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El contexto del 11-M:la yihad terrorista global, 1998-2005
Colaboraciones nº 1282   |  20 de Octubre de 2006
 
Seguridad Interior, junio de 2006)
 
Fue el 11 de septiembre de 2001 cuando el mundo se dio cuenta de que se había entrado en una nueva etapa en la historia del terrorismo, caracterizada por sus objetivos  de alcance global y por su voluntad de realizar atentados de una magnitud sin precedentes. Fue entonces cuando Al Qaeda se hizo tristemente célebre y vino a encarnar ante la opinión pública mundial este nuevo terrorismo, pero su entrada en escena se había producido tres años antes. El 23 de febrero de 1998  Osama Bin Laden, Ayman al Zawahiri y otros tres líderes menos conocidos suscribieron la declaración del Frente Islámico Mundial, que proclamaba el deber individual de todos los musulmanes, en todos los países, de matar a los americanos y a sus aliados, civiles y militares, hasta obligarles a retirarse de todos los territorios del Islam. Aunque casi nadie le prestó entonces atención, era el acta de nacimiento de la yihad terrorista mundial y el 7 de agosto de ese mismo año pudo comprobarse que la amenaza iba en serio, cuando sendos atentados contra las embajadas de Estados Unidos en Kenya y Tanzania causaron en conjunto más de trescientos muertos.
 
No resulta  fácil establecer cuantos  atentados de los que a partir de esa fecha se han perpetrado en el mundo pueden inscribirse en el marco de esa yihad terrorista global, ni cuales de ellos se cometieron por órdenes directas de la dirección de Al Qaeda, por lo que tampoco es fácil estimar si la respuesta internacional al terrorismo está logrando reducir la intensidad de la ofensiva yihadí. Para hacerlo es necesario disponer de un registro cuantitativo de atentados y establecer una tipología de los mismos, una tarea que el IUISI ha emprendido y cuyos primeros resultados ofrecemos  en este análisis.
 
Nuestra fuente cuantitativa: el MIPT
 
El problema de cuantificar los atentados estriba en primer lugar en que la calidad de la información disponible varía mucho de país a país. Cualquier atentado cometido en Europa, por ejemplo, tiene una cobertura periodística adecuada, pero no ocurre lo mismo con los que tienen lugar en algún remoto país africano. Para evitar el sesgo que esto introduciría en el análisis, hemos optado por tomar en consideración tan sólo los atentados que han provocado al menos diez víctimas mortales, un tipo de atentados  que difícilmente pasan desapercibidos, cualquiera que sea el país en que se perpetren, y que por otra parte son los más característicos de la nueva fase del terrorismo mundial. Para la identificación de tales atentados hemos recurrido a la base de datos de libre acceso más completa que hemos podido localizar en internet, la Terrorism Knowledge Base del National  Memorial Institute for the Prevention of Terrorism (MIPT).
 
El MIPT es una organización sin ánimo de lucro, fundada tras el atentado de 1995 en Oklahoma City, financiada hoy por el Departamento de Seguridad Interior de los Estados Unidos, y que se propone investigar las causas y efectos del terrorismo. Su base de datos incluye en principio todos los atentados cometidos en el mundo a partir de 1998, mientras que para años anteriores sólo registra los que entran en la definición de terrorismo internacional.

Tipología del terrorismo actual
 
Salvo error u omisión por nuestra parte, los atentados con más de diez víctimas mortales registrados en la base de datos del MIPT de 1998 a 2005 produjeron un total de casi 12.000 víctimas, lo que representa, según la misma fuente, casi el 45% del total de las muertes provocadas por el terrorismo en dicho período.
 
Dada la preeminencia que en los últimos años ha tomado el terrorismo que se suele denominar yihadí, es decir aquel que aún teniendo un propósito político trata de justificarse mediante referencias a los textos sagrados del Islam, resulta importante establecer qué porcentaje de esas víctimas perecieron en atentados de esa índole. Con cierto margen de error, debido a que la información de que disponemos acerca de ciertos atentados es insuficiente, cabe estimar que, para el conjunto del período estimado ese porcentaje es del 82%. Como puede observarse en el gráfico, ese porcentaje ha aumentado en los últimos años, llegando hasta el 96% en 2005.

 
 
 

Dentro del terrorismo yihadí conviene distinguir a su vez tres tipos principales, que examinamos a continuación.
 
