La manifestación del día 13 poco o nada tiene que ver con el asesinato de ETA del día 30 de diciembre. Su sentido, su pasado y su futuro remiten directamente a las manifestaciones del 11M, del No a la Guerra, del Prestige y constituyen el prólogo de la intervención de Rodríguez Zapatero el día 15 en el Congreso. Es decir, a la denuncia de la derecha como enemiga del consenso, de la paz y de la libertad
Acto Primero o la manifestación fagocitada
El 3 de enero, con los restos humeantes de la T4 en el horizonte y los españoles desorientados, la FENADEE, reunión de ciudadanos ecuatorianos convoca una manifestación el día 13 de para protestar por el crimen de Barajas que costó la vida a Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio. Los primeros en sumarse a ella son los componentes del Foro de Ermua, a las pocas horas de su convocatoria. A esas alturas de año, ni CCOO ni UGT habían convocado concentración alguna, ni parecían interesados en ella.
El 4 de enero, un día después, Comisiones Obreras y UGT anuncian que convocarán su propia manifestación para el día 13 de enero. Todo el mundo conocía que ya existía una manifestación, nacida con la vitola de la independencia partidista de los ecuatorianos para ese día. CCOO y UGT tradicionalmente habían apoyado las manifestaciones contra el terrorismo; sin embargo, esta vez convocaban una alternativa a la primera. La diferencia es que ésta ya tenía el día 4 recorrido definido, al contrario que la convocada por los ecuatorianos. Al convocarse ésta, la primera quedaba seriamente comprometida.
Al siguiente día, ambas manifestaciones aparecen fundidas en una única convocatoria; ésta fue decidida, al parecer, el día 4 de enero por la noche tras una reunión de ambas partes. Para los suspicaces, la primera pregunta apunta en esa dirección; en vez de sumarse y apoyar la manifestación ya convocada antes, UGT y CCOO convocan la suya propia, y el mismo día por la noche se reúnen con FENADEE para convocarla conjuntamente. Es en ese momento cuando la manifestación queda en manos de la izquierda; ¿jugada maestra y engaño de la izquierda militante?¿ingenuidad o connivencia de los representantes ecuatorianos? Se cual sea la respuesta, lo cierto es que la manifestación convocada el día 4 por la noche ya no era la convocada un día antes.
La convocatoria de las asociaciones de ecuatorianos podía estar fuera de cualquier controversia nacional y apuntar a lo fundamental; el día 4 por la noche esta pretensión era ilusoria. En marzo de 2006, CCOO apoyaba en comunicado la negociación con ETA; Ha llegado, como afirma nuestra organización en el País Vasco, la hora de la política con mayúsculas para que desde el respeto a la pluralidad de todas las ideas políticas, éstas puedan ser defendidas en libertad, democracia e igualdad de condiciones. En las mismas fechas, UGT expresaba su apoyo al Gobierno, y sin miramientos afirmaba que con las elecciones del 14M, nos encontrábamos ante un posible nuevo escenario para la resolución de este problema. Convertida en manifestación sindical, PSOE, IU, SUP y la Asociación de víctimas del 11M apoyaron ardorosamente la marcha.
UGT y CCOO ponían a disposición de los inmigrantes una maquinaria de movilización de la que la FENADEE carecía; que tenía un precio. Ahora serían los sindicatos del PSOE y del PC/IU quienes decidían qué decir y qué lema portar. A partir de ese momento, la manifestación de los inmigrantes se convertiría en la manifestación de la izquierda. El Foro de Ermua expresó gráficamente el inicio de la Gran Mascarada, la fagocitación de una manifestación por otra en nombre de la paz y la manipulación del sentido original de la primera con un
¡Hasta aquí hemos llegado!. Era el inicio de la Gran Mascarada que debía desembocar en la tarde del 15 de enero.
Acto Segundo o a la caza de la derecha cavernaria
En manos de las centrales sindicales, la manifestación quedaba ya a merced de los equilibrios de las organizaciones, de sus luchas particulares, de sus servidumbres con el PSOE y el Gobierno y la ideología dominante. Entre el día 4 y el 13, las llamadas a la unidad de los demócratas, a la participación del PP eran constantes. Más allá de eso, lo cierto es que las medidas concretas y reales tomadas cara a la manifestación del día alejaban los actos cada vez más de un espacio común a la izquierda moderada y a la derecha liberal. Y de entre todos ellos destaca uno; la elección de Rosa Regás como figura representativa para leer el manifiesto.
