(Publicado en La Razón, 9 de noviembre de 2006)
Casi empate representa una derrota para los republicanos, lo que para Bush es una zurra, no una paliza. Lo que el «casi» significa que depende de los dos últimos puestos en liza en el Senado. Si se los llevan los demócratas, quedando 51-49, finalmente han ganado, por los pelos en términos electorales, pero por bastante más en ejercicio del poder. Si los consiguen los republicanos, habrán obtenido una magra victoria, el 51-49 a su favor, aunque su retroceso respecto a la situación anterior sea apreciable. Con 50-50 los republicanos conservan una ventaja que puede compensar su pérdida absoluta pero pequeña en la Cámara de Representantes. Ese oculto tanto a favor consiste en que el presidente del Senado, que es el vicepresidente de la nación, tiene un voto de desempate.
En la House los demócratas necesitaban una ganancia neta de 15 escaños para la mayoría absoluta. Han obtenido doce por encima de ésta. Contra los 435 puestos que totaliza el órgano parlamentario no es nada abrumador, tres por debajo de la mayoría de la que gozaban sus rivales hasta ahora, pero precisamente por la estrechez del margen cada voto parlamentario cuenta. Para alentar el abstencionismo conservador en sus deseos de castigar al presidente de su bando, el partido del burro ha tenido la sabiduría de presentar un buen número de candidatos relativamente moderados, o que se han hecho pasar por tales, cuyas posiciones no inquietaran a los que tienen por emblema el elefante. Esto ha aupado al poder dentro de la cámara a un liderazgo mucho más radical, simbolizado por Nancy Pelosi, jefa de la hasta ahora minoría demócrata y futura «speaker», es decir presidenta de la Cámara. Veneno puro que repele a los perdedores. ¡Cuidado que viene la Pelosi! ha sido un grito de campaña de sus enemigos. No fue suficiente, pero a ver qué hace o deja de hacer para no movilizar en las presidenciales del 2008 a los republicanos que ahora se han quedado en casa.
Debido a la existencia de un cierto número de demócratas moderados, la Casa Blanca podrá contar casi siempre con algunos votos de los nuevos vencedores. Una mayoría de 6 o 7 no hubiera sido problema. Con 12 las oportunidades disminuyen. Con todo, el verdadero significado de la victoria demócrata en el número de representantes es que podrán nombrar a los presidentes de las comisiones, con poder para fijar su agenda y por tanto para mantener una guerrilla contra el Ejecutivo. Lo más grave sería si cediesen a su tentación de iniciar un «impeachment» contra Bush, sin posibilidades de ganarlo, por la fluctuación de votos, e inmensamente injusto si se basa en el tan deshonestamente manipulado tema de la ausencia de Armas de Destrucción Masiva en Irak, pero con una enorme capacidad de paralizar el Gobierno. Este espectro se ha cernido sobre la campaña y muchos candidatos, empezando por la autorizada Pelosi, se apresuraron a enfundarse la piel de cordero y proclamar que ese asunto estaba fuera de cuestión. Pero las tentaciones están para caer en ellas y los demócratas se encuentran con el problema de un núcleo muy izquierdista del que no pueden prescindir y al que no deben defraudar hasta el punto de que se consideren traicionados. En las próximas elecciones serían ellos los que se quedasen en casa con consecuencias previsibles.
Si finalmente el partido del gobierno pierde el Senado la consecuencia con más implicaciones de futuro será su imposibilidad de llenar las vacantes de jueces con juristas de su cuerda. Esta es una batalla importantísima en la que todas las familias republicanas están unidas. Fue un factor de cohesión que contribuyó a la victoria del 2004, y de manera inexplicable, como no sea el error humano, ha sido el gran ausente en estas elecciones. Algunos comentaristas lo intentaron a última hora, pero no ha estado en la campaña. Durante años los demócratas han ido llenando los tribunales de magistrados izquierdistas que reinterpretan la Constitución de acuerdo con su ideología, emitiendo sentencias que, dada la importancia del precedente en el sistema jurídico anglosajón, equivalen en la práctica a enmiendas constitucionales que nadie ha votado. El destino de esos dos escaños es por tanto vital. A escala del entero Congreso, que es como en Estados Unidos se denomina al conjunto de las dos cámaras, no a una de ellas, como en España, los demócratas tendrán más capacidad para bloquear las iniciativas de la Casa Blanca que para imponer las suyas. Las agendas chocan en muchos puntos pero el gran caballo de batalla es Irak, donde los ahora ganadores cuentan con las dudas e inquietudes de los parlamentarios republicanos. Si ha sido decisivo en estos comicios mucho más lo puede ser en las presidenciales del 08, donde todos los ojos estarán puestos de ahora en adelante, si es que alguno no lo estaba ya. En ello contará la principal virtud/defecto de George W. Bush, su tozuda tenacidad, las tremendas contradicciones entre las que se tienen que mover las huestes de Pelosi y la censura del pueblo americano a los procedimientos seguidos y resultados cosechados, unida a una todavía clara falta de voluntad para encajar una derrota y la consciencia de lo muchísimo que está en juego. La consciencia explica la voluntad a pesar de la censura.