La yihad “contra el enemigo cercano”. Su propósito es imponer un régimen fundamentalista en un país musulmán, cuyos dirigentes son acusados de haber traicionado al Islam, por ejemplo por haber introducido una legislación ajena a la sharia. Las víctimas de este terrorismo pueden ser agentes del Estado o también miembros de la sociedad civil, ya sean intelectuales destacados o ciudadanos anónimos víctimas de matanzas indiscriminadas. El caso más trágico de esta variante de terrorismo se dio a comienzos de los años noventa en Argelia. Otra variante es el ataque a todo un sector musulmán considerado herético, como es el caso de los numerosos atentados contra las comunidades chiíes que en los últimos años se han producido en Pakistán y en Irak. Como puede verse en la tabla siguiente, al margen de los casos especiales de Irak y Afganistán, que veremos a continuación, los países más afectados por este tipo de terrorismo en los últimos años han sido Argelia y Pakistán.

 
Yihad contra el enemigo cercano: muertes en grandes atentados*
 
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005

Total

Argelia
494
0
0
0
30
0
16
0
540
Arabia Saudí
0
0
0
0
0
17
0
0
17
Bangladesh
0
0
0
21
0
0
19
0
40
Indonesia
0
0
15
0
14
0
0
22
51
Jordania
0
0
0
0
0
0
0
63
63
Kirguizistán
0
0
0
0
0
20
0
0
20
Pakistán
23
0
0
18
23
82
177
15
338
Yemen
0
0
0
10
0
0
0
0
10
Total
517
0
15
49
67
119
212
100
1079
* Más de 10 muertes
 

La yihad “contra el ocupante infiel”. En este caso la motivación religiosa y la nacionalista convergen, pues se trata de poblaciones musulmanas cuyos territorios se hallan integrados en, o han sido ocupados por, Estados de mayoría musulmana. Es lo que ocurre en Palestina, Chechenia, Cachemira o Mindanao, casos en los que se observa un creciente peso de las tendencias islamistas frente a las más nacionalistas que predominaron en el pasado. Como puede verse en la tabla siguiente, el impacto de este tipo de terrorismo se redujo en el año 2005.

 


Yihad contra ocupantes infieles: muertes en grandes atentados*
 
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005

Total

Filipinas
0
10
22
21
28
40
147
17
285
India
184
12
0
93
64
97
12
16
478
Israel
0
0
0
47
203
102
38
0
390
Rusia
17
325
33
10
277
135
456
0
1253
Total
201
347
55
171
572
374
653
33
2406
* Más de 10 muertes

 
 
 

La yihad en Irak y Afganistán. Este tipo de terrorismo pudiera incluirse dentro del concepto de “yihad contra el ocupante infiel”, ya que ha surgido en respuesta a una intervención extranjera. Sin embargo, a medida que se han ido consolidando las nuevas instituciones democráticas de ambos países, las acciones terroristas tiene cada vez más un componente de conflicto interno, es decir de “yihad contra el enemigo cercano”. Los objetivos son sobre todo, los agentes de los nuevos gobiernos y, en el caso de Irak, la población civil chií, contra la que los yihadíes  sunníes han dirigido numerosos atentados indiscriminados. A partir del año 2004 Irak se ha convertido en el país del mundo más castigado por los atentados terroristas.

 
Yihad en Afganistán e Irak: muertes en grandes atentados*
 
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005

Total

Afganistán
0
0
0
0
30
55
71
47
203
Irak
0
0
0
0
0
205
522
1416
2143
Total
0
0
0
0
30
260
593
1463
2346
* Más de 10 muertes
 

La yihad “contra el enemigo lejano”. Esta modalidad de terrorismo va dirigida contra el territorio de países no musulmanes, habitualmente con el propósito de obligar a sus gobiernos a tomar ciertas decisiones. Europa ha sufrido atentados perpetrados por musulmanes y relacionados con los conflictos de Palestina o del Líbano bastante antes de que nadie hubiera oído hablar de Bin Laden, incluido el atentado contra el restaurante El Descanso, en las cercanías de Madrid (1985). En cuanto a los atentados de los últimos años en América y Europa, incluidos los del 11-M y el 11-S, su propósito principal puede haber sido forzar una retirada occidental de Oriente Medio, pero es posible que persiguieran también un objetivo más amplio, el de movilizar al conjunto de los musulmanes en una guerra a muerte contra Occidente, con el propósito de que ello conduzca algún día al establecimiento de un califato fundamentalista. Es este el tipo de terrorismo que abordaremos en detalle en este análisis.
 
A modo de primer balance, la tabla adjunta ofrece los datos totales de las víctimas producidas por los grandes atentados correspondientes a los distintos tipos de terrorismo hasta ahora mencionados.