A dos semanas del inicio de la tregua etarra, Regás hablaba en El Correo (4 abril 2006) de la República, ayer y hoy. El periodista le pregunta, Es que es 'muy peligroso' que la gente piense, ¿no?, a lo que la moderada escritora responde; -Sí, sí, es muy peligroso. Sobre todo para los fascistas, que nos han tenido cuarenta años sin pensar y todavía más de la mitad de nosotros sigue sin pensar. Menos de un año después, era la elegida de escenificar la unidad de los españoles. Su odio sin disimulo a la derecha le llevó a afirmar que pensaba exiliarse de la España de Aznar porque la vida era insoportable; lo cierto es que con sus gobiernos logró el éxito y el reconocimiento literario con Luna Lunera (1999) y La canción de Dorotea (2001). Es de sobra conocido que Regás identifica a la derecha española con el franquismo como hace en la ya famosa entrevista propagada en 2003 por el régimen de Castro (Estoy y estaré con Cuba); Si hay algo que me deja muy perpleja es constatar que el franquismo no ha desaparecido en ninguna de sus facetas. Todavía hoy, cuando los historiadores van buscando por los pueblos testimonios de las matanzas que hicieron los falangistas, los ancianos callan, porque aún tienen miedo. El franquismo perdura en el alma de muchísima gente que es constitucionalmente de derechas.
Más adelante el periodista cubano le pregunta por la transición inacabada y el PP; estos de ahora ni siquiera quieren cambiar nada. A estos les gustaría que volviera Franco…Que en cierto modo sigue ahí…, apostilla el periodista, a lo que responde Rosa Regás; Hombre, claro; ahí están ahora sus hijos y nietos. Eso es evidente. Pero además de polítologa, Regás se descubre como una implacable crítica literaria, como cuando habla de la escritora cubana Zoe Valdés; Toda la vida ha habido arribistas. Esta chica debe haber salido desnuda en alguna revista, o habrá hecho textos absolutamente pornográficos, y por eso debe llamar la atención. Pero eso no importa un comino. Ya pasará. Esta es de las que se ha cambiado de camisa, de los conversos, y yo te diría que su presencia en este mundo es absolutamente coyuntural, como no lo es la de otros cubanos que sí han tenido éxito, y a mi juicio muy merecido...
El puritanismo de Regás alcanza a Zoe Valdes, pero no llega más cerca; a última hora, la directora de la Biblioteca Nacional se excusó por no poder leer el manifiesto del día 13, y su sustituta resultó ser otra conocida cara del pacifismo, de la moderación, del equilibrio: Almundena Grandes. A ella debe la literatura española aportaciones que no llaman la atención de Regás como hace Zoe Valdes; en las “Edades de Lulú”, la intelectual y analista Grandes describe minuciosamente el afeitado del pubis de una menor. Más allá de eso, la escritora es colaboradora habitual del diario El País, desde donde habla de la derecha española con el mismo respeto que Regás; A la derecha no le interesa hacer política. Es un fenómeno antiguo y siniestro, que había permanecido semienterrado en los últimos tiempos por la novedad de los mecanismos democráticos, primero, y por los resultados electorales más tarde (El País, 25 marzo 2006)
En un acto en El Escorial en abril de 2006, la lectora del manifiesto del sábado 13 declaraba; una de las anormalidades más profundas de este país es que la derecha democrática, constitucional y homologable con las derechas europeas no haya hecho jamás el ejercicio de conciencia que ha hecho la derecha italiana o la alemana, es decir, pedir perdón, afirma la historiadora Grandes. La persona encargada de encarnar la unidad democrática contra ETA es la misma que así se manifiesta habitualmente sobre la derecha española.
No será necesario afear más la conducta intelectual de las escritoras para subrayar lo fundamental; La llamada a la unidad cuando el manifiesto fue encargado a quienes consideran a la derecha enemiga de la libertad de los españoles sólo pudo satisfacer a los más despistados o a los creyentes más recalcitrantes. Desde que las centrales sindicales convocan la manifestación del día 4, el papel ecuatoriano se diluye hasta quedar convertido en coartada humanitaria. Desde el mismo día 4 de enero, cuando UGT y CCOO arrebataron la manifestación a la FENADEE, su utilización contra el Partido Popular era una verdad evidente, que parte de la derecha, con la vista puesta en la manifestación del día 3, tardó en comprender.
