En un artículo titulado “Al Qaeda encuentra nuevo socio: grupo salafista logra éxito limitado en la Argelia natal” (Washington Post, 5 de octubre del 2006) por Craig Whitlock, fuentes occidentales, francesas y americanas incluidas, afirman que el Grupo Salafista para el Llamamiento y el Combate (un grupo argelino local originalmente) ha pasado a ser global al unirse a al Qaeda.
Mientras que el artículo es muy interesante e informativo, el análisis del movimiento internacional salafista por parte de fuentes y expertos occidentales pone de manifiesto un continuo error de comprensión del jihadismo y de sus estrategias. Porque en lo esencial del artículo está la aseveración de que los salafistas argelinos se limitaban a luchar contra su gobierno por motivos "locales", pero fue la intervención norteamericana en la región lo que "obligó" a los Salafistas del Combate a unirse a al Qaeda por todo el mundo. Esta afirmación y otros debates pobremente informados que tienen lugar estos días en Estados Unidos cometen el pecado analítico de proyectar sobre los jihadistas un modo de pensar ajeno, probablemente a causa de las presiones de la política norteamericana.
Los exámenes académicos, periodísticos y formados de que los jihadistas en general y los salafistas en particular son inicialmente locales y después pasan a ser internacionales se derivan del modo en que los expertos occidentales monitorizan las acciones islamistas, pasando por alto analizar en muchos casos los motivos y el proceso de pensamiento de estos jihadistas. Los salafistas, por ejemplo, no consideran que su jihad particular se limite a un país concreto. Los salafistas y los demás jihadistas son internacionales en esencia, en ideología y en objetivos finales. No es la política exterior de las potencias occidentales lo que "abre sus ojos" a la necesidad de iniciar internacionalmente las acciones, sino su análisis de la viabilidad de tal acción, en conformidad con su ideología.
“La hudud lil jihad illa qudrat al mujahidín" es la piedra angular de sus estrategias: "No hay fronteras a la capacidad de los mujahidín". La decisión de pasar a ser globales, regionales, o permanecer siendo locales, depende de un proceso calculado, no de una reacción emocional. En el artículo de Washington Post pueden verse los siguientes temas analíticos;
El artículo reza que Aymán al-Zawahiri, anunciado por al-Qaeda, había unido fuerzas con una oscura red argelina y trabajaría en tándem con el grupo para "aplastar los pilares de la alianza cruzada".
En primer lugar, al Qaeda, al igual que en otras muchas ocasiones, declara abiertamente que ha logrado un nuevo hito, mientras que en realidad la unión de las fuerzas había tenido lugar hace bastante. Uno debe prestar atención a las declaraciones en apoyo a bin Laden realizadas por los salafistas hace años. Pero algunos de los anuncios "formales" son difundidos más por política jihadista que de cara a los informativos.
En segundo lugar, el Grupo Salafista de Combate no es un grupo "oscuro" para argelinos y árabes. Es tan conocido como Hamas en Gaza o los Janjawid de Darfur. No obstante, sí, estos jihadistas son desconocidos para el público norteamericano, por el simple motivo de que no fueron dados a conocer apropiadamente. Realmente, los principales académicos de los años 90 han argumentado que los jihadistas salafistas de Argelia eran "una fuerza de cambio".
Hace tres años, en el caso de terror de Detroit, el profesor Bernard Haykel, experto en defensa, sostenía que los salafistas son pacíficos.
Este mes, un artículo de Amy Waldman en el Atlantic Monthly continúa encubriendo esa ideología; el artículo lanza la acusación de que definir a los salafistas como jihadistas es "crítica contundente contra el Islam".
Una conclusión peligrosa cuando cientos de escritos de reformistas musulmanes advierten al mundo acerca de la expansión del salafismo como ideología del Terror. De ahí que no se estuviera lo bastante informado en cuanto a qué es el Salafismo, quiénes son los salafistas, o cuáles son sus estrategias. Por tanto, cuando el principal grupo jihadista salafista es citado en el discurso de Zawahiri, "repentinamente" pasa de la "oscuridad" a la luz de los informativos.
Irónicamente, el Washington Post dice, "el socio argelino, el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, había librado una guerra civil bárbara durante casi una década contra el gobierno argelino".
¿No es extraño que tal barbaridad no fuera motivo de interés para el debate norteamericano o internacional ni antes ni significativamente después del 11 de Septiembre?
Los salafistas de Argelia asesinaron a decenas de miles de civiles, mujeres y niños y ancianos incluidos, así como a periodistas y estrellas del rock. Sin embargo, nuestros principales medios no dedicaron suficiente espacio a informar de sus horrores y su ideología durante años.
