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La controversia de los siete velos
Colaboraciones nº 1379   |  11 de Diciembre de 2006
 
(Publicado en Weekly Standard, 4 de diciembre de 2006)
 
El primer incidente de hijab en Europa tenía lugar en 1989 en Creil, un suburbio de París, cuando tres chicas estudiantes de instituto intentaron asistir a clase llevando el velo islámico. Las estudiantes fueron expulsadas. Quince años después, con el hijab extendiéndose con rapidez entre las musulmanas de Francia, el gobierno prohibía formalmente la vestimenta de símbolos religiosos en la escuela pública. En aquel momento, la mayor parte de los países europeos criticaron "la intolerancia" francesa y juzgaron el tema un problema exclusivamente galo. Pero no lo era. La mayor parte de los países europeos hoy -- y un buen número de países musulmanes -- debaten qué hacer con esta señal cada vez más problemática de la islamización.
 
Los británicos se encontraban entre los críticos más abiertos de la prohibición francesa -- en aquellos tiempos en los que aún estaban bastante complacidos con su propio modelo multicultural. Pero el 5 de octubre, el exministro de exteriores Jack Straw desvelaba que él pedía regularmente a las mujeres que iban a verle llevando el velo que se lo quitaran. Straw señalaba que los velos son malos para las relaciones comunitarias, y el Primer Ministro Blair añadía que el velo es "una marca de segregación". Este debate coincidía con la decisión de un director británico de despedir a una profesora asistente que rehusaba quitarse un velo de cara completa o niqab mientras impartía clase. Entrando en la refriega aparecía el autor Salman Rushdie, cuya elegante contribución era la declaración "Los velos huelen". Las tensiones se están disparando, alimentadas por las acusaciones de islamofobia por parte de algunos funcionarios musulmanes. Existe miedo a que puedan estallar disturbios raciales en algunos suburbios británicos.
 
Después está Alemania, donde cuatro estados han prohibido que las profesoras de centros públicos vistan el hijab. Algunas valientes mujeres nacidas en Turquía y dedicadas a la política hablaban del tema en una entrevista el 15 de octubre con el Bild am Sonntag. Una de ellas, Ekin Deligoz, miembro del partido de los Verdes en el parlamento, aconsejaba a sus congéneres musulmanas: "Vivís aquí, de manera que quitaos el velo". Añadía que el velo es un símbolo de la opresión femenina. A causa de sus declaraciones, Deligoz ha recibido amenazas de muerte y ahora se encuentra bajo protección policial.
 
Finalmente, en Italia, donde el niqab está prohibido, la controversia ha alcanzado nuevas cotas desde la emisión de un acalorado intercambio en un programa de debate en televisión. La parlamentaria de derechas Daniela Santanche se enfrentó al imán de una mezquita cerca de Milán, Alí Abú Shwaima. Decía Santanche: "El velo no es un símbolo religioso y no está prescrito por el Corán". Shwaima contestaba con furia: "El velo es una obligación exigida por Alá. Aquellas que no lo crean no son musulmanas. Usted es una ignorante y una falsa. Siembra el odio, es una infiel".
 
Viniendo de un imán, esta perorata llevaba casi el peso de una fatwa o edicto religioso en determinados barrios, donde pudo verse como una amenaza de muerte. Santanche ha recibido protección policial 24 horas. Afirma estar hablando claro porque las mujeres musulmanas obligadas a llevar el velo se lo pidieron. Declaraba al Sunday Times, "Es hora de dar la espalda a lo políticamente correcto. No es una cuestión de religión, sino de derechos humanos".
 
Y no solamente de Europa. Los países musulmanes no son inmunes a la controversia sobre el velo. En Egipto -- donde alrededor del 80% de las mujeres llevan velo hoy según la socióloga Mona Abaza -- el decano de la Universidad Helwán expulsaba recientemente a las estudiantes que llevaran el niqab. Llamativamente, Soad Saleh, ex decana de la facultad femenina y profesora de derecho islámico de la universidad islámica más prestigiosa del mundo, Al-Azhar de El Cairo, confirmaba que el niqab no es una obligación. Gamal al-Banna, hermano del fundador de la Hermandad Musulmana, va más allá: "Ni el Corán ni el hadith exigen que las mujeres lleven el velo".
 
Pero el país cuyo gobierno actualmente persigue el hijab de manera más vigorosa es Túnez. Vestir el hijab se ha extendido rápidamente por las ciudades tunecinas, forzando recientemente al Presidente Ben Alí a reactivar un decreto de 1981 prohibiendo la vestimenta del velo en las instancias gubernamentales, escuelas, universidades y lugares públicos en general. Su gobierno ve el hijab como una señal más de la indeseada pero creciente influencia de los islamistas en la sociedad de Túnez. Este pasado Ramadán, en una inversión del patrón estándar para la policía musulmana religiosa, se pudo ver a policías tunecinos quitando velos a las mujeres por la calle.
 
Las autoridades consideran inaceptable el hijab en un país que tan sólo en 1956 amparaba los derechos de la mujer con la prohibición del repudio (divorcio común iniciado por el varón), la poligamia, el matrimonio obligatorio, y concedía a la mujer el derecho de sufragio y la demanda de divorcio. Ben Alí ve en la mujer "una defensa sólida frente a las fuerzas de regresión del fanatismo y el fundamentalismo".
 