Los últimos días antes de la manifestación, nadie podría ya engañarse sobre su contenido; las dudas y vacilaciones del Partido Popular, su llamada a la modificación del lema coincidían con un alejamiento progresivo de los convocantes, conforme el papel de los ecuatorianos se iba reduciendo. De la indignación moral de éstos el día 3 de enero, se había pasado al secuestro ideológico, al sectarismo de quienes son recompensados por actuar frente a la derecha y vivir al mismo tiempo de ella. El 9 de enero, José Blanco advertía; No entendemos por qué pueden no acudir salvo que se quiera estratégicamente utilizar el terrorismo para desgastar al Gobierno. Lo cierto es que ya entonces Blanco sabía que la manifestación era una trampa para el partido de la oposición. El día 12 López Garrido pedía una participación masiva; José Ricardo Martínez (UGT), sin el más mínimo disimulo, anunciaba que se incluía el término libertad, porque no va a ser la excusa para que el Partido Popular no vaya a la manifestación. La víspera, con la zafiedad estética e intelectual habitual en las homilías ideológicas de la autodenominada Cultura, un actor advertía cómo Nos va la vida en crear un cordón sanitario para que esta derecha cerril y casi gótica no se adueñe del pensamiento español. Allí estaba, entre quienes cargaban los fusiles democráticos contra la derecha, Rosa Regás, la lectora inicial del manifiesto por la unidad del día 13.
Acto Tercero o el desenmascaramiento
El principal acto se desarrolla por las calles de Madrid el sábado 14 por la tarde; la llamada a la unidad encubría la negación de ésta. Todas las decisiones concretas y reales llevadas a cabo por los convocantes, UGT y CCOO que se desarrollaron entre los días 4 y 13 se alejaban de cualquier convergencia con el Partido Popular o la AVT. Así se llegó al momento del manifiesto leído por Almudena Grandes, con la nada disimulada mención al partido de Rajoy, ni las armas, ni aquellos que pretenden instrumentar el dolor lograrán acabar con la esperanza de que el ejercicio de la palabra traiga la paz y la libertad a lo largo y ancho del territorio español. Lo cierto es que el manifiesto leído y la expresión el ejercicio de la palabra traiga la paz, eran conocidos desde varios días antes, representaba lo contrario de lo que el Partido Popular había defendido al apoyar a la AVT. Al tiempo, miles de personas se manifestaban contra ETA con sinceridad y fervor, ajenos a la obra de teatro que se desarrollaba a su alrededor.
Para quien le quedara duda de qué se hizo con su presencia en las calles de Madrid, el domingo día 14, el diario El País abre con dos grandes noticias. En la portada, dos grandes titulares; en la parte superior, la entrevista al Presidente del Gobierno; en la parte inferior, la información sobre la manifestación. El titular superior de la portada, Rodríguez Zapatero; di todo el apoyo en la lucha contra ETA al PP y no he recibido ninguno en dos años. Unos centímetros más abajo, el editorial secundario de la manifestación rezaba; El llamamiento a la unidad de los partidos democráticos protagoniza la manifestación de Madrid. A la denuncia de Zapatero, sigue la foto de la multitud en el centro de Madrid. A la denuncia de la deslealtad del PP se une la petición de unidad de los partidos por parte de una multitud de españoles. Por un lado se perfila el binomio Zapatero-unidad; por el otro, Partido Popular-ruptura.
¿Fue una manifestación contra el PP, contra la AVT o contra ETA? En cuanto acto humano, encontrar leyes físicas será tan inútil como poco provechoso. Los hechos no son contra o a favor de alguien; son las intenciones las que nos interesa. La pregunta no es por la naturaleza de la manifestación, sino por las consecuencias que una de las partes sacó de ella y la interpretación que dio después. La pregunta carece de sentido más allá de la pregunta acerca de las intenciones y las conclusiones extraídas por unos y otros. Así pues, ¿consideraron los convocantes que la manifestación tenía como finalidad la unidad política? ¿Qué enseñanza extrajeron de la convocatoria de miles de personas quienes allí las convocaron?
El Periódico editorializaba el domingo 14, partiendo de la base de la unidad para desembocar en el dogma de un PP crispador; El PSOE ha dejado que fueran los sindicatos y otras organizaciones cívicas las que llevaran la iniciativa en la convocatoria de Madrid, sin otro propósito que acercar al PP a la marcha. Eligiendo a Regás y Grandes, conocidas centristas, le faltó decir al editorialista, que continúa con la doctrina oficial; no hay duda de que la división provocada por el PP, en momentos en los que la sensibilidad está a flor de piel, puede acrecentar la desconfianza en los políticos y el escepticismo. Unidad en torno al PSOE, desunión en torno al PP eran las dos conclusiones extraídas de la jornada anterior.