 

Total de  muertes en grandes atentados*
 
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005
Total
Enemigo cercano
517
0
15
49
67
119
212
100
1079
Ocupantes infieles
201
347
55
171
572
374
653
33
2406
Afganistán e Irak
0
0
0
0
30
260
593
1463
2346
Enemigo lejano
311
0
17
2982
255
120
257
164
4106
 
Total yihad
1029
347
87
3202
924
873
1715
1760
9937
Otros
439
115
198
411
263
126
479
73
2104
 
Total general
1468
462
285
3613
1187
999
2194
1833
 
12041
 
% Yihad
70
75
30
89
78
87
78
96
 
82
* Más de 10 muertes
 

El terrorismo yihadí internacional
 
Dentro del concepto de terrorismo yihadí internacional incluiremos tanto los ataques a territorios no musulmanes como los atentados contra objetivos occidentales y judíos que se han realizado en territorios musulmanes en los que no hay un conflicto abierto. Es decir que excluiremos los casos de Palestina, Chechenia, Irak, Afganistán, Cachemira y Mindanao, para centrarnos en el tipo de atentados más similares a los del 11-M en Madrid. Desde 1998 hasta 2005 se han producido 22 grandes atentados de este género en trece países, con un balance total de casi cuatro mil muertes. La relación se encuentra en la tabla siguiente, en la que se indica si el atentado fue suicida, si sus autores eran residentes locales y si se han hallado indicios sólidos de su conexión con el aparato central de Al Qaeda.

 
 
 
Yihad contra el enemigo lejano: grandes atentados* 1998-2005
Lugar
Fecha
Objetivo
Muertes
Suicida
Local
Qaeda
Kenya: Nairobi
7-8-1998
Embajada USA
291
No
Tanzania: Dar es Salaam
7-8-1998
Embajada USA
10
No
Yemen: Aden
12-10-2000
Buque de guerra USA
17
¿?
USA: Nueva York
11-9-2001
Aviones y edificios civiles
2749
No
USA: Washington
11-9-2001
Avión civil, edificio gubernamental
189
No
USA: Shanksville
11-9-2001
Avión civil
44
No
Túnez: Djerba
11-4-2002
Sinagoga, turistas alemanes
15
Pakistán: Karachi
8-5-2002
Trabajadores franceses
14
-
Pakistán: Karachi
14-6-2002
Consulado USA
11
-
Indonesia: Bali
12-10-2002
Turistas australianos y otros
202
-
Kenya: Mombasa
28-11-2002
Hotel, turistas israelíes
13
¿?
Arabia Saudí: Riad
12-5-2003
Residencias occidentales
34
Marruecos: Casablanca
16-5-2003
Varios, occidentales y judíos
20
-
Indonesia: Yakarta
5-8-2003
Hotel
13
-
Turquía: Estambul
15-11-2003
Sinagogas
25
-
Turquía: Estambul
20-11-2003
Consulado y banco británicos
28
-
España: Madrid
11-3-2004
Trenes
191
No
-
Arabia Saudí: Khobar
30-5-2004
Trabajadores extranjeros
22
No
Indonesia: Yakarta
9-11-2004
Embajada Australia
10
-
Egipto: Taba
7-10-2004
Hotel
34
-
Reino Unido: Londres
7-7-2005
Metro, autobús
56
-
Egipto, Sharm el Sheikh
23-7-2005
Área turística
88
-
Bali, Indonesia
1-10-2005
Área turística
20
-
* 10 muertes o más. Los datos sobre muertes son los proporcionados por la base de datos del MIPT


Analizaremos a continuación todos estos atentados, agrupándolos según el país en que han sido cometidos.
 
Kenya, 1998 y 2002
 
De acuerdo con el informe oficial sobre los atentados del 11-S, los ataques contra las embajadas de Estados Unidos en Kenya y Tanzania de agosto de 1998 fueron los primeros en ser “planeados, dirigidos y ejecutados por Al Qaeda, bajo la supervisión directa de Bin Laden y de sus principales ayudantes” La preparación fue minuciosa, pues ya en diciembre de 1993 llegó a Nairobi un equipo encargado del estudio de posibles atentados, aunque diferentes factores retrasaron su ejecución [1]. Los ataques suicidas mediante coche-bomba, realizados simultáneamente en ambos países causaron unos trescientos muertos –de ellos sólo doce norteamericanos- y unos cinco mil heridos. Los autores materiales fueron dos saudíes, reclutados en campos de entrenamiento en Afganistán [2]. La respuesta del presidente Clinton consistió en ataques con mísiles contra los campamentos de Bin Laden en Afganistán y contra una fábrica farmacéutica de Sudan que, según un informe de la CIA, producía armas químicas, aunque ninguna otra fuente ha corroborado esta afirmación [3]
 