El artículo de Washington Post pone veladamente conclusiones en boca de Zawahiri cuando afirma: "La nueva alianza tenía objetivos distintos en mente. 'Nuestros hermanos serán una espina en el cuello de los cruzados americanos y franceses y sus aliados, y una daga en los corazones de los traidores y de los apóstatas franceses'".
El Post explica esta declaración como "la señal más reciente de cómo, con la ayuda de al-Qaeda, la red argelina se ha transformado rápidamente de grupo local dedicado únicamente a hacerse con el poder en casa, a una amenaza global con células y operaciones lejos del Norte de África".
En realidad, tras una revisión exhaustiva de la literatura, las actividades y las acciones del grupo a lo largo de los últimos años, se concluye rápidamente que los salafistas no eran solamente un grupo dedicado únicamente a hacerse con el poder en casa"
Estos archi-jihadistas son creyentes de la restauración del Califato y pretenden el establecimiento de un régimen Talibán en Argelia como preludio a una campaña global de jihadismo. Desafortunadamente, el modo en que algunos en la academia y los medios describen a los jihadistas como "únicamente" dedicados a luchar contra el gobierno local informa incorrectamente a la audiencia. Los salafistas, todos los salafistas, al igual que los jihadistas, son internacionales en esencia. No comprender esta parte de la ecuación lleva a cometer errores masivos de análisis. Porque hay diferencia entre ser "nacionalistas" y volverse "internacionalistas" por una parte, y ser "internacionalistas locales" y cuando se plantea la oportunidad "pasar al ámbito de acción mayor" por la otra. Los salafistas argelinos siempre han sido "internacionalistas locales" y muchos de entre ellos han luchado en guerras a ultramar. Todo lo que hace la declaración de Zawahiri es confirmar que el Grupo de Combate se ha convertido en miembro formal de al Qaeda: se ha extendido un carnet.
El artículo confirmaba que "el grupo, conocido por su acrónimo en francés GSPC, ha emergido desde entonces como paraguas de formaciones islámicas radicales en países vecinos, patrocinando campamentos de entrenamiento en el Sahara y proporcionando torrentes de guerrilleros a las guerras de Irak y Chechenia, según funcionarios del contraterrorismo y analistas de Europa y Norteamérica".
El Washington Post añadía que "en el último año, las autoridades han desarticulado células en Francia, Alemania, Italia, España y Suiza, incluyendo un grupo que presuntamente planeaba derribar un avión israelí de pasajeros en Ginebra".
Recientemente, las declaraciones realizadas por el Grupo empujaban a Francia a clasificarlo como "una de las amenazas más serias que afronta Francia actualmente". El Primer Ministro francés estaba seguro de que los salafistas son "un riesgo permanente y real" para Francia, en parte a causa de su implicación militar en el Líbano y Afganistán, así como por su política de prohibir que las musulmanas lleven pañuelos en la escuela pública. Lo que significa que el grupo "no se dedica únicamente a cambiar el gobierno en Argel".
Otro hecho interesante desvelado por el artículo es que el GIA, la organización matriz del GSPC, "suscribe una ideología islámica llamada takfir, la creencia de que cualquier musulmán que no cumpla códigos medievales estrictos de conducta es un apóstata que merece la muerte". Esto es precisamente lo que las agencias del contraterrorismo occidental no habían absorbido por completo. Y este es el concepto que los equipos defensores de los casos de terrorismo ante la justicia en Occidente y Estados Unidos se emplean a fondo por ocultar. En Jordania y en otros países árabes, el takfir “es” terrorismo. En América y las restantes democracias, los grupos de presión pro-wahabíes argumentan que es un tema de religión exclusivamente. Las acciones salafistas se centran en el takfir, que es la doctrina que convierte en "infieles" a particulares y comunidades.
El artículo afirmaba que hasta el 2001, el GSPC no tenía la confianza de la jihad internacional, según Louis Caprioli, ex director de contraterrorismo del DST, el servicio del contraespionaje francés. "Ahí es cuando el GSPC comenzó a internacionalizarse. Solía estar centrado únicamente en Argelia”.
He aquí otro error analítico: el GSPC no cambió su ideología para "internacionalizarse”.