El País, en la página 25 incluye la crónica de la tarde, bajo el titular Más de 170.000 personas reclaman en Madrid la unidad para acabar con el terrorismo. ¡Bravo!, piensa el ciudadano preocupado por la división; apoliticidad, neutralidad, deshielo parecen sucederse en el grupo mediático que movilizó a los manifestantes en las concentraciones de Irak, del 13M, del Prestige. Pero un vistazo bastará para darse cuenta de que las calderas de la ideología funcionan a toda máquina en el diario independiente de la mañana; la noticia viene desarrollada en trece párrafos; de ellos, diez hacen referencia directa a la actitud del Partido Popular y a la Asociación de Víctimas del Terrorismo.
La siguiente página queda dedicada a los testimonios. Uno de ellos, un actor llamado José Sacristán da rienda suelta a su pacifismo; siento un profundo amargor de boca. Cólera, ira profunda, amargura ante la actitud de la derecha troglodita. ¡Y esos señoritos de la ETA, metidos entre percebes, incienso y dinamita! Que se llamen abertzales, pero que no se llamen de izquierdas! El entrevistado muestra su indignación contra la derecha, de escaso valor racional; pero el espíritu de unidad vociferado por el actor es recogido con entusiasmo por El País un día después.
¿Exabruptos extemporáneos de un radical? Sin duda. Las manifestaciones de la AVT han contado con reacciones igualmente primitivas, de aquellos a quienes los organizadores quisieran esconder para siempre, y que proporcionan al adversario elementos para la crítica. ¿Fue el tono general de la manifestación? Las crónicas cuentan que no; la izquierda más radical atacó con furia al Partido Popular e incluso se agredió a periodistas de TeleMadrid, pero más allá de eso, el comportamiento fue correcto, bastante alejado además de los disturbios que siguieron al No a la Guerra. Al tiempo que unos insultaban a la derecha, otra parte pidió unidad, atacó a ETA y se solidarizo con los muertos en una actitud similar a la de las manifestaciones de la AVT.
¿Representa el actor Sacristán el espíritu de la concentración? Si no es así, escaso sentido tiene recoger ésta y otras manifestaciones de parecida índole en media página. Y sin embargo, el periódico de mayor tirada de España dedicó gran parte de su información a destacar las críticas al Partido Popular, las declaraciones gruesas y matonescas del actor, los desafíos de parte de los manifestantes ante la sede de la calle Génova. La mañana del domingo día 14, el Frente de la Paz se lanzaba en titulares, editoriales y tertulias de radio a interpretar la manifestación en un único sentido. El lunes 15 El País publicaba un artículo de otro moderado demócrata, Santiago Carrillo, donde identificaba la ruptura del consenso del PP con una tendencia del PP a la militarización de la sociedad.
Acto Último y desenlace; unidad aniquilada
Al caer el telón, ya no había duda de la valoración de los convocantes; el día 12 llamaban con voz grave a la unidad, mientras por lo bajo radicalizaban la convocatoria para hacerla insoportable para la derecha. El día 14 ya no había motivo para seguir llevando la máscara de la unidad; todos sin excepción interpretaron la manifestación como una denuncia social al Partido Popular. ¿excusas de la derecha para no acudir a la manifestación? Lo cierto es que ha sido el propio Frente de la Paz el que ha interpretado la manifestación como una muestra de apoyo al pactismo con ETA y de denuncia de la actitud crispadora del Partido Popular. Durante una semana, la galaxia mediática y la coalición gubernamental hablaban de unidad y forzaban el discurso más allá de lo tolerable por el estómago de la derecha. Después, ya no había necesidad de seguir manteniendo la Gran Mascarada.
La Gran Mascarada escondía dos ideas. En primer lugar, la afirmación de que es necesaria la unidad de los demócratas ante la violencia, verdad tan evidente y abstracta que carece de sentido, y por lo tanto resulta fácilmente manipulable. Durante meses, desde la llegada del Frente de la Paz al poder, la palabra paz se convirtió en el dogma mitológico que eliminaba cualquier posibilidad de diálogo o discusión. Durante meses, fue el tótem sagrado de la izquierda; sus tribunales mediáticos condenaban a la COPE, a FAES, a Acebes o a La Razón de estar contra la Paz definitiva.