Cuatro años después, el 28 de noviembre de 2002, hubo un segundo grave atentado en Kenya, cuando tres terroristas suicidas atacaron en Mombasa un hotel que era a menudo frecuentado por turistas israelíes, al tiempo que, en la misma ciudad, otro grupo intentaba derribar con mísiles tierra-aire SA-7B un aparato de las líneas aéreas israelíes. De las trece víctimas mortales, diez fueron kenyatas y tres israelíes. Al Qaeda reivindicó ambos ataques y varios de los sospechosos procesados por la justicia de Kenya tenían conexiones con Fazul Abdullah Mohammed, nativo de las Comores, un supuesto agente de Al Qaeda que posiblemente estuvo también implicado en el atentado de Nairobi de 1998 [4]. De acuerdo con un informe de la ONU en estos ataques intervinieron cuatro células terroristas y los preparativos duraron más de un año [5].
 
Desde el punto de vista español es importante destacar que el hombre de negocios argelino Ahmed Brahim, con residencia en España desde 1992 y condenado a diez años de prisión por pertenencia a organización terrorista en abril de 2006, alojó en septiembre de 2001 a  Mamdouh Mahmud Salim, alias  Abu Hajer al Iraqi, uno de los organizadores de los atentados contra las embajadas de  Kenya y Tanzania [6].
Según el último informe sobre el terrorismo en el mundo del Departamento de Estado, el gobierno de Kenya ha avanzado muy poco en el desarrollo de su capacidad para combatir el terrorismo. Los procesados por los atentado de agosto de 1998 en Nairobi y de noviembre de 2002 en Mombasa fueron absueltos en junio de 2005 [7].
 
Yemen, 2000
 
Al Qaeda preparaba un impactante conjunto de atentados para el fin de año de 1999, el llamado complot del milenio, con ataques previstos en Jordania, Yemen y Estados Unidos. Ninguno de estos atentados llegó a realizarse, pero la célula del Yemen no tardó en actuar con éxito. El 12 de octubre de 2000, en el puerto de Adén, un ataque suicida contra el buque de guerra USS Cole causó la muerte de 17 marinos norteamericanos. Desde entonces, la presencia de terroristas ligados a Al Qaeda en este país árabe ha sido un motivo constante de preocupación. La familia del propio Bin Laden es de origen yemení y la popularidad de Al Qaeda en el país parece ser grande. Yemen es un país pobre, a menudo afectado por insurrecciones antigubernamentales, choque tribales y secuestros, aunque por otra parte es uno de los más libres del mundo árabe, con un presidente elegido, un parlamento pluripartidista, voto femenino y prensa independiente. El islamismo tiene una influencia notable y participa en el sistema político a  través del partido Islah [8].
 
Unos tres mil voluntarios yemeníes participaron en la guerra de Afganistán y tras su regreso han jugado un papel importante en la creación de grupos violentos. En la actualidad hay un número significativo de yemeníes tanto entre los presos de Guantánamo como en las filas de los insurgentes en Irak. El Gobierno yemení trata luchar con el terrorismo y cooperar con Estados Unidos sin herir la sensibilidad de la mayoría de la población, que desconfía en Occidente. Por su parte los norteamericanos recurrieron en noviembre de 2002 al insólito procedimiento de matar mediante el ataque de un avión sin piloto a un supuesto dirigente de Al Qaeda implicado en el atentado contra el USS Cole. Un mes después fueron asesinados tres misioneros norteamericanos que trabajaban como médicos. Sus asesinos han sido condenados a muerte y ejecutados.  Otros sospechosos de terrorismo, acusados de tener vinculaciones con Al Qaeda han sido condenados a penas menos graves en diversos procesos, en los que han salido a la luz planes de atentados contra objetivos occidentales, como el embajador norteamericano, las embajadas de Gran Bretaña e  Italia y el centro cultural francés. Pero, en febrero de 2006, 23 presos yihadíes, varios de ellos implicados en el ataque contra el USS Cole y contra el petrolero francés Limbourg –atacado en 2002, lograron escapar [9]. Por otra parte, el gobierno del Yemen se ha negado a tomar ninguna medida contra el jeque Abd al-Majid al-Zindani, acusado en 2004 por la ONU en 2004 de complicidad con Al Qaeda, pero considerado como una personalidad prestigiosa en su país [10].
 
Estados Unidos, 2001
 
La génesis de los atentados del 11-S ha sido ampliamente analizada en el informe de la Comisión Nacional de Investigación establecida al efecto. Este informe depende en aspectos cruciales de los interrogatorios a los que han sido sometidos algunos presos de Al Qaeda, especialmente Khalid Sheikh Mohammed y Ramzi Binalshib, que se hallan detenidos en lugar desconocido y a los que la Comisión no ha tenido acceso directo. De su lectura se desprende la conclusión de que hubo una amplia y compleja conspiración internacional, encabezada por Bin Laden, en la que jugaron un papel crucial algunos árabes residentes en Europa, el tristemente célebre grupo de Hamburgo.
 
