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La mortal partida de Hezbolá
Colaboraciones nº 1332   |  15 de Noviembre de 2006
 

(Publicado en The Washington Times, 26 de octubre de 2006)

Cuando terminó la reciente guerra Israel-Hezbolá, el recién organizado consejo de derechos humanos de Naciones Unidas, presionado por sus miembros islámicos, dedicó sus dos primeras sesiones a criticar a Israel, presuntamente por provocar fuertes bajas civiles. Pero ahora se conocen ya los detalles de la secreta operación de Hezbolá, preparada mucho antes de la guerra y centrada, en violación del derecho internacional, en poner en riesgo civiles, contribuyendo significativamente a esta cifra una vez que comenzaron las hostilidades.
 
A modo de contexto, a principios de los años 80, Siria, que controlaba el Líbano, permitió a regañadientes que un grupo de 500 miembros de la Guardia Revolucionaria iraní entrase en la ciudad libanesa de Baalbek, proporcionando la simiente de la que Hezbolá saldría en el futuro. Financiada por Teherán, esta organización terrorista empezó a ganarse el apoyo de la población local, proporcionando diversos servicios sociales. Así, cuando el popular Hezbolá se embarcó en secreto en actividades con un propósito más siniestro -- poner en peligro la ciudadanía libanesa a la que presuntamente pretendía proteger con el fin de lograr ventaja táctica contra Israel en cualquier futuro conflicto -- la población local aceptó a ciegas esta actividad sin conocimiento de lo que había en juego.
 
Esta actividad en la que se embarcó Hezbolá fue la reconversión de casas privadas en mini- enclaves militares desde los que atentar con facilidad contra la población civil de Israel. Disfrazándose de escudo protector, Hezbolá preparó en la práctica una columna de civiles libaneses incautos a ser masacrados en beneficio de su propia capacidad de lucha.
 
Mucho antes de que estallaran las hostilidades el 12 de julio, los equipos de construcción de Hezbolá habían salido y modificado numerosas casas libanesas, en ocasiones con el permiso del propietario, pero la mayor parte de las veces sin él; los trabajadores empezaban a hacer añadidos a una habitación grande de función única. Estas salas, cuando estaban terminadas, carecían de un elemento esencial de todas las habitaciones -- la puerta. Cada sala era sellada -- pero exclusiva, e inmediatamente, después de que un objeto fuera colocado dentro.
 
A menudo los vecinos y los propietarios no sabían qué es lo que estaba siendo emparedado dentro de la habitación, puesto que la inserción del objeto y posterior sellado de la habitación normalmente tenía lugar por la noche -- con el objeto siempre mantenido en secreto.
 
Las residencias que Hezbolá seleccionó para estas "mejoras domésticas" no solicitadas fueron elegidas por su proximidad a la frontera israelí. Cuando se inició el conflicto después de que Tel Aviv respondiera a la incursión trasfronteriza de julio por parte de Hezbolá, tras la muerte de tres soldados israelíes y el secuestro de dos más, el propósito de las mejoras domésticas secretas pasó a ser evidente para los propietarios -- aunque muchas fueron destruidas por ataques aéreos israelíes antes de poder ser activadas.
 
Cuando estalló la guerra en el sur del Líbano, líderes selectos de equipos de combate de Hezbolá recibían sobres, conteniendo cada uno una dirección de una de las casas alteradas. El equipo se desplegaba rápidamente a su ubicación asignada, echando abajo inmediatamente una pared exterior de la sala sellada. Cada sobre contenía instrucciones para apuntar y disparar el objeto dispuesto dentro de la sala antes de ser sellada -- un misil tierra-tierra montado sobre un lanzador. Tras eliminar parte del techo para permitir el vuelo sin obstáculos y a una orden, el equipo disparaba el misil, lloviendo muerte y destrucción sobre la población civil de Israel.
 
Hubo un importante fallo en el plan de reconversión de casas en plataformas de lanzamiento de misiles de Hezbolá: sus actividades de construcción no habían pasado por alto a la Inteligencia israelí. Monitorizando de cerca las actividades de Hezbolá, conocían con anticipación las ubicaciones de la mayor parte de los enclaves. Al terminarse cada sala, había sido añadida a la lista de objetivos de Israel, de modo que una vez comenzado el combate, podía ser rápidamente destruida -- sus huéspedes civiles en muchos casos se convertían en daños colaterales del uso ilegal de tal táctica por parte de Hezbolá.
 
Israel recibió gran cantidad de prensa negativa por no evaluar con precisión la amenaza de Hezbolá. Claramente ocurrieron algunos errores, como evaluar lo profundamente que Hezbolá se había atrincherado en el sur del Líbano y la capacidad de Hezbolá, sin duda con asistencia iraní, de monitorizar las comunicaciones israelíes de batalla.
 
Pero Israel debe ser aplaudido por su éxito a la hora de identificar antes de tiempo la amenaza planteada por el uso práctico de hogares privados por parte de Hezbolá para fines militares -- una amenaza que la fuerza aérea israelí fue entonces capaz de neutralizar con eficacia. El representante israelí ante Naciones Unidas, Dan Gillerman, aludía dos días después de iniciado el conflicto a estas prácticas ilegales de Hezbolá, una referencia aparentemente perdida en los medios, que fracasaron a la hora de investigar más.
Hezbolá había diseñado un plan táctico calculado para maximizar las bajas civiles a ambos lados del campo de batalla -- en el lado israelí apuntando a los principales centros de población y como consecuencia, en el lado libanés, al responder Israel. Mientras que desde la perspectiva israelí esta práctica fue neutralizada por completo en virtud de la buena información de Inteligencia, desde la perspectiva libanesa muchos civiles de estos enclaves de lanzamiento fueron obligados a pagar el precio último. Tristemente, desde la perspectiva de Hezbolá, estas bajas no son sino peones prescindibles en su partida contra Israel.


 

 
 
James G. Zumwalt es Marine veterano de las Guerras del Golfo y de Vietnam, y es colaborador de The Washington Times.


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