Renunciando expresamente a la búsqueda de la verdad acerca de los hechos materiales, los comisionados admitieron y fomentaron el enfrentamiento que hoy estalla en los medios de comunicación. La búsqueda de la verdad en nombre de la nación, por encima de las divisiones partidarias, fue mandato esencial de la Comisión del 11S; la renuncia a ella por parte de los diputados españoles fue la plasmación institucional de la crisis de la nación española, y abrió las puertas aún más al enfrentamiento.
Rechazar la verdad, ahondar la división
Desde que se propuso su formación, la Comisión del 11S trató de conjugar el principio de unidad nacional y el principio del pluralismo político; también desde su inicio, la Comisión del 11M eligió sacrificar el principio de la unidad nacional en nombre de la partitocracia. En Estados Unidos, la tendencia a la división quiso ser limitada en nombre de la verdad de la nación, por encima de la verdad del partido. En España, ni a la clase política ni al resto de categorías dirigentes se les pasó por la cabeza un formato distinto al del reparto descarnado de puestos y objetivos en la Comisión, que santificaba el principio del pluralismo sobre todo lo demás.
¿Cuál fue el resultado de ambas investigaciones? De los propósitos a los resultados, de la composición a la conclusión, ambas comisiones mostraron el carácter de la clase política y de la sociedad de la que surgieron. Las conclusiones norteamericanas tuvieron como eje y pilar indiscutible la narración de los hechos materiales que sacudieron a la nación; las conclusiones españolas tuvieron como eje y pilar indiscutible la interpretación partidista que la mayoría parlamentaria surgida el 14M venía manifestando en la calle desde mucho tiempo atrás de que estallara la primera bomba. Los estadounidenses presentaron una versión oficial que satisfizo a todos menos a aquellos creyentes en teorías conspiratorias; los comisionados españoles presentaron una versión que sólo satisfizo a los creyentes que se manifestaban el 13M en exigencia de la verdad y que se olvidaron de ella tras el 14M.
Cuestión esencial que muestra las causas y las consecuencias de la Comisión del 11M. Causas porque una sociedad dividida da lugar a unas instituciones sumidas en la división y el enfrentamiento, y la Comisión del 11M no fue otra cosa que eso. Consecuencias porque los comisionados, renunciando expresamente a la búsqueda de la verdad acerca de los hechos materiales, admitieron y fomentaron el enfrentamiento que hoy estalla en los medios de comunicación. La búsqueda de la verdad en nombre de la nación, por encima de las divisiones partidarias, fue mandato esencial de la Comisión del 11S; la renuncia a ella por parte de los diputados españoles fue la plasmación institucional de la crisis de la nación española, y abrió la puerta aún más al enfrentamiento.
Al sepultar el rigor y la búsqueda de la verdad con las luchas partidistas y la ideología, los comisionados no sólo eran víctimas de la división social; fueron incapaces de mostrar a la opinión pública una verdad común basada en hechos incuestionables que unieran, más allá de las interpretaciones, a unos y otros; una verdad común surgida de la Comisión no quedaría totalmente garantizada, pero mostraría la voluntad de lograr una base nacional. Nada de eso ocurrió, y el Dictamen de la Comisión del 11M mostró, junto al Informe de la Comisión del 11S, la diferencia entre dos sociedades y dos regímenes políticos. Hoy sufrimos las consecuencias de todo ello.
De Manhattan a Atocha; de los hechos a la ideología
En julio de 2004, la Comisión del 11S reunió su investigación en
The 9/11 Report, voluminosa obra que abarca parte de la narración de los hechos materiales de la mañana del 11 de septiembre. En el primer capítulo, “We have some planes”, la Comisión narra los hechos tal y como se sucedieron desde el momento en que los secuestradores embarcan en los aviones hasta que se estrellan en el Pentágono y el World Trade Center. Al tiempo, los comisionados relatan los pasos dados por las distintas administraciones implicadas durante el secuestro.
El marco teórico-estratégico del terrorismo y de la respuesta a ellos aparece estudiado en los capítulos 2, “The Foundation of the New Terrorism” y 3, “Counterterrorism Evolves”. allí se aborda la evolución, tanto del islamismo como del propio Ben Laden. En relación con éste, los capítulos 4,5 y 6 abordan la situación de Estados Unidos en el punto de mira del terrorismo islamista en las últimas décadas y la reacción de la nación: “Responses to Al Qaeda’s Initial Assaults”, “Al Qaeda Aims at the American Homeland”, “From Threat to Threat”.