De acuerdo con el informe de la comisión, fue Khalid Mohammed, un terrorista yihadí que ya en 1994 había participado en un plan para hacer explotar doce aviones comerciales estadounidenses sobre el Pacífico, quien propuso a Bin Laden, a mediados de 1996, una operación en que pilotos suicidas estrellaran aviones contra edificios emblemáticos de los Estados Unidos. Bin Laden aprobó la operación a fines de 1998 o comienzos de 1999 y fue por entonces cuando Mohammed se incorporó a Al Qaeda, ya que hasta entonces se había negado a hacerlo. Poco después Bin Laden seleccionó a los primeros terroristas suicidas, dos de los cuales, saudíes ambos, llegaron a California en enero de 2000, pero no tuvieron éxito en su intento de aprender a pilotar. Resulto por ello crucial que a finales de 1999 llegaran a Afganistán cuatro árabes residentes en Hamburgo que hablaban inglés, estaban familiarizados con la vida en Occidente y habían abrazado la idea de la yihad terrorista. Tres de ellos, incluido el egipcio Mohamed Atta que sería el jefe de la operación, llegaron a Estados Unidos en el verano de 2000, fueron capaces de formarse como pilotos y acabaron pilotando tres de los aviones del 11-S. El cuarto, el yemení Ramzi Binalshib, no obtuvo el visado para entrar en Estados Unidos y actuó como enlace entre Bin Laden y Atta. El cuarto piloto suicida fue un saudí, lo mismo que la mayoría de los terroristas encargados de someter a la tripulación y los pasajeros. La dirección de Al Qaeda aprobó los ataques en agosto de 2001, al parecer en contra de la opinión de algunos de sus miembros, que compartían la reticencia del dirigente talibán, el mullah Omar [11].
 
El último encuentro entre Atta y Binalshib tuvo lugar en España en julio de 2001. Por otra parte, la Audiencia Nacional condenó al  jefe de la llamada célula española de Al Qaeda, el sirio nacionalizado español Imad Eddin Barakat Yarkas, alias Abu Dahdah, a quince años de prisión por conspiración para homicidio terrorista en relación con el 11-S, basándose sobre todo en un indicio de que Yarkas fue informado de la inminencia de los atentados por una conversación telefónica del 27 de agosto. Pero esta condena ha sido anulada en junio de 2006 por el Tribunal Supremo, que ha mantenido en cambio la condena de doce años como dirigente de Al Qaeda que también le había impuesto la Audiencia.
 
Los atentados del 11-S dieron lugar a un endurecimiento de la legislación terrorista norteamericana y al inicio de la llamada guerra contra el terror. Ello condujo a las intervención en Afganistán, que privó a Al Qaeda de su base segura de operaciones, y posteriormente en Irak. El informe de la Comisión Nacional de Investigación proporciona abundantes datos sobre las actividades de Al Qaeda en Afganistán y del probable conocimiento previo que el mullah Omar tenía de una gran operación en el territorio de los Estados Unidos, a la que inicialmente se opuso, entre otras cosas porque consideraba prioritario acabar con la resistencia de la Alianza del Norte en el propio Afganistán [12]. A su vez Al Qaeda prestó a los talibanes un gran servicio a este fin con la eliminación del líder de la Alianza del Norte, Alí Shah Massoud, que fue asesinado por dos tunecinos residentes en Bélgica el 8 de septiembre, tres días antes de los atentados en Estados Unidos. Por el contrario el informe de la Comisión no presenta pruebas de que el Irak de Saddam Hussein tuviera relación alguna con los atentados y descarta la afirmación de que Atta se hubiera reunido con un agente del servicio secreto iraquí en Praga, en abril de 2001 [13].
 
Túnez, 2002
 
El primer atentado que Al Qaeda reivindicó después de la pérdida de sus bases en Afganistán presentó un rasgo inquietante, pues fue cometido en un país árabe, pero su autor residía en Europa. El terrorista suicida que lanzó una camioneta cargada de explosivos contra una histórica sinagoga de la isla de Djerba, en el momento que llegaba un grupo de turistas alemanes, era un tunecino que residía con su familia en la periferia de Lyon. Pocos minutos antes del atentado el terrorista llamó por teléfono a Khalid Sheikh Mohammed, el promotor de los atentados del 11-S, y dos meses después un portavoz reivindicó el atentado en nombre de Al Qaeda. El atentado tuvo sin duda un triple objetivo: la sinagoga como símbolo judío, los turistas occidentales y también el régimen tunecino del presidente Zine Abidine ben Alí, muy hostil a los islamistas, al que se pretendía castigar a través del negativo impacto del terrorismo en el turismo. 
 