Llamativamente, la autora tunecina y feminista Samia Labidi, presidenta de AIME, una organización que lucha contra los islamistas, recuerda que ella personalmente comenzó a llevar el velo antes de la pubertad, después de que los islamistas le dijeran que el hijab era el pasaporte a una nueva vida, a la emancipación. Después de unos cuantos años se dio cuenta de que había sido engañada y de que el velo le hacía sentir como si "viviera en una cárcel". Al principio no pudo reunir valor para dejar de llevarlo a causa de la constante presión psicológica. Pero la prohibición de 1981 del hijab en los lugares públicos le obligó a quitárselo, y lo hizo encantada. La experiencia de Labidi sugiere que tanto en Túnez como en Francia, la reciente prohibición del hijab realmente ha ayudado a las mujeres musulmanas que son objeto de adoctrinamiento islamista.
 
Para los islamistas, el imperativo de obligar a las mujeres a llevar velo justifica cualquier medio. En ocasiones intentan comprar la resistencia. Algunas familias musulmanas francesas, por ejemplo, reciben 500 € (alrededor de 600 dólares) por barrio procedentes de organizaciones fundamentalistas musulmanas simplemente por hacer que sus hijas lleven el hijab. Esto también ha sucedido en Estados Unidos. En la práctica, la célebre y valiente psiquiatra sirio-americana Wafa Sultán explicaba recientemente al Jerusalem Post que después de mudarse a Estados Unidos en 1991, los saudíes le ofrecieron 1500 dólares al mes por cubrirse la cabeza y asistir a una mezquita.
 
Pero lo que más utilizan los islamistas es la intimidación. Una encuesta realizada en Francia en mayo del 2003 concluía que el 77% de las chicas que llevan el hijab afirman hacerlo a causa de las amenazas contra su integridad física procedentes de grupos islamistas. Una serie de artículos en el diario Libération en el 2003 documentaba cómo las mujeres y niñas de Francia que rechazan vestir el hijab son insultadas, rechazadas y a menudo amenazadas físicamente por los varones musulmanes. Una de las adolescentes entrevistadas decía, "Todos los días, hombres con barba me vienen y me aconsejan llevar el velo. Es una guerra. Por ahora no hay muertos, pero hay miradas y palabras que sí matan".
 
Las mujeres musulmanas que intentan revelarse son consideradas "putas" y tratadas como apestadas. Algunas de ellas quieren mudarse "a zonas sin musulmanes" para escapar. Sin embargo, esa podría no ser la solución, dado que los islamistas trabajan por toda Francia. El diario comunista L'Humanité entrevistaba en el 2003 a dos francesas católicas de nacimiento que decían haberse convertido al Islam y empezado a vestir el niqab tras el adoctrinamiento sistemático de la Hermandad Musulmana.
 
A la luz de esto, llevar el hijab podría ser o no una manifestación del libre ejercicio de la religión. Para muchas particulares, refleja lo contrario -- coacción religiosa. En la práctica, millones de mujeres son obligadas a vestir el velo por temor a represalias físicas. Y el miedo está bien fundado. Según Cheryl Benard, de RAND, cada año cientos de mujeres solamente en Pakistán y Afganistán son asesinadas, se les arroja ácido a la cara o son mutiladas de alguna manera por varones fanáticos.
 
Teniendo en cuenta la feroz determinación de los islamistas en este punto, vale la pena preguntar: ¿por qué es tan importante para ellos tapar a las mujeres? La respuesta obvia es que es un medio de control social. No es coincidencia que sea uno de los pocos temas en los que coinciden fundamentalistas sunníes y chi'íes. No es casualidad que el uso del hijab arrancara realmente en Irán después de que el régimen islámico llegase al poder en 1979. Algunas milicias chi'íes en Irak han comenzado realmente a obligar a las mujeres -- musulmanas o no -- a llevar el velo o afrontar las consecuencias.
 
Si este tema no fuera vital para los islamistas, ¿cómo se explica su reacción cuando Francia prohibía el hijab en la escuela pública? El número dos de Al Qaeda, Aymán al Zawahiri, "condenaba firmemente" la decisión del Presidente Chirac y amenazaba con acciones contra Francia. De igual manera, el jeque Fadlala, fundador y líder espiritual de Hezbolá, escribía a Chirac amenazando con "probables complicaciones" para Francia. Mohammed Jatami, expresidente de la República Islámica de Irán, solicitada al gobierno francés que "cancelase esta ley injusta".
 
Comentando recientemente el tema del velo y la estrategia de los islamistas, el profesor Iqbal Al-Gharbi, de la famosa Universidad Islámica Zaytouna de Túnez, explicaba, "El velo es simplemente la punta del iceberg. Detrás del velo viene la interpretación retrógrada de la sharia [ley coránica]. Están las tres desigualdades esenciales que definen esta interpretación: desigualdad entre hombres y mujeres, entre musulmanes y no musulmanes, y entre hombre libre y esclavos".
 
"El Islam es la solución" es el lema de la Hermandad Musulmana. En su lugar, la verdadera solución al problema del velo en Europa y en el resto de los países modernos es la derrota del Islam radical, haciendo posible la integración pacífica de los musulmanes normales en las sociedades occidentales según los términos occidentales.
 
Olivier Guitta es consultor en política exterior radicado en Washington DC


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