(Publicado en ABC, 12 de diciembre de 2006)
Chile vivió años turbulentos que marcaron la vida de varias generaciones. Afortunadamente todo eso quedó atrás. Con gran inteligencia política los chilenos negociaron un proceso de transición de la dictadura a la democracia y, desde entonces, las elecciones se han sucedido con normalidad y el país ha salido adelante.
Chile es la nación latinoamericana que mejor ha evolucionado en los últimos decenios. No sólo la democracia está allí más arraigada que en ningún otro estado de la región. Su economía ha sido dirigida con inteligencia. Han logrado, con la colaboración de España, un espléndido Acuerdo de Libre Comercio con Estados Unidos. Se han abierto hacia el área del Pacífico y, si no fuera por los manifiestamente mejorables gobiernos que les rodean, su presencia en América Latina sería mucho mayor.
En este admirable recorrido los chilenos han tenido que vivir con la incómoda presencia del general Pinochet. Su figura estaba inevitablemente presente en el debate político y en los procesos electorales. Les recordaba los sacrificios que tuvieron que hacer para garantizar la transición, en particular las garantías concedidas a los responsables de la Dictadura para que abandonaran el poder. Muchos fueron los intentos para llevarle ante los tribunales, pero antes de conseguirlo al viejo general se lo llevó la muerte.
Ya no está. Ahora Chile puede concentrarse en su futuro y dejar a los historiadores la compleja tarea de explicar aquellos años. La señora Bachelet tiene ante sí importantes retos. El primero es compaginar solidaridad con libertad, políticas sociales propias de un gobierno de izquierdas con la libertad económica que les ha situado en una posición de privilegio. El segundo, y no menos importante, es contener la amenaza populista a la democracia y a los mercados abiertos.
Chile es el ejemplo en la región de que la democracia no es el mejor de los regímenes políticos a la hora de garantizar la libertad individual, la justicia social y el progreso económico; es, sencillamente, el único.