De nuevo, como en el caso del 11-S, musulmanes residentes en la Unión Europea habían cometido un atentado yihadí fuera de nuestras fronteras y habían matado a ciudadanos europeos. Y de nuevo hubo una conexión española. En mayo de 2006 la Audiencia Nacional ha condenado a un pakistaní residente en España y a un empresario español, Enrique Cerdá, por haber participado en la financiación de  aquel atentado. El tribunal estimó que el único móvil de Cerdá era el económico, pero que era consciente de que estaba colaborando con extremistas musulmanes. Uno de sus contactos era Khalid Sheikh Mohammed, que fue detenido en Pakistán en el año 2003 [14]. Tres tunecinos residentes en Lyon, dos de ellos parientes del terrorista suicida, fueron procesados por la justicia francesa por supuesta complicidad, mientras que en el propio Túnez comenzó en abril de 2006 el juicio contra otro cómplice, tío suyo [15]. Así es que el atentado parece haber sido a la vez una empresa con fuertes componentes familiares y una vasta conspiración internacional con ramificaciones en Pakistán y en España y una clara conexión con el núcleo central de Al Qaeda.
 
No ha habido desde entonces nuevos intentos de atentados en Túnez, donde el régimen se mantiene firme contra quienes pretenden una utilización política de la religión, aunque últimamente ha tomado  también medidas de clemencia, como la liberación de presos islamistas en noviembre de 2004 [16].
 
Pakistán, 2002
 
Pakistán es uno de los principales centros del terrorismo yihadí, hasta el punto de que en el período 1998-2005 hemos identificado 22 atentados con diez o más víctimas mortales. Entre ellos se encuentra el atentado del 25 de diciembre de 2003 contra el presidente Musharraf, del que este salió afortunadamente ileso, lo mismo que le ocurrió unos días antes en otro atentado que no causó víctimas. Otros atentados se inscriben en el conflicto sectario entre sunníes y chiíes que padece el país. Pakistan ha servido, además, de base para grupos terroristas que actúan al otro lado de la frontera india, en Cachemira.
 
Ha habido también dos grandes atentados contra objetivos occidentales, ambos en Karachi y con pocos días de distancia. El 8 de mayo de 2002 se produjo un atentado suicida con coche bomba contra un autobús de técnicos franceses que trabajaban para la marina pakistaní  y el 14 de junio hubo otro contra el consulado de los Estados Unidos.  Un año después cinco militantes yihadíes fueron condenados a muerte por dichos crímenes [17]. Por otra parte, no es necesario que un atentado cause un número elevado de víctimas para que tenga un gran impacto en la opinión. La tuvo muy grande el secuestro y asesinato de un periodista norteamericano, Daniel Pearl, debido a la difusión de una cinta de video con la tremenda escena de su decapitación. Por este crimen fue condenado a muerte  un joven británico de origen pakistaní, Omar Saeed Sheikh, nacido en Londres en el seno de una próspera familia y educado en la prestigiosa London School of Economics, cuya radicalización se inició en los años de la guerra de Bosnia [18].
 
El panorama del yihadismo pakistaní es muy complejo [19]. Tras la caída de los talibanes, militantes yihadíes extranjeros, entre ellos quizá los principales dirigentes de Al Qaeda, han encontrado refugio en el área fronteriza pakistaní, escasamente controlada por el gobierno central, que ha lanzado masivas operaciones militares para hacer frente a esta amenaza. Cientos de sospechosos de pertenecer a Al Qaeda y otros grupos yihadíes han sido detenidos en Pakistan y algunos de ellos han sido entregados a los Estados Unidos. Las medidas antiterroristas se han acentuado tras los atentados de Londres en 2005, que pudieron tener una conexión pakistaní [20]. Por otra parte, el 65% de los pakistaníes tenía en 2004 una opinión favorable de Bin Laden, de acuerdo con una encuesta [21].
 
