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Política exterior europea en el Líbano:¿Van en serio?
Apuntes nº 36   |  21 de Noviembre de 2006
 
El 14 de noviembre se cumplen 3 meses desde que la resolución 1701 de la ONU acabó con el conflicto de 34 días en el Líbano entre Israel y militantes de Hizbolá. Poco antes de que se adoptara la resolución en agosto, una serie de países de la Unión Europea – incluyendo Bélgica, Francia, Alemania, Italia, España y Suecia – se apresuraron a prometer el envío de tropas para reforzar la fuerza internacional de paz conocida como la Fuerza Interina de la ONU en el Líbano (FINUL), con el objetivo patente de forzar el cese de hostilidades y transformarlo en una tregua duradera.
 
En ese momento, el despliegue de fuerzas europeas en el Líbano se aclamó por los eurófilos como una oportunidad no sólo para demostrar la viabilidad de una política exterior común europea. Una renovada FINUL bajo un mando europeo combinado sirviendo como el brazo militar de la Unión Europea podría diferenciar a Europa de Estados Unidos y su intervención en Irak. Mientras que Estados Unidos empieza guerras, Europa acaba con ellas, eso según su arrogante lógica. 
 
Pero ¿qué es lo que los europeos han conseguido exactamente desde que llegaron al Líbano? Parece que mucho no ha sido. Por el contrario, los líderes europeos parecen extrañamente indiferentes al creciente caos dentro del Líbano.
 
Lo que es cierto tres meses después del fin de las hostilidades es que la situación política interna en el Líbano está tan tensa como siempre y el gobierno del Primer Ministro Fuad Siniora se tambalea al borde del colapso. Hizbolá se está rearmando y sus combatientes se están reentrenando y marcando nuevas posiciones militares para la reanudación de su guerra contra Israel. Agravando estos problemas, no se están haciendo cumplir numerosas provisiones de la resolución de la ONU que protegían el actual alto el fuego. 
 
La resolución 1701 de la ONU declara, por ejemplo, que es necesario “abordar con urgencia las causas que han dado lugar a la actual crisis, incluyendo la liberación incondicional de los soldados israelíes secuestrados y que eso debía ocurrir de forma simultánea con el cese de las hostilidades. Sin embargo, no sólo no se ha liberado a los dos soldados israelíes sino que ni siquiera se ha presionado a Hizbolá para que dé indicios de si están aún con vida.
 
La resolución también exhorta a un embargo de armas. Prohíbe “la venta o suministro de armas y materiales relacionados de cualquier tipo a entidad o persona alguna en el Líbano, incluyendo armas y munición, vehículos militares y equipo, equipo paramilitar y recambios para los artículos antes mencionados”. Pero Terje Rød-Larsen, el enviado de Naciones Unidas para los asuntos del Líbano y Siria, dijo el 30 de octubre que representantes del gobierno libanés “han declarado públicamente así como en conversaciones con nosotros que han estado entrando armas en el Líbano a través de la frontera”. El ministro de Deefensa israelí se ha hecho eco de estas preocupaciones afirmando que “Israel tiene evidencia irrefutable de que actualmente Siria está transfiriendo armas y municiones al Líbano”.
 
Además, la resolución 1559 de la ONU, que se adoptó hace más de 2 años para impulsar la soberanía del gobierno libanés, hace un llamamiento a la disolución y el desarme de todas las milicias en el país. Y la resolución 1701 de la ONU instruye a los pacificadores de que se cercioren que la frontera sur del Líbano con Israel esté “libre de cualquier personal armado y de armas excepto por las de las fuerzas armadas libanesas y de la FINUL”.
 
Pero los comandantes europeos admiten que tienen prohibido por parte de sus amos políticos que busquen activamente las armas de Hizbolá en el Líbano y que no son capaces de evitar que entren armas desde Siria al Líbano. En realidad, los europeos son impotentes ante Hizbolá. Para ilustrar el caso: A mediados de octubre, una patrulla de pacificadores españoles fue detenida por combatientes de Hizbolá. Los españoles llamaron al Ejército libanés pidiendo apoyo, pero nunca se apareció nadie. Los españoles tuvieron que regresar.
 
