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Ganan los Republicanos
Colaboraciones nº 1334   |  16 de Noviembre de 2006
 

(Publicado en The Washington Post, 10 de noviembre de 2006)

¿Cuán serio es "el varapalo" que recibieron los Republicanos el martes? Perder una cámara es significativo, pero el absoluto histórico. Perder ambas cámaras, sin embargo, es derrota de un orden de magnitud distinto, el equivalente en el sistema parlamentario a una moción de censura.
 
El martes, los Demócratas lograron el control de la Cámara y el Senado. A momento de este escrito, ganan 29 escaños de la Cámara (con un puñado aún en vilo), ligeramente por debajo de la media post-1930 de irritación de seis años con una presidencia de dos mandatos. Lograron el control del Senado por el más estrecho de los márgenes -- mayoría de un voto, entregado por un margen de 7188 votos en Virginia y 2847 en Montana.
 
Puesto que ambas cámaras han pasado a ser Demócratas, las elecciones son vistas correctamente como expresión de censura en el tema central de la campaña: Irak. No fue tanto la propia guerra como la política percibida de la administración de "mantener el curso", que implica la intervención sin fin sin ninguna victoria a la vista. El presidente captó el mensaje. De ahí la dimisión sumaria del chivo expiatorio designado, el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld.
 
No obstante, la diferencia entre hacerse con una cámara versus las dos -- y por tanto entre pérdidas normales de un partido en el poder seis años y un importante terremoto que agita la presidencia -- estuvo cogida por los pelos en estas elecciones. Un giro de apenas 1424 votos en Montana habría conservado Republicano el Senado.
 
Un margen así de estrecho ya no debe sorprendernos. Porque durante esta década entera el país ha estado dividido políticamente de manera uniforme. Los Republicanos obtuvieron el control pero mediante mayorías muy reducidas. En el 2000, las elecciones presidenciales fueron zanjadas por un margen ridículamente pequeño. Y el Senado acabó en tablas 50-50. Todos los cambios desde entonces han sido menores. Hasta la fecha.
 
Pero la gran oleada Demócrata del 2006 no es nada remotamente comparable al gran cambio estructural que algunos están anunciando a los cuatro vientos. Fueron unas elecciones orientadas que dieron lugar al cambio de poder que uno esperaría cuando un electorado precisamente equilibrado se inclina ligeramente de un lado o de otro.
 
Esto no es realineamiento. Como viene siendo el caso desde hace décadas, la política americana continúa librándose entre las líneas de 40 yardas. Los europeos luchan portería frente a portería, desde la izquierda socialista a la derecha ultranacionalista. En el espectro político norteamericano, estos extremos son insignificantes. Las elecciones americanas se deciden según argumentos ideológicos mucho más estrechos. En estas elecciones, los Demócratas llevaron el balón desde su extremo del campo hasta el extremo Republicano.
 
El hecho de que los Demócratas cruzaran la mitad del campo no convierte estas elecciones en un gran cambio anti-conservador. Las pérdidas Republicanas incluyen una masacre de Republicanos moderados en el noreste y el medio oeste. Y los beneficios Demócratas incluyen la suma de muchos Demócratas conservadores, reclutados brillantemente por el Representante Rahm Emanuel con triangulación Clintoniana clásica. De ahí Heath Shuler, de Carolina del Norte, antiaborto, a favor de tener armas, anti-impuestos -- y ahora congresista Demócrata.
 
El resultado es que ambos partidos se han desplazado a la derecha. Los Republicanos se han deshecho de los últimos vestigios de su pasado centrista, el Rockefeller Republicano. Y los Demócratas han expandido su tienda para incorporar una nueva cepa de conservadores de izquierda.
 
Además, las iniciativas indirectas hacen bastante problemática la afirmación de un importante cambio anti-conservador. En Michigan, los Demócratas liberales barrieron en las carreras gubernamental y senatorial, pero una iniciativa indirecta para abolir la discriminación positiva fue aprobada 58 a 42. Siete de ocho enmiendas anti-matrimonio homosexual a las constituciones del estado fueron aprobadas. Y nueve estados aprobaron referendos garantizando los derechos a la propiedad individual frente al poder de expropiación del gobierno.
 
Para confundir aún más el presunto significado ideológico de estas elecciones, considere quién es el mayor ganador de la noche: Joe Lieberman. Hace apenas unos cuantos meses era despreciado por su partido y abandonado a su suerte. Ahora vuelve al Senado como el escaño 51 de los Demócratas -- y llave del equilibrio de poderes. De baja de combate, a quien corta el bacalao político, en tres meses. No está mal. Sus colegas Demócratas que le abandonaron este verano ahora le tratarán muy bien.
 
Lieberman ganó con una plataforma que no adornó o evadió buscar la victoria en Irak. Y lo hizo a pesar de tener a un Republicano en la carrera que trasvasó el 10% del voto pro-guerra. Todo esto en Connecticut, un estado muy Demócrata.
 
Las opiniones del público acerca de lo que tendríamos que hacer continúan confusas, al igual que sus inclinaciones ideológicas generales. ¿Qué sucedió el martes? El electorado ejerció voto de castigo por disgusto con la corrupción y en profunda insatisfacción con la presente política en Irak. Leer mucho más en estas elecciones es síntoma o bien de depresión Republicana, o de confusión Demócrata entre sueños y realidad.


 

 
 
Charles Krauthammer fue Premio Pulitzer en  1987, también ganador del National Magazine Award en 1984. Es columnista del  Washington Post desde 1985.


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