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El suicidio de Europa
En letra impresa nº 634   |  26 de Octubre de 2006
 

(Publicado en Expansión, 26 de octubre de 2006)

Aunque no se crea, los actos tienen consecuencias. Y lo que no se hace también. En pleno Siglo XXI los europeos vamos a descubrir que los cuatro jinetes del Apocalipsis están más que superados gracias a nuestras conquistas sociales y tecnológicas. No  moriremos de pestes, hambrunas y guerras. Ni siquiera tal vez de megaterrorismo islámico. Europa perecerá porque consciente o inconscientemente hemos elegido no reproducirnos. Europa se auto-extinguirá. En los 70 era común el temor a la explosión demográfica y a la escasez de recursos; como desde los 80 es generalizada la conciencia de la sobreexplotación del plantea y el riesgo medioambiental.
           
A veces se eligen las preocupaciones equivocadas. La población global tiende a estabilizarse y los occidentales se dejarán de existir antes de que se agoten las reservas de petróleo. Esa es la realidad.  Si para mantener una población se necesita que cada mujer tenga 2’1 hijos, con tasas de natalidad común en Europa, que rondan el 1’3 (con España algo por debajo) significa que la población se reduce inexorablemente a la mitad con cada nueva generación. Es probable que nuestros hijos actuales tengan tíos y primos, pero en pocas décadas la mayoría de niños serán vástagos de hijos únicos y no sabrán jamás lo que es una familia amplia.
 

Somos una sociedad que camina hacia la autoextinción demográfica y lo hace de una manera feliz y despreocupada. Y eso que hay más problemas que resolver a medio plazo. La población, por ejemplo, no sólo encoge sino que también envejece. Y ya estamos preocupándonos de cómo vamos a disfrutar de nuestras pensiones si no hay suficiente gente que trabaje. También sabemos cuál ha sido la solución a todas estas cuestiones: ¿Que se necesita más gente y más gente joven? Pues se abren las puertas a los emigrantes. Pero esta  salida ya nos está dando nuevos problemas y más que nos dará. Los emigrantes son un factor de creación de riqueza, pero también sabemos que son unos grandes beneficiarios del actual sistema de bienestar, exigiendo más gasto en educación o sanidad, por ejemplo. En España porque todavía andamos en pañales en esto de le emigración, pero en el resto de nuestros vecinos europeos aunque su tasa de natalidad tiende a caer rápidamente, el índice más bajo entre los musulmanes sigue siendo 2’9 hijos por mujer. Esto es, casi el triple que para los europeos nativos. ¿Qué quiere decir todo esto? Pues que los musulmanes en Europa pasarán de 25 a 60 millones en una generación y que no cambiamos las cosas rápidamente, las minorías cada vez serán más grandes y llegará el día en que se conviertan en mayorías en muchos lugares.


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