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Lecciones norcoreanas para el problema iraní
Colaboraciones nº 1296   |  25 de Octubre de 2006
 

(Publicado en The Washington Post, 13 de octubre de 2006)

Será la política de esta Nación clasificar cualquier proyectil nuclear lanzado desde Cuba contra cualquier nación del Hemisferio Occidental como un ataque de la Unión Soviética contra Estados Unidos, exigiendo una respuesta total de represalia sobre la Unión Soviética.
Presidente John F. Kennedy, 22 de octubre de 1962
 
Bien, eso es disuasión. Kennedy estaba prometiendo solemnemente que si algún proyectil nuclear era lanzado desde Cuba, Estados Unidos ni siquiera se molestaría con Cuba, sino que iría directamente a la fuente y llevaría el Apocalipsis a Rusia con un ataque nuclear masivo.
 
Lo destacado de este tipo de amenaza es que en 1962 era creíble. En la práctica, su credibilidad mantuvo la paz a lo largo del medio siglo de Guerra Fría.
 
Disuasión es lo que haces cuando no hay modo de desarmar a tu enemigo. No puedes privarle de sus armas, pero puedes impedir que las utilice. Hace tiempo que alcanzamos esa etapa con Corea del Norte.
 
Todo el mundo ha intentado imaginar cómo desarmar a Corea del Norte. No sucederá. Kim Jong Il no va a prescindir de sus proyectiles nucleares. El único modo de desarmar al régimen es destruirlo. China podría hacer eso con sanciones, pero no lo hará. Estados Unidos podría hacer eso con una segunda Guerra de Corea, pero tampoco lo hará.
 
De modo que volvemos a la disuasión. De ahí los familiares ecos de la Crisis de los Misiles Cubanos con la entrada por las bravas de Corea del Norte en el club nuclear esta semana. Estados Unidos tuvo inmediatamente que hacer constar señales de disuasión. El Presidente Bush dejó constancia de dos.
 
Una señal, evitar un ataque directo contra nuestros aliados en la región, fue directa aunque sosa: "reafirmo a nuestros aliados en la región, incluyendo a Corea del Sur y Japón", decía el presidente en una declaración televisada nacionalmente, "que Estados Unidos cumplirá nuestros compromisos de seguridad y disuasión hasta sus últimas consecuencias". Todos dan por sentado que el paraguas nuclear americano de décadas de antigüedad en la zona del Pacífico nos obliga a atacar a Corea del Norte -- presumiblemente mediante represalia nuclear del mismo tipo -- si ataca primero a nuestros aliados.
 
Material repugnante, pero corriente en la era nuclear. La parte difícil es la segunda señal de la que Bush intentó dejar constancia: disuasión a la proliferación.
 
Nos encontramos en una era nueva mucho más complicada que la de Kennedy porque su gran crisis tuvo lugar antes de la era del terrorismo. El mundo de 1962 era todavía primitivo tecnológica e ideológicamente: el armamento nuclear en miniatura no había sido inventado aún, como tampoco el terrorismo internacional moderno. Yasser Arafat y la OLP dieron ese regalo al mundo media década después con su perfeccionamiento del secuestro político aéreo civil.
 
Desde entonces el terrorismo ha crecido en popularidad, ambiciones y tamaño de la amenaza. Sus practicantes están en el mercado de las armas nucleares. Corea del Norte tiene poco más que ofrecer.
 
De ahí la tentativa de Bush de codificar una segunda forma de disuasión: "La transferencia de armamento o materiales nucleares por parte de Corea del Norte a estados o entidades no estatales será considerada una grave amenaza para Estados Unidos, y responsabilizaremos por completo a Corea del Norte de las consecuencias de tales acciones".
 
Un buen primer borrador, pero podría utilizar algo de la claridad Kennedyesca. La oración "responsabilizaremos por completo" no instiga temor precisamente, puesto que ha sido utilizada profusamente por diversas administraciones en las advertencias tanto a terroristas como a estados criminales -- tras lo cual no hicimos absolutamente nada. Una formulación mejor sería la siguiente:
 
Teniendo en cuenta el hecho de que no existe otra potencia nuclear en violación tan flagrante de sus obligaciones nucleares, será la política de esta Nación calificar cualquier detonación de un explosivo nuclear en Estados Unidos o sus aliados como un ataque de Corea del Norte contra Estados Unidos, exigiendo una respuesta total de represalia sobre el Corea del Norte.
 
Así es como evitas que Kim Jong Il prolifere. Haciéndole entender que su supervivencia estará sujeta a las acciones del cualquier grupo del terror al que venda sus armas. Se entenderá que cualquier explosión terrorista tiene su dirección en ella. Estados Unidos acusará entonces el recibo. La automaticidad de este tipo destila la idea.
 
Esta política tiene un obstáculo, no obstante. Sólo funciona en un mundo donde no existe más que un único estado nuclear criminal. Una vez que el club se extiende a dos, la política se evapora porque un ataque nuclear del terror ya no tendría un remitente automático único.
 
Lo que es otro motivo por el que es tan importante evitar que Irán pase a ser nuclear. Con Corea del Norte ya no hay vuelta atrás. Pero Irán no ha llegado aún. Un país criminal es tolerable porque se le pueden pedir cuentas. Dos estados criminales garantizan la inmunidad a la disuasión y por tanto el terrorismo nuclear inevitable.


 

 
 

Charles Krauthammer fue Premio Pulitzer en  1987, también ganador del National Magazine Award en 1984. Es columnista del  Washington Post desde 1985.


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