Indonesia, 2002, 2003 y 2004
 
El más sangriento atentado antioccidental perpetrado tras el 11-S tuvo lugar el 12 de octubre de 2002, cuando un terrorista suicida hizo explotar un coche bomba en una zona de esparcimiento de la isla de Bali. La mayoría de las víctimas fueron turistas extranjeros, muchos de ellos australianos. Como en el caso de Djerba, el ataque iba dirigido contra los visitantes occidentales, vistos como propagadores de costumbres contrarias  al Islam, pero también podía dañar la economía del país y especialmente la de la isla de Bali, un destino turístico muy apreciado, que se singulariza dentro de Indonesia por su religión hinduista. Varios implicados en la preparación de este atentado han sido condenados en distintos procesos, en el último de los cuales, celebrado en marzo de 2005, se ha dictado una sentencia de  30 meses de prisión contra Abu Bakar Baasyr, supuesto de líder de Jemaa Islamiyah, una organización yihadí vinculada a Al Qaeda a la que pertenecían todos ellos. La levedad de la condena es representativa de la dificultad que la justicia indonesia ha tenido para hacer frente con eficacia a la amenaza terrorista, aunque la situación ha mejorado tras la aprobación de una ley antiterrorista en 2003 [22].
 
Indonesia es el más poblado de los países musulmanes y uno de los pocos que goza de un sistema genuinamente democrático. En general la actitud religiosa es tolerante, pero existe una minoría extremista, que ha protagonizado enfrentamientos con la minoría cristiana del país,  sobre todo en las  Molucas y en Célebes. El primer gran ataque terrorista impulsado por Jemaa Islamiyah fue un ataque simultáneo a varias iglesias en Java, que causó quince muertes en la Navidad del año 2000. La simultaneidad de los ataques recuerda los casos de las embajadas de Estados Unidos en Africa Oriental, del fallido complot del milenio y del 11-S, por lo que parece una imagen de marca de Al Qaeda. De hecho su coordinador, Hambali, detenido en agosto de 2003 y entregado por Indonesia a Estados Unidos, era al parecer miembro de la dirección de Al Qaeda y actuaba como enlace principal de la organización de Bin Laden con Jemaa Islamiya. El objetivo de esta última es la fundación de un califato islamista que abarcara los territorios musulmanes del Sureste de Asia. Su origen se halla en una escuela islamista fundada por Baasyr en Ngruki, Java, hace un cuarto de siglo [23].
 
Tras el primero de Bali, los  atentados antioccidentales se han venido sucediendo en Indonesia a un ritmo anual: en agosto de 2003 contra un hotel en Yakarta, en noviembre de 2004  contra la embajada australiana en la misma ciudad y en octubre de 2005 de nuevo en una zona de ocio en Bali.  El coordinador de estos tres últimos atentados parece haber sido  Noordin Mohamed Top, un ciudadano malayo, miembro de Jemaa Islamiyah, que se ha convertido en el terrorista más buscado del Sureste de Asia. Su grupo, que se presenta como la rama de Al Qaeda en la región, parece actuar de manera independiente respecto al conjunto de Jemaa Islamiyah, aunque parte de sus miembros, incluido el propio Noordin, proceden de dicha organización. En realidad estamos ante uno de los muchos  casos en los que la adscripción organizativa de los terroristas importa relativamente poco. Una vez que la idea de la yihad terrorista ha prendido, pueden impulsarla pequeños grupos formados a partir de contactos familiares o de amistad, que no necesariamente actúan bajo instrucciones precisas de organizaciones más amplias [24].
 
Arabia Saudí, 2003 y 2004
 
El país natal de Osama Bin Laden se caracteriza por el predominio de una forma de Islam muy rigurosa, el wahabismo, estrechamente ligada a la dinastía saudí desde sus orígenes en el siglo XVIII. Las nuevas corrientes islamistas entraron de la mano de los numerosos Hermanos Musulmanes, procedentes de países como Egipto y Siria, que fueron invitados a establecerse en Arabia Saudí a partir de los años sesenta y adquirieron un papel prominente en el sistema educativo. Muy pronto surgió una corriente islamista opuesta al régimen y un primer estallido de violencia se produjo en 1979, cuando un grupo de rebeldes islamistas asaltó la mezquita de la Meca, pero ese incidente no tuvo continuidad. La radicalización de algunos jóvenes saudíes, incluido Bin Laden, se produjo durante su participación en la guerra de Afganistán, que recibió todo el apoyo de las autoridades políticas y religiosas, mientras que  la ruptura de muchos islamistas con el régimen no se dio hasta 1990, cuando ante la amenaza que suponía la ocupación de Kuwait por Saddam Hussein, el gobierno saudí autorizó la instalación en su territorio de tropas de la coalición internacional liderada por los Estados Unidos.
 