Frustrados por su impotencia en el cara a cara con Hizbolá, el comandante de la FINUL, el General Mayor francés Alain Pellegrini más bien la emprendió contra Israel, amenazando con derribar aviones de reconocimiento israelíes que están evaluando el daño causado por el fracaso del propio Pellegrini haciendo cumplir la resolución 1701 de la ONU. Efectivamente, las misiones israelíes para recoger información no sólo están vigilando a Hizbolá mientras reconstruye su infraestructura militar debajo de las mismísimas narices de la ONU sino que también intentan asegurarse de que no transfieran a los prisioneros israelíes a Siria o a Irán.
 
Las amenazas de Pellegrini fueron repetidas unos días después por el Coronel Alexandre Lalanne-Berdouticq, que amenazó a Israel con “la posibilidad de que los franceses tengan que abrir fuego si aviones de la Fuerza Aérea israelí siguen sobrevolando el Líbano”. Israel respondió que “seguirá patrullando los cielos libaneses mientras que la resolución 1701 de la ONU no sea implementada”. También advirtió a la FINUL que Israel actuará “unilateralmente si no se acaban las entregas de armas a Hizbolá”. 
 
Las bravuconerías por parte de oficiales militares europeos son un juego peligroso: aumenta las posibilidades de que las fuerzas europeas e israelíes se enfrenten en un incidente hostil. Este riesgo quedó patente el 24 de octubre cuando aviones israelíes dispararon señuelos sobre el buque de reconocimiento alemana Alster en aguas internacionales a las afueras de la costa libanesa. El Alster es una nave espía equipada con un modernísimo sistema de escuchas telefónicas que puede localizar con precisión aviones israelíes de camino a sus misiones de vigilancia en el Líbano. Sin embargo, la nave no pertenece oficialmente al equipo FINUL de Alemania. En realidad, el fallo de Alemania al no informar a Israel del despliegue del Alster es lo que ha provocado la confusión. El incidente recuerda ese mortal accidente en junio de 1967 cuando la Fuerza Aérea israelí bombardeó el barco espía americano USS Liberty. Murieron 34 marineros y 174 resultaron heridos.
 
En todo caso, el incidente del Alster muestra que la seguridad israelí es lo último en la mente de los gobiernos europeos. Sin duda, pocos israelíes tenían ilusión alguna de que la nueva FINUL fuese a actuar enérgicamente contra los combatientes de Hizbolá o que fuesen a esforzarse en serio para detener el envío de armas desde Siria. Más bien, lo máximo a lo que aspiraban era que la FINUL reforzase de alguna forma al gobierno de Siniora.
 
Pero en una declaración poco usual, la Casa Blanca dijo el 1 de noviembre que “estaba cada vez más preocupada por la creciente evidencia de que los gobiernos sirio e iraní así como Hizbolá y sus aliados están haciendo planes para derrocar al gobierno del Líbano, elegido democráticamente”. Y en verdad parece ser que Hizbolá y sus aliados están tramando una enorme ofensiva contra Siniora para evitar que el gobierno libanés apruebe la presencia de un tribunal con apoyo de la ONU para enjuiciar a los acusados de participar en el asesinato del Primer Ministro Rafik Hariri en febrero de 2005. Aunque Siria ha negado su participación, se han visto implicados funcionarios de la inteligencia siria, incluyendo a parientes cercanos del presidente Bachir al-Assad.
 
Y así, mientras la lucha por el futuro político del Líbano continúa, parece más evidente que en su prisa por desplegar fuerzas en Oriente Próximo, los políticos europeos obtendrán más que con lo que contaban. Los franceses pueden llamarlo matiz, pero el mandato de la FINUL y sus reglas de enfrentamiento claramente nunca fueron tan “robustas” como los europeos afirmaron al principio.
 
El gobierno alemán está ahora bajo ataque de los políticos de la oposición por engatusarlos a entrar en la misión del Líbano de forma engañosa. Según los del Partido Democrático Libre, la misión de la FINUL es una “farsa”. Bienvenidos al extraño nuevo mundo de la política exterior europea en acción.


 
 
Soeren Kern es licenciado del School of Foreign Service de la Universidad de Georgetown, con especialización en diplomacia y seguridad internacional y de la Universidad Hebrea de Jerusalén en política internacional. Como Analista del Grupo asume la responsabilidad del área de Relaciones Transatlánticas.
 
 
©2006  Traducido por Miryam Lindberg


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