Usted no tiene que ser un estratega militar de la talla de Sun Tzu o de Carl von Clausewitz para entender esto: Es una mala idea subvencionar las iniciativas de guerra de su enemigo. Pero cada vez que llenamos el tanque de gasolina de nuestros coches, ponemos dinero en el bolsillo de los terroristas que tratan de matar americanos.
¿Cuándo se enfrentarán nuestros cargos electos finalmente con este problema? Quizá ahora. Esta semana, en su discurso sobre el estado de la nación, el Presidente Bush sonaba serio sobre “diversificar” el suministro energético de Estados Unidos, sobre el desarrollo de una política energética que no deje a los americanos interminablemente a merced de regímenes como el de Teherán o el de Caracas. Y en el Congreso, se está presentando legislación que al menos podría empezar a reducir el poder económico, político y militar del petróleo de Oriente Próximo.
Más sobre esto en un momento. Primero, seamos claros: El petróleo es diferente de otros productos. Si los franceses me ofenden, en su lugar puedo comprar vino de Australia. Si el precio de la carne sube, puedo comer cordero. Pero el petróleo disfruta un tipo de monopolio. Si usted conduce un coche, no tiene otra alternativa que comprar combustibles refinados del petróleo, un recurso muy abundante en países cuya hostilidad hacia los americanos es muy alta. Actualmente, gastamos unos 150 millones al día en petróleo del Golfo Pérsico y más de 70 millones de dólares diarios en petróleo de Venezuela.
Dos soluciones obvias:
1) Desarrollar combustibles líquidos de otras fuentes
2) Desarrollar vehículos que puedan funcionar con cualquier otra cosa que no sea combustibles líquidos.
En realidad, esos combustibles y vehículos alternativos ya existen. Se ha presentado una ley en el Congreso – con amplio apoyo bipartito – para lograr ponerla en marcha: La ley DRIVE (Reducción de la dependencia a través de la innovación en vehículos y energía, Dependence Reduction through Innovation in Vehicles and Energy por sus siglas en inglés) se basa en un diseño de seguridad energética hecho por Set America Free, que Jim Woolsey, ex director de la CIA llama “una coalición de conservacionistas “abraza-árboles”, personas bien intencionadas, granjeros, halcones tacaños y evangélicos”. (Divulgación completa: Tanto Woolsey como yo somos miembros).
Si la ley se aprobara, su próximo coche probablemente será un “FFV” (Flexible Fuel Vehicle por sus siglas en inglés, Vehículo de combustible flexible): Será capaz de usar no sólo gasolina sino también una variedad de combustibles líquidos no fósiles. Eso sería un incentivo para que el sector privado produciera esos combustibles y que fueran ampliamente disponibles. Imagine que pudiese repostar en una gasolinera y escoger entre gasolina convencional y combustibles alternativos por un precio similar que garantizan que usted no esté patrocinando a los terroristas. ¿Cuál escogería usted?
¿Cuánto más costaría un coche así? Menos de 150 dólares, sacrificio pequeño que favorece nuestros esfuerzos en la guerra. Y en realidad po-dría ser que pagase menos una vez que los incentivos fiscales entrasen en el acuerdo. También: Piense en el FFV como una ventaja en seguridad, igual que los cinturones de seguridad o los airbags, excepto que en este caso usted estaría invirtiendo en seguridad nacional en lugar de protección en caso de choque.
Además, DRIVE daría incentivos tanto a los fabricantes como a los compradores de “vehículos eléctricos”, coches que funcionan con electricidad, fuente de energía que no depende del petróleo. Un viajero suburbano que viaja menos de 60 kilómetros al día enchufaría su coche en la noche y podría pasársela meses sin llenar el tanque y cuando lo hiciera podría ser con un combustible alternativo.
¿Cuáles podrían ser esos combusti-bles? En Brasil, un número cada vez mayor de coches funcionan con etanol hecho de azúcar, un producto que crece fácilmente en climas tropi-cales. Actualmente el arancel para ese combustible es de casi 12 centavos de dólar por litro – comparado con los cero centavos que paga el petróleo de Oriente Medio. Esperemos que podamos encontrar unos cuantos políticos lo suficientemente valientes como para enfrentarse a los grupos de presión que favorecen la discriminación de pobres agricultores sudamericanos mientras que subsidian a billonarios saudíes y mulás iraníes extremistas.
Otras ideas que el Congreso debería tomar en consideración: Las arenas bituminosas de Alberta contienen tanta energía como los desiertos de Arabia. La Coalición canadiense por las democracias está impulsando una sociedad americano-canadiense que explote esas arenas en beneficio de ambos países a largo plazo.
Seamos claros: El petróleo seguirá siendo un recurso valioso por mu-chas décadas y los americanos no serán “independientes” energéticamente hablando a corto plazo. Pero enviaremos menos dinero a los amos terroristas si ponemos fin al monopolio petrolero y disminuimos el dominio del petróleo controlado por déspotas que conspiran para destruirnos.
Tenemos la capacidad científica, tecnológica y empresarial. Lo que más necesitamos ahora es la voluntad política.
Clifford D. May, antiguo corresponsal extranjero del New York Times, es el pre-sidente de la Fundación por la Defensa de las Democracias. También preside el Subcomité del Committee on the Present Danger.
©2007 Scripps Howard News Service
©2007 Traducido por Miryam Lindberg