La llegada de los terroristas a EEUU, la preparación y organización se realiza de manera exhaustiva en el capítulo 7; “The Attack Looms”, y sus cuatro partes; “First Arrivals in California”, “9/11 Pilots in the United States”, “Assembling the Teams”, “Final Strategies and Tactics”. En el capítulo 8, “The System was Blinking Red”, los comisionados relataban los últimos movimientos antes del golpe, las últimas líneas maestras estratégicas y tácticas, así como los agujeros en la seguridad y la inteligencia norteamericana en los meses previos; en el verano de 2001, las informaciones debieron hacer saltar todas las alarmas, pero no lo hicieron, y CIA, FBI y NSA caminaron cada una por su lado. El capítulo 9, “Heroism and Horror”, retoma lo acontecido la mañana del 11 de septiembre.
La respuesta de los Estados Unidos a los ataques es abordada en el capítulo 10; “Wartime”. Las recomendaciones y perspectivas aparecen en los tres últimos capítulos; “Foresight and Hindsight”, “What To Do? A Global Strategy” y “How To Do it? A Different Way of Organizing the Government”. Es decir, puede dividirse el trabajo final de la comisión del 11S en tres grandes temas: uno dedicado a la reflexión teórica, estratégica e histórica acerca del terrorismo islamista y otro dedicado a las reformas y cambios necesarios para hacerle frente. Como nexo de unión, el capítulo 1 y el capítulo 9 forman el hilo argumental; éste no es otro que la narración aséptica de los hechos materiales de la mañana del 11 de septiembre, que encuentra su continuación en la organización y preparación de los atentados.
El Dictamen de la Comisión del 11M mantiene una estructura parecida, pero con cambios significativos. Está estructurada en tres partes. La primera parte, “El terrorismo internacional y la respuesta del Estado”, aborda la parte estratégico-teórica; hace una aproximación al terrorismo internacional, a sus causas y a su situación en el mundo, con las aportaciones de diferentes sociólogos y politólogos; no es empírica como la americana, sino teórica y política. La primera parte aborda también la amenaza del terrorismo islamista en España antes del 11M, así como el grado de control y preparación español ante el terrorismo. Será en la conclusión a esta primera parte cuando se muestre con claridad la diferencia esencial con la comisión estadounidense. La española concluye cómo
el anterior Gobierno no adoptó la política de impulso a la lucha contra el terrorismo islamista que exigía ese nivel de riesgo.
Pero será en la segunda parte “El 11M y la gestión de la crisis por el Gobierno” cuando el Dictamen de la Comisión se fusione con el dogma de quienes se manifestaban en la calle antes y después del 11M. Los comisionados sobrevuelan rápida y velozmente los hechos materiales del día 11, y pasan directamente a lo que al “Frente de la Paz” parece interesarle; la negación de la participación de ETA, y el comportamiento manipulador y mentiroso del Partido Popular. No por nacionalmente escandalosa e inaceptable desde el punto de vista del rigor y de la búsqueda de la verdad tal vicio intelectual debiera sorprender; los objetivos declarados de los comisionados no eran otros que los de aclarar la actuación del Gobierno del PP después de los atentados, y sólo estudiar su organización y preparación cuando fuera necesario para investigar la conducta del Gobierno de Aznar. Inconcebible en la comisión norteamericana, la española incluyó epígrafes intolerables: “El Gobierno desinformó sobre la autoría de los atentados: cronología de la manipulación en tiempo real.” (pág. 74), aceptados sin escándalo por unos y otros.
La tercera parte incluye los diferentes anexos, así como las distintas solicitudes de los grupos parlamentarios; en el texto oficial, cada uno de ellos incluye su propia versión de lo ocurrido, que puede resumirse en dos puntos; el Partido Popular provocó los atentados del 11M por su apoyo a la guerra de Iraq, y el Partido Popular mintió y manipuló para ganar las elecciones del domingo posterior. Ambas ideas se repiten a lo largo de todo el Dictamen; lo hacen de manera obsesiva en la parte destinada a las aportaciones de cada partido. Tales conclusiones no debieran sorprender, en la medida en que en mayo de 2004 se reconocían ambos objetivos.