Pero los sacrificios en nombre de la Paz erosionaron demasiado al Gobierno, y produjeron una fractura en la calle de infausto recuerdo. ¿Qué hacer? Cuando el 30D amenazaba con tragarse los tratos del progresismo en el poder con ETA, el abrazo del oso pareció la mejor solución, para asfixiar a la víctima o para hacerla huir para siempre. Razón por la cual una manifestación por la paz, la del 3 de enero, se convirtió en una manifestación por la unidad, tal y como la entendían sus convocantes, CCOO y UGT, y más adelante PSOE, IU, Pilar Manjón, el SUP o Cultura contra la Guerra.
Pero en la imaginería progresista, la unidad implica necesariamente homogeneidad, identidad, inmovilismo. En la era inaugurada el 14M, la del No a la Guerra, Israel Genocida, la Educación para la ciudadanía y los sermones de Pedro Zerolo, la disensión está prohibida. El enemigo de la paz deja paso al enemigo de la unidad; entendida la paz como uniformidad total, el consenso garantiza la paz mejor que el pluralismo. El consenso ante ETA, la unidad ante el terrorismo se convierte en el segundo dogma progresista; el que se mueve de la mesa de negociación con ETA no es digno de salir en la foto de la democracia.
Sorpresa para distraídos, la paz cambia por unidad, pero su enemigo es el mismo. Durante la semana anterior al 13E, las llamadas a la unidad convivieron con la denuncia a la deserción del PP. En el desenlace posterior, los titulares de la Cadena SER eran elocuentes; Una multitud se manifiesta en Madrid contra ETA sin la presencia del PP y en relación con Bilbao, Decenas de miles de personas claman contra ETA en Bilbao sin el PP ni Batasuna.
Aún quedaba un último acto, aquel que a comienzos de semana daba sentido al resto. La intervención de Rodríguez Zapatero el día 15 en el Congreso de los Diputados proporcionaba la pieza definitiva, en la medida en que se desarrolló, en lo referente a la relación con los partidos políticos, en dos ejes bien delimitados: En primer lugar, afirmó Rodríguez Zapatero, un gran consenso democrático contra el terrorismo. Que aúne a las fuerzas no sólo de los dos grandes partidos sino a poder ser de todos los partidos democráticos de nuestro país. Más aún, no sólo de los partidos sino de las organizaciones sociales y cívicas mas representativas de los españoles, declaración en la tribuna que remite a la de los organizadores de la marcha del día 13.
En segundo lugar, Rodríguez Zapatero denunció al principal enemigo del gran consenso y de la unidad democrática; el Partido Popular. Tras la intervención de Mariano Rajoy, Zapatero anunció el calado histórico de su intervención; será recordado por el discurso de hoy, muestra de hasta qué punto se puede poner los intereses de partido por encima de la política de Estado. Y más adelante, reconozca que ha cometido un error al no apoyar al Gobierno en su lucha contra el terrorismo.
Entre el 3 de enero y el día 15, se desarrolló la Gran Mascarada; aquella que convirtió una manifestación contra ETA en una manifestación contra el Partido Popular y la derecha española. En primer lugar, y a la vista de todos, una manifestación fagocitó a otra; en segundo lugar, el cebo de la unidad fue agitado ante la cara de la derecha, que a punto estuvo de picar; en tercer lugar, la caza de la derecha cavernaria, a partir del día 9 de enero era ya pública y notoria. La comparecencia de Rodríguez Zapatero en el Congreso el día 15 era el punto y seguido de los doce días que comenzaron cuando los ecuatorianos, indignados, propusieron protestar contra ETA.
La manifestación del día 13 poco o nada tiene que ver con el asesinato de ETA del día 30 de diciembre. Su sentido, su pasado y su futuro remiten directamente a las manifestaciones del 11M, del No a la Guerra, del Prestige y constituyen el prólogo de la intervención de Rodríguez Zapatero el día 15 en el Congreso. Es decir, a la denuncia de la derecha como enemiga del consenso, de la paz y de la libertad. Aquello que Almudena Grandes, la heroína de la lucha por la unidad antiterrorista firmaba en marzo de 2004 para que se constituya un nuevo gobierno de una mayoría que no haga del miedo, las amenazas y los insultos su combustible para gobernar, puesto que la derecha, aquella a la que se invitó a participar unitariamente en los doce días de enero, dejara de manipular la información y su uso calculado y reiterado de falsedades en temas muy graves, su caudillismo unánime y su búsqueda de la división y el enfrentamiento constante han creado una vida civil y política que parece un paisaje de conflictos.