En los documentos que repasé de los casos de terrorismo en Rotterdam, Detroit y Idaho, así como un océano de materiales online y de otras fuentes, todo indica que los salafistas argelinos siempre han sido “internacionalistas”, han abastecido a muchos campos de batalla jihadistas. Pero la guerra jihadista global absorbió gradualmente sus recursos internacionalmente. Asimismo, sus redes alcanzaron el nivel de suficiencia continental en Europa y más allá, permitiendo a sus acciones crecer más. Además, el conflicto local con el gobierno y la sociedad en Argelia llegó a un callejón sin salida por el momento. En pocas palabras, el Grupo de Combate salafista no hizo un cambio profundo debido a Faluya, y así se dirige a Detroit o Los Ángeles. Siempre ha estado en guerra con los infieles, si sus líderes lo pidieron alguna vez. Y cierto, incrementarán sus actividades contra Francia debido a la implicación francesa en Afganistán y el Líbano, y también al asunto del pañuelo. Pero si esto dice algo a los observadores, es sobre esencia de la misión salafista como internacional.
El asombroso ingrediente de todo este tema es cómo los analistas realmente caen en la trampa propagandística de al Qaeda y sus aliados. Sólo porque Zawahiri afirma que " la solicitud de entrada" del GSPC ha sido ahora aceptada, los argumentos en favor de “un cambio repentino en el despliegue de los salafistas se buscan y amplían”. Los pragmáticos análisis de los expertos argelinos están no obstante más cercanos a la realidad, como “una alianza que puede traer beneficios a ambas partes. Si los argelinos pueden ganar la aprobación de al-Qaeda, ello borraría el estado de parias de su red dentro de los círculos islámicos radicales, haciéndolo más fácil recaudar dinero y apoyo logístico. A su vez, al-Qaeda ganaría una filial local y un destacamento operacional en el Norte de África”.
El artículo del Post cita a expertos franceses que todavía destacan que “el sustrato salafista en Europa ya no está luchando únicamente por una causa nacional. Eso le ha permitido reclutar a una gran cantidad de tunecinos, marroquíes, sirios y demás extremistas sin interés en el conflicto argelino”.
Una vez más, Xavier Raufer, especialista en terrorismo de la Universidad de París y ex funcionario de la Inteligencia francesa, repite el error analítico: todos los jihadistas tienen interés en todos y cada uno de los campos de batalla de la jihad. Pero la dirección determina – por cualquier motivo – qué campo de batalla debe ser reforzado. Son decisiones tomadas a un nivel estratégico: si las células europeas atacan Europa, envía combatientes al Triángulo Sunní o contra Somalia o Darfur.
Necesitamos comenzar a entender su lógica, y no aplicar la lógica occidental sobre ellos. Una referencia del artículo a un funcionario norteamericano de contraterrorismo captura la realidad en términos pragmáticos: “El GSPC, se lo vieron venir”, decía el funcionario. “Si continuaran luchando únicamente contra el gobierno argelino, todo lo que serían sería una espina a su costado. De modo que tuvieron que ir más allá”.
Pero el error más importante del análisis está en la conclusión final del informe.
Citando a un experto francés, Xavier Raufer, el artículo dice que “muchos de los soldados de a pie del grupo salafista en Europa nunca han estado en Argelia, pero son motivados a ingresar en la red a causa de la rabia islámica mayor por los conflictos de Irak, Afganistán e Israel”, dice Raufer. “Para ellos, está chupado”, decía de los reclutadores. “Cuando predican, mucha gente se enfurece. Un montón de musulmanes están furiosos por lo que sucede”.
Mientras que es verdad que los salafistas nacidos en Europa y que nunca han visitado Argelia se ven motivados a ingresar en la red, el motivo detrás es más profundo que la presunta “cólera islámica por los conflictos en Irak, Afganistán o Israel”. Éstas son las razones invocadas por los ideólogos, los propagandistas salafistas y al Qaeda. Los motivos para ingresar son la convicción de emprender la jihad, y complacer a Alá. Han sido condicionados para ver el mundo como una lucha entre infieles e Islam. Y es a través de este prisma que se ven y leen todos los temas relacionados con las relaciones internacionales.
Jihadistas que nunca han estado en Palestina se alinean con Hamas; los que nunca han visto las selvas de las Filipinas, se alinean con Abú Sayyiaf; los que nacieron en Argelia y disparaban a policías y periodistas decidieron súbitamente viajar a Chechenia a decapitar soldados rusos y disparar a niños en Beslán.
Y por incorporarlo al excitante y a menudo desinformado debate en casa, necesitamos utilizar siempre el prisma jihadista. Sí, los jihadistas se han dirigido a Irak para luchar contra los infieles americanos y británicos, pero como parte de una jihad global contra todos los infieles, musulmanes y no-musulmanes por igual, siempre que se presente la oportunidad y los emires lo consideren estratégicamente apropiado.