Pero concluir culpando al partido que contaba y cuenta con el apoyo de media nación de lo ocurrido después y antes de las bombas, y plasmarlo en un Dictamen oficial, sólo fue posible obviando los hechos materiales y acudiendo directamente a la interpretación ideológica y política; será necesario recordar que la interpretación de los hechos es subjetiva, su constatación empírica no. Los americanos concibieron bien esta evidencia, y su Report se limitó en primer lugar a narrar los hechos tal y como acontecieron. Más allá de demócratas y republicanos, los atentados se produjeron de una determinada forma, por unos determinados terroristas. Pero los españoles ignoraron este principio metodológico, y convirtieron la Comisión del 11M en la lonja de la subasta ideológica donde el más poderoso acabó imponiendo su interpretación ideológica con tanta furia como desinterés por lo que verdaderamente ocurrió en esos trenes.
Narración e interpretación
11S: ¿Qué ocurrió? o “We have some planes”
En The 9-11 Report, el relato de los ataques se realiza en varios capítulos. Los minutos previos al impacto en las torres se relatan en el capítulo I; “We have some planes”, dividido en tres partes; “Inside the Four Flights”; “Improvising a Homeland Defense”, “National Crisis Management”. La primera parte relata, según las llamadas de los pasajeros y las cajas negras, los acontecimientos transcurridos en cada avión entre el despegue y el impacto en el WTC o el Pentágono; decenas de testimonios de testigos-víctimas se suceden en la narración, reconstruyendo minuto a minuto el comportamiento de los terroristas, pasajeros y pilotos. “Improvising a Homeland Defense” repasa la estructura y funcionamiento de la Agencia Federal de Aviación y del Comando de Defensa Aeroespacial Norteamericano, conocido como el NORAD que velaba por la seguridad norteamericana durante la Guerra Fría tanto como durante la Guerra contra el terrorismo.
En el primer capítulo, los comisionados relatan minuciosamente lo ocurrido en cada avión, en cada sede administrativa y en cada despacho oficial desde que el primer avión es secuestrado hasta que la situación empezó a estar bajo control.
“We have some planes. Just stay quiet, and you’ll be okay”, escuchó el operador de la FAA desde el American 11. La comisión transcribe minuto a minuto las conversaciones entre las distintas administraciones; a los hechos acontecidos en el interior de los aviones, los comisionados unieron la reacción de las distintas agencias implicadas durante esa mañana; éstas reaccionaron entre el estupor, la descoordinación y cierta profesionalidad.
El informe recoge también las llamadas entre la FAA, la Casa Blanca y el Pentágono. ¿Qué ocurrió dentro de los aviones?¿Cómo ejecutaron los terroristas su plan? son las preguntas de las que parte el 9-11 Report; ¿Qué ocurrió fuera de los aviones? ¿Qué ocurrió en el mando aéreo, en los despachos de militares y políticos, en el Capitolio? ¿Qué medidas se tomaron?¿Cuánto tardaron las defensas norteamericanas en reaccionar? son las preguntas que inmediatamente se desprenden de las primeras.
A diferencia del caso español, los atentados del 11S se desarrollaron a lo largo del tiempo; el impacto del terror en mentes y corazones fue de una intensidad incomparablemente superior a la de las mochilas bomba. En Nueva York, entre el impacto del primer avión y el derrumbe de la segunda torre transcurrieron, según la Comisión, 102 minutos. Ello permite a los comisionados estudiar la respuesta de los servicios de emergencia durante y después; a ello dedican el capítulo 9, “Heroism and horror”. A lo largo de cuarenta páginas relatan las aventuras y desventuras de bomberos, policías y médicos en Manhattan y el Pentágono, respondiendo a un tercer tipo de preguntas; ¿Cómo reaccionaron los servicios de emergencia?¿Cuándo se recibieron los avisos?¿Cuánto tardaron la policía, los bomberos, las emergencias en llegar al World Trade Center?
11M: "Vuestra guerra, nuestros muertos" o ¿a quién le importa?
