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Sarkozy en el ruedo
En letra impresa nº 679   |  16 de Enero de 2007
 

(Publicado en La Razón, 15 de enero de 2007)

Frente a la suave y sedosa Ségoléne, Sarko se ha lanzado al ruedo, con el apoyo previsiblemente unánime de su partido y la esperanza de convertirse en el candidato único de la derecha. Lo de “animal político” puede perfectamente haberse inventado para él, aunque “bestia política” tampoco le iría nada mal. No es muy de fiar como amigo pero es verdaderamente temible como enemigo. Como político puro la única predicción posible si gana es que es hará lo que le convenga para mantenerse en el poder y como francés puro, hijo de emigrante húngaro, defenderá sin pudor ni reparo los intereses nacionales de su país. Se adaptará con oportunismo y sentido pragmático a las circunstancias y los movimientos de opinión, pero el hombre no es una veleta, no se conforma con flotar, sabe lo que quiere aunque los demás no podamos saberlo con seguridad. Tiene estilo, tiene garra y un perfil ideológico definido.
 
Es más liberal, en el sentido clásico y europeo de la palabra, que la muy estatista derecha francesa. De él cabe esperar, cruzando los dedos, que comience a corroer las atenazadores regulaciones que resguardan la economía francesa de la competencia, constituyendo un pésimo ejemplo y una rémora para el desarrollo europeo, aunque sabiendo siempre que no le temblará el pulso cada vez que las conveniencias electorales le aconsejen un retorno al proteccionismo, proclamando, si necesario fuera, y no es una hipótesis sino un hecho real como la vida misma, que la de yogures es una industria de interés nacional al abrigo de irrupciones foráneas.
 
Tiene claro que las buenas relaciones con Estados Unidos son vitales para su país y para todo el continente, pero no duda en su discurso de aceptación de la candidatura en arrojarle una flor a su más cercano enemigo, el presidente Chirac, de cuyo gobierno es ministro, por su actitud respecto a Irak, por más que no se le oculte que ha sido una poderosa contribución a un desastre de proporciones mundiales del que en nada nos vamos a beneficiar. La unidad de la derecha en torno a su persona tiene de momento prioridad.
 
Esa mano tendida no alcanza por supuesto al ultra Le Pen, pero el zapateril antiamericanismo de éste le ha llevado, como a otro que conocemos, a un acercamiento a los islamistas, mientras que desde Interior Zarkozy ha seguido una política de coherencia y firmeza que no sólo no le ha restado simpatías sino que ha consolidado su prestigio. Y por cierto, no ha dejado de advertir a su colega español de que la tregua de ETA era un cuento euskaldún y la estaba aprovechando para rearmarse.


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