La mayoría de Latinoamérica renació a la democracia en los últimos 30 años y aunque el sistema se mantiene, su fortaleza empieza a tambalear debido al cambio estructural que quieren imponer los progres y a los afanes de Hugo Chávez de convertir al continente en un paraíso comunista. La democracia está siendo burdamente utilizada como estandarte para cometer cualquier tipo de ultrajes, que pueden acabar con la libertad.
Cuando un país de la dimensión de México puede caer bajo la influencia desestabilizadora del Teniente Coronel, todos deberían temblar. Por el momento pasó el oleaje post-electoral mexicano, pero se avecinan conflictos mayores si el maniático se mantiene de mandamás en Miraflores. Pese a que se achica la diferencia en las encuestas sobre votación otorgando un margen de diferencia a favor de Chávez de sólo un 4 por ciento, (52 para el coronel y 48 para Rosales), se teme que el fraude electoral en Venezuela será apoteósico, si Chávez gana, utilizará todo su poderío económico y sus alianzas con los musulmanes, para dominar por las buenas o por las malas, desde el Río Grande al sur.
El retorno de Daniel Ortega como presidente “democrático” de Nicaragua, muestra la incapacidad de los pueblos para elegir a sus gobernantes. Otro ejemplo, menos doloroso pero igualmente pobre, es Alan García, que fue electo como última alternativa ante un desértico panorama político congruente. La falta de conocimiento de los actos cometidos por sus ex gobernantes por parte de las grandes mayorías, no deja de asombrar. En Argentina el peronismo se mantiene vigente y las juventudes justicialistas que ni siquiera habían nacido cuando Perón murió, siguen agarrándose a trompadas a nombre de su líder que nunca conocieron.
El Comandante Ortega dejó decenas de miles de muertos en su nefasto paso por el poder, pero en vez de juzgarlo como se hizo con los militares de derecha en el resto del hemisferio, la timorata Violeta Chamorro lo premió dejándolo actuar libremente, delegando el poder militar en manos de los sandinistas.
Con el dinero que Chávez va a invertir en el líder nicaragüense para fortalecer su régimen, el eje bolivariano va tomando cuerpo y se va ampliando. Serán Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y casi de seguro Ecuador, -con el ex golpista Lucio Gutiérrez-, que se someterán al mando del venezolano y tendrán el apoyo diplomático de Argentina, para hacer inimaginables locuras en el colorado mapa político latinoamericano.
De los cinco países mencionados el único que no estará dirigido por un militar, es Bolivia, pero Morales -de soldado raso-, es una ficha conveniente porque sólo acata órdenes, lo que lo convierte en un perfecto instrumento de manipuleo para los demás. ¿Si los militares golpistas de la izquierda están accediendo a las urnas democráticamente, los de la derecha podrán intentarlo? Latinoamérica tenía una larga lista de ambiciosos candidatos pero ya se les pasó el momento, tal vez surjan nuevos rostros, aunque pareciera que la insensata plebe anda buscando caras conocidas que la oprima.
La mano dura que se implantó durante los gobiernos de facto derechistas, está pasando a manos de los izquierdistas, bajo el débil manto de la legalidad. Si continúa la desfachatada alianza populista aspirando consolidar un club antiamericano, pro árabe, anticapitalista, que gobierne despóticamente bajo las órdenes de Chávez, tarde o temprano habrá una reacción que puede resucitar a las Fuerzas Armadas de su ausencia política y tal vez aparezcan los otros militares, pero sin que les de el tiempo para postularse como candidatos democráticos.
La peor democracia, es siempre mejor que la mejor dictadura. Pero ¿son democráticas las imposiciones de Chávez y Morales? Desde el momento en que el héroe máximo para ambos gobernantes es Fidel Castro, -tal como lo fue para otros presidentes latinoamericanos que no se atrevían a decirlo públicamente pero que le abrieron las puertas de par en par-, estamos ante la presencia de individuos totalitarios que van a intentar quedarse en el poder de por vida.