El dictamen de la Comisión del 11M dedica la segunda de ellas a la secuencia de acontecimientos de la aciaga mañana; el título del capítulo V, dividido a su vez en tres apartados, advertirá no obstante a los suspicaces; “El 11 de marzo y la gestión de la crisis por el gobierno”. En el primero, “Los atentados”, los comisionados se remiten al Auto judicial, y el texto se limita a recordar la hora en que cada tren 21431, 17305, 21713, 21435- explota, así como el lugar de la explosión. Más allá de unos datos banales y evidentes para la investigación, los comisionados no mostraron interés en narrar cómo ocurrieron los atentados.
Empeñados en alejarse lo más posible de lo que Llamazares había calificado con desdén “seminario universitario”, la Comisión del 11M dedica una página del Dictamen a narrar los hechos materiales (tren-hora-vagón), para a continuación introducir una segunda parte sorprendente; “2. Los criminales son terroristas islamistas y no tienen ninguna relación con ETA”, afirmación tan intelectualmente aceptable como ilegítima respecto a la relación material de los hechos acontecidos esa mañana; los comisionados no parecían tener más interés en investigar lo acontecido esa mañana en los trenes o en la estación de Alcalá de Henares. Donde los norteamericanos se detenían capítulos enteros a estudiar los hechos tal y como sucedieron, sus colegas españoles pasaban con rapidez inaudita a discutir sobre aquello que les enfrentaba al anterior Gobierno.
La legitimidad de las conclusiones sobre la autoría del atentado se vuelve ilegítima cuando ésta se realiza en la misma narración material de los hechos. Ajenos al espíritu investigador, los comisionados mostraron escaso interés por los hechos materiales; las preguntas imprescindibles de cualquier investigación parecen irrelevantes para la Comisión; ¿quiénes colocaron materialmente las bombas en los trenes?¿qué procedimiento siguieron para depositarlas?¿cómo se trasladaron a las estaciones? parecen preguntas imprescindibles, independientemente de la autoría política del atentado. Qué, Quien, Cuándo, Cómo, Dónde son preguntas que parecieron importarles menos que la constatación de que ETA no tenía nada que ver, conclusión propia que quisieron convertir en verdad tan incuestionable como la explosión de las bombas.
¿Cómo transcurrieron los acontecimientos en el interior de los cercanías de RENFE?¿Qué ocurrió fuera de los trenes la mañana del 11 de marzo? La Comisión del 11S transcribió conversaciones telefónicas, entrevistó a funcionarios y operadores, miembros de los servicios de emergencias, y narró lo sucedido. El ciudadano americano conoce ya lo ocurrido desde el momento en que los terroristas se hacen con el American 11; la reacción de las agencias implicadas, las decisiones tomadas minuto a minuto, el comportamiento de los agentes y bomberos.
El ciudadano español, solemnemente informado por la Comisión, desconoce lo fundamental de lo ocurrido la mañana del 11M. Donde la Comisión del 11S relata el embarque de Mohamed Atta, las conversaciones de los pilotos, los litros de combustible derramados sobre las plantas del WTC, los comisionados españoles se desentienden en cuatro líneas de lo sucedido en cada vagón, en cada estación y en cada centro de emergencias la mañana del 11 de marzo. La diferencia es tan abismal que la informática acudirá en nuestro socorro: la parte en que sus señorías en la carrera de San Jerónimo se dedican a la narración de los hechos materiales del 11 de marzo contiene 939 palabras; la narración directa de los atentados del 11 de septiembre relatada por los comisionados norteamericanos contiene 19623 palabras. Los españoles mostraron un interés veinte veces menor que el norteamericano por reconstruir una verdad objetiva acerca de lo sucedido esa mañana.
El Dictamen español pasa rápidamente a demostrar que nada tuvo ETA que ver en unos hechos que no se toma la molestia en narrar. La narración como instrumento previo a la interpretación desaparece en el caso español, y nos pone ante la principal diferencia entre el trabajo de unos y de otros: La Comisión de investigación del 11M sacrificó la narración a la interpretación; grave defecto en cualquier investigación con pretensiones de verdad, pero previsible en la medida en que desde su propio nacimiento era a la vez, partidista, subjetiva e ideológica. Y ello porque, a diferencia de los hechos empíricos, la interpretación ideológica es, por definición, particular y subjetiva, y sólo se impone a los creyentes más convencidos. Pero al hacerlo así, los comisionados no sólo demostraron un sospechoso desapego a la verdad; sin pretenderlo empujaron a la sociedad española al enfrentamiento propio entre quienes no encuentran una verdad común al mayor atentado de su historia.
