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Correveidiles mediáticos, correveidiles demócratas
Colaboraciones nº 1303   |  30 de Octubre de 2006
 

(Publicado en Jewish World Review, 25 de octubre de 2006)

Apenas quedan 2 semanas cortitas hasta el día de las elecciones. Como una de esas madres preocupadas por la seguridad de sus hijos después del 11 de Septiembre, para mí todo se reduce a una pregunta muy simple: ¿Quién mantendrá este país – y a mi hijos – más protegidos?
           
He tenido muchos acalorados desacuerdos con la administración Bush por su negativa a hacer cumplir fielmente las leyes de inmigración, por aplacar a lo tonto a grupos de presión que defienden yihadistas, por derrochar dinero en una ilusoria seguridad en el transporte; por su fracaso para enfrentarse a la proliferación de la sharia y por doblegarse ante los príncipes saudíes deseosos de enviarnos a más estudiantes jóvenes que quieren aprender aviación en nuestras universidades.
 
Sin embargo, a pesar de todos los pecadillos de la la Casa Blanca, no tengo ninguna duda de que los republicanos como grupo están mejor informados, mejor equipados y son más capaces de liderar este país en tiempo de guerra a diferencia de los demócratas. El partido del burro está liderado por demagogos que se chupan el dedo en puestos de importancia y que equiparan a Bush con Hitler y Jim Crow, lo llaman mentiroso delante de estudiantes de secundaria y del mundo entero, fantasean con el impeachment y cuyo fetiche es los derechos humanos de los terroristas que me quieren matar.
 
Por ponerlo simple: No hay adultos en el Partido Demócrata.
 
Quizá eso es lo que la prematuramente impulsiva representante por California, Nancy Pelosi, quería decir cuando esta semana le dijo al Los Angeles Times: “El mazo del Presidente de la Cámara de Representantes está en manos de intereses especiales y ahora estará en manos de los niños de Estados Unidos”.
 
Sip. Ponga el mazo en las manos de Pelosi y los demócratas y pondrá el mazo en las manos de niños. Ni yo misma podía haberlo dicho mejor.
 
Otro momento clarificador que subraya la diferencia fundamental entre republicanos y demócratas en temas de seguridad nacional, seriedad y guardar secretos, tuvo lugar el 29 de junio de 2006.
 
Ése fue el día en que la Cámara de Representantes de Estados Unidos votó a favor de condenar la decisión de varios periódicos – liderados por el periódico de demolición, el New York Times – de publicar detalles del programa secreto de la Administración Bush para seguir la pista de la financiación terrorista. Conocido como SWIFT, el programa había llevado a la captura de un sospechoso clave del atentado de Bali y la identificación de un ayudante convicto de al Qaeda con base en la ciudad de Nueva York, igualmente ha servido para que investigadores sondearan células terroristas y organizaciones benéficas islámicas sospechosas de ser tapaderas de la yihad. Bajo afirmaciones engañosas de acusadores anónimos sobre que la legalidad del programa y su supervisión estaban en duda, el Times desparramó detalles del programa en sus portadas. Los demócratas muy obedientemente exageraron condenando a la Casa Blanca por su “abuso de poder” “ilegal”.
 
Pero los republicanos de la Cámara se negaron a sucumbir ante los correveidiles mediáticos y los correveidiles demócratas. Hicieron que constara públicamente la opinión de Washington  con un voto en una resolución no vinculante declarando lo obvio: Que las organizaciones de noticias pueden haber puesto “la vida de americanos en peligro” al desvelar el SWIFT y que el Congreso “se espera la cooperación de todas las organizaciones de noticias” manteniendo secretos los programas secretos.
 
La resolución pasó 227-183 con solamente 17 demócratas uniéndose a casi todos los republicanos de la Cámara en su condena a los medios de comunicación dependientes de las filtraciones y dando a su apoyo al programa de vigilancia.
 
“Esta medida intenta intimidar a la prensa y fortalecer las riendas de esta despótica administración” denostaba Maurice Hinchey, demócrata por Nueva York. “Es un documento de campaña” dijo con mala cara la representante Pelosi en su ataque a la resolución. Los republicanos “han adoptado la estrategia de matar al mensajero al atacar al periódico que reveló la existencia del programa secreto de vigilancia bancaria en lugar de responder las inquietantes preguntas que esos informes plantean sobre posibles violaciones de la Constitución de Estados Unidos y de las leyes sobre la privacidad de Estados Unidos” sonsacaba Edward J. Markey, demócrata por Massachusetts.
 
¿Por qué les recuerdo este voto y la reacción pueril, más de guardería, de los demócratas? Porque el mismísimo defensor de los lectores del New York Times ha admitido esta semana que esa historia nunca debió haberse publicado.
 
Byron Calame admitió: “Creo que el artículo no debería haber sido publicado... No he encontrado ninguna evidencia en estos meses de intervalo de que el programa de vigilancia fuese ilegal... La falta de supervisión apropiada – para descubrir cualquier abuso en ausencia de atención mediática – fue una de las razones claves por la que al principio apoyé su publicación. Sin embargo creo que la respaldé en demasía”.
 
Ni uno solo de los demócratas que aporrearon a Bush y a los republicanos por protestar la irresponsable publicación de la noticia ha dado un paso al frente para disculparse con el Presidente y con el pueblo americano o para reconocer el daño que han causado a los esfuerzos del contraterrorismo.
 
¿Le hace falta saber algo más para determinar qué partido mantendrá a este país más protegido? A mí no.


 

 
 
Michelle Malkin es autora del nuevo libro: “Unhinged: Exposing Liberals Gone Wild”.
 
 
©2006 Creators Syndicate, Inc.
©2006 Traducido por Miryam Lindberg


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