatorios policiales por una retahíla de presuntas violaciones de la ley. Su hijo Omri se sacrificó para proteger a su padre y fue condenado a prisión por conducta criminal. Ministros y altos funcionarios de virtualmente todos los partidos se han visto implicados en diversos escándalos.
 
La nación quedaba atónita cuando el director y directivos veteranos de la Autoridades Fiscal eran acusados de aceptar sobornos e involucrarse en actividades fraudulentas. El jefe de la oficina del primer ministro se encuentra bajo arresto domiciliario y otros funcionarios están siendo investigados.
 
Las últimas noticias son que a su vuelta de una visita de estado a China, el primer ministro podría encontrarse con investigaciones criminales.
 
También encontramos problemas con nuestras autoridades de implementación de la ley. En el momento en que la policía dispone de información potencialmente incriminatoria, parece dispuesta a filtrar los detalles a los medios antes incluso de que el sospechoso haya sido procesado. Hasta las noticias de la investigación criminal del primer ministro eran filtradas aparentemente a los medios antes de que él fuera informado de ello. Ha habido casos en los que, tras las filtraciones policiales, la reputación quedaba permanentemente manchada cuando el particular acusado de comportamiento criminal en los medios no era procesado, incapaz así de exonerarse.
 
El fallo se encuentra en el fiscal general. Debería darse cuenta de que la presunción de inocencia hasta demostrar la culpabilidad sigue siendo el sello distintivo de una democracia. Tendría que insistir en que las filtraciones a los medios por parte de la policía acabarán en severas sanciones disciplinarias.
 
Tenemos que recordarnos que mientras la cruda corrupción política parece haberse hundido hasta su punto más bajo, para este país ciertamente no es un fenómeno nuevo.
 
Durante la hegemonía Mapai, los ideólogos socialistas no eran transparentes ni de lejos. La vitamina P (de protekzia) estaba a la orden del día y los puestos de trabajo dependían de los contactos con miembros del partido influyentes. Los veteranos del Irgún raramente lograban puestos elevados de servicio civil porque David Ben-Gurión impuso un cordón sanitario alrededor de ellos.
 
El ministro de economía del Mapai, Pinchas Sapir, un sionista dedicado, abrió el camino a posteriores violaciones de la ley autorizando prácticas impropias en relación con la financiación del partido. Moshe Dayán saqueó enclaves arqueológicos con impunidad para beneficio personal. Sus escarceos sexuales tan difundidos fueron más admirados que criticados.
 
Sin embargo, es innegable que el nivel de corrupción en el ámbito público entonces estaba mucho menos presente que ahora. Esto queda plasmado en el crudo contraste entre los estilos de vida modestos de los líderes de Ben-Gurión a Begin (y sus ministros) y sus sucesores posteriores. Hubo un tiempo en que los miembros de la Knesset anteponían el bienestar de la nación a sus intereses personales.
 
La evidencia de comportamiento poco ético representaba la desgracia por excelencia y el final de una carrera funcionarial. Así, cuando el ministro de vivienda Avraham Ofer era acusado de actividades ilegales (en beneficio de su partido), su vergüenza fue tan grande que se cobró su propia vida. Y cuando Leah Rabin fue denunciada por mantener una cuenta bancaria ilegal menor en divisa extranjera, su marido se sintió obligado a dimitir del primer ministerio - un pálido reflejo de la respuesta de los políticos de ahora.
 
Dos sucesos clave abrieron el camino al creciente colapso de los estándares morales en la esfera pública. Desesperado por lograr la mayoría en la Knesset con el fin de aprobar los Acuerdos de Oslo, Yitzhak Rabin empleó la orientación política para sobornar a miembros sin escrúpulos de la oposición - incluyendo a Gonen Segev, que fue procesado más tarde por una felonía relacionada con drogas. Las primarias del partido Laborista también resultaron ser corruptas, como ejemplifica la anulación de la votación a la dirección entre Avram Burg y Binyamin Ben-Eliezer porque más votantes drusos apoyaban a Burg de los que estaban registrados en el partido.
 
Las prácticas corruptas en la esfera pública inmunizan a la gente y brindan luz verde a otros políticos para forrarse el lomo, provocando la proliferación de más escándalos. Esta tendencia se vió acelerada cuando el Comité Central del Likud, que selecciona a los candidatos a la Knesset, era expandido por Avigdor Lieberman de una entidad de 100 miembros a una de 3000. Posteriormente, en la campaña frente a Netanyahu, Omri Sharon reclutaba elementos adicionales, incluyendo un buen número presuntamente vinculado al mundo criminal.
 
Los "plebeyos" relucientes y recién dotados de poder en el Likud carecían de motivación o comportamiento ideológico. Su principal inquietud era dividir el botín para sí mismos. Algunos candidatos fueron incluso desvergonzadamente remunerados con dinero en efectivo a cambio de su apoyo.
 
Pero a pesar de este desagradable estado de las cosas, la buena noticia es que en los últimos tiempos, aprovechando la rabia nacional popular y mediática, la policía ha salido reforzada. En contraste con el pasado, están confrontando a líderes políticos y miembros del estamento político sospechosos de haber violado la ley. En la práctica, el flujo de escándalos nuevos que son denunciados es sin duda también un subproducto de un comportamiento más desenvuelto de las fuerzas del orden.
 
Ahora existen motivos genuinos para esperar que pronto seamos testigos del fin del desastre. Una vez que el presente un gobierno disfuncional desaparezca -- lo cual es solamente una cuestión de tiempo -- el próximo primer ministro se verá obligado a hacer de la eliminación de la corrupción un objetivo central. Binyamin Netanyahu, uno de los principales candidatos, ya ha confrontado públicamente al Comité Central y exigido reformas.
 
Nuestra responsabilidad como ciudadanos preocupados es continuar ejerciendo presión para lograr un gobierno, transparencia financiera y confianza, con el fin de garantizar que Israel siga siendo un estado democrático viable.


 

 


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