Narración, verdad y unidad nacional
En el otoño de 2006, la discusión sobre lo ocurrido en marzo de 2004 divide a los españoles en dos grandes grupos aparentemente irreconciliables; aquellos que ven en el 11M las consecuencias de nuestra política exterior consideran que los atentados del 11M fueron posibles por el apoyo de España a la guerra de Irak, acto que situó a España en el punto de mira islámico y además con razón, por ser una guerra ilegal, ilegítima e inmoral.
Al tiempo, consideran que lo importante, tal y como plasmaron en los objetivos de la comisión, es lo ocurrido tras los atentados, es decir, la manipulación del Gobierno. No conocen quién puso las bombas, qué explosivo fue utilizado, cómo se planificó y ejecutó la operación; confían y cargan la responsabilidad sobre los tribunales. A ellos les basta con saber que fue Al-Qaeda, como castigo por la guerra de Irak, y con constatar la soberbia de Aznar y su Gobierno. Los hechos mismos, los acontecimientos reales parecen menos importantes que constatar una verdad que es para ellos histórica.
La coalición gubernamental y los medios que la apoyan dieron el paso ilegítimo de interpretar políticamente los hechos antes de conocerlos y reconstruirlos. Construyeron un entramado ideológico-político al margen de lo ocurrido esa mañana: la culpa del 11M la tuvo Aznar y los norteamericanos, la derecha mintió por motivos electoralistas, y hoy busca derribar al Gobierno al margen de las elecciones. Consideraciones ideológicas, que sus defensores mantenían ya antes de la guerra de Irak y del 11M, puesto que constituyen el esqueleto intelectual del progresismo histórico; la condena al liberalismo y a la derecha como culpables de los males del mundo, incluido el terrorismo.
Por otro lado, otra media España constata que, de lo acontecido la mañana del 11 de marzo se desconoce lo fundamental; quien puso materialmente las bombas, qué explosivo fue utilizado, cuáles fueron los pasos previos y posteriores de los asesinos. Unos pocos medios de comunicación indagan en los enigmas y los agujeros negros del 11M, aquellos enigmas y aquellos agujeros negros que la Comisión rechazó expresamente investigar. Los comisionados ignoraban que al pasar por alto la constatación común de una verdad común, de un anclaje empírico donde basar la interpretación política, ponían a ésta por delante de los hechos. pero ésta es, por definición subjetiva, y abierta a discusión.
Una verdad así es cualquier cosa menos verdadera; no lo es en la medida en que no parte de una constatación de hechos que los parlamentarios-comisionados, depositarios de la soberanía nacional, rechazaron investigar. Pero al rechazar una verdad material que se impusiera a unos y a otros, las conclusiones ofíciales se convirtieron en intrínsecamente partidarias; dejan fuera, al menos, a la mitad de la sociedad española, que no entiende como, dos años después, no se conoce ni quien puso las bombas ni qué explosivo fue utilizado. Y desde este punto de vista, considera ilegítima cualquier interpretación del 11M que no parta de los hechos tal y como sucedieron.
La Comisión del 11M se negó a reconstruir y narrar lo que ocurrió en la mañana del 11 de marzo; tal es lo primero que debiera interesar a la nación, puesto que ella fue la atacada. Ignorante de cualquier verdad incuestionable acerca de lo ocurrido en Atocha aquella mañana, suspicaz ante una verdad que no es empírica sino ideológica y por lo tanto subjetiva y partidaria, la sociedad española se divide hoy más que nunca. Y esta división, lejos de ser mitigada y suavizada por la comisión parlamentaria, ha sido impulsada por ella. Y lo que es peor, permite a la coalición gubernamental y a los medios que la acompañan, situar fuera de la verdad democrática a todos aquellos que se aferran a una verdad al margen de las mayorías en el parlamento. Ignoran que la primera depende de la segunda; verdad sencilla que para la Comisión Nacional del 11S, sin mayores pretensiones que mostrar los hechos desnudos y asépticos, fue una evidencia. Una evidencia que muestra la unidad de unas naciones y la desunión de otras.
Óscar Elía es Analista Adjunto del GEES en el Área de Pensamiento Político.