En agosto de 1996 Bin Laden, residente por entonces en Afganistán, declaró la yihad contra los Estados Unidos en su hoy famosa “epístola ladenesa”, que comenzaba con la exhortación a  “expulsar a los infieles de la península Arábiga”. No está clara sin embargo la implicación de Al Qaeda en los atentados que se produjeron en noviembre de 1995 en Riad y en junio de 1996 en un cuartel norteamericano de Khobar. La verdadera ofensiva de Al Qaeda en Arabia Saudí comenzó en 2003 y en su origen parece haber influido el regreso de militantes saudíes que huyeron de Afganistán tras la caída de los talibanes. A partir de entonces una organización que se presenta como Al Qaeda en la península Arábiga ha cometido numerosos atentados, en su gran mayoría dirigidos contra objetivos occidentales, de los cuales los más graves fueron los del 12 de mayo de 2003 en Riad y el 30 de mayo de 2004 en Khobar. En el primer caso una docena de terroristas suicidas atacaron con coches bomba tres complejos residenciales habitados por extranjeros, mientras que en el segundo un grupo de terroristas penetró en otro complejo y asesinó a todos los extranjeros no musulmanes que encontró. Con ello la lucha contra los yihadíes se ha convertido en un objetivo prioritario para las autoridades y bastantes terroristas, incluidos algunos de sus supuestos líderes, han muerto en enfrentamientos con la policía o han sido detenidos.
 
Al Qaeda en la península Arábiga afirma su lealtad a Bin Laden y la dirección central de Al Qaeda, pero no hay pruebas de que sus acciones sean dirigidas por esta desde el exterior. Los indicios apuntan a que se compone de un conjunto de células, de hasta veinte miembros, que actúan de manera autónoma aunque formen parte de un movimiento global. Un sofisticado aparato de propaganda clandestino sirve para dar mayor relevancia al movimiento, que tiene el apoyo de algunos clérigos [25].
 
En cuanto al respaldo popular que puede tener el yihadismo en el país, resulta interesante una encuesta del verano de 2003, según la cual apenas el 5% de los saudíes apoyaría a Bin Laden como líder de la península Arábiga, pero casi la mitad de ellos tenían una opinión favorable de su discurso. Esa aparente contradicción la explicaba uno de los entrevistados al afirmar que le encantaba oír a Bin Laden atacar a Occidente, criticar la corrupción e incompetencia de los gobiernos árabes y denunciar los sufrimientos de los palestinos, pero le horrorizaba ver las imágenes de personas inocentes asesinadas en nombre de todo ello [26]. En febrero de 2005 el gobierno saudí organizó en Riad una conferencia internacional contra el terrorismo, cuya declaración final abogó por una mayor cooperación en la materia.
 
Marruecos, 2003
 
Cuatro días después de los citados atentados de Riad se produjeron otros cinco, casi simultáneos, en Casablanca y ello hace sospechar que se tratara una respuesta del movimiento yihadí al reciente anuncio por parte de Estados Unidos de la victoria en Irak, pero no hay ninguna prueba de que existiera una coordinación internacional de tales ataques. Lo cierto es que en Arabia Saudí, en Marruecos y en el conjunto de los países árabes, la intervención militar en Irak despertó una gran indignación. Hay que destacar también que los atentados de Casablanca tuvieron entre sus objetivos símbolos españoles y judíos, aunque hay cierta duda de si el hecho de que fuera atacado un restaurante denominado Casa de España implicaba un propósito específicamente antiespañol [27].
 
La tendencia yihadí del islamismo marroquí se engloba en una red que recibe la denominación de Salafiya Jihadiya, que parece habar surgido a comienzos de los años noventa y en la que se integraron algunos de los voluntarios marroquíes que habían participado en la guerra de Afganistán. En el verano de 2002 hubo una oleada de detenciones que permitió evitar varios atentados, incluido uno que se preparaba contra buques de guerra británicos y estadounidenses en el Estrecho, en una réplica del atentado contra el USS Cole en Adén. Entre los entonces detenidos había tres saudíes, que fueron luego enviados a cumplir la condena en su país. Pero fueron los atentados de Casablanca los que indujeron a las autoridades a realizar una muy amplia redada en la que fueron detenidas inicialmente unas cinco mil personas y posteriormente han sido desarticuladas otras células [28].  Estas detenciones revelaron inquietantes conexiones europeas y en septiembre de 2003 un francés converso al Islam, Pierre Robert, fue condenado a cadena perpetua, como miembro de una célula que preparaba otros atentados  [29].
 
Resulta inquietante que, de acuerdo con una encuesta realizada casi un año después de los atentados de Casablanca por el Pew Research Center, el 45% de los marroquíes tenga una imagen positiva de Bin Laden, frente a un 42 % que la tiene negativa [30]. Y en una encuesta más reciente se ha comprobado que el 44% de los jóvenes marroquíes niega que Al Qaeda sea una organización terrorista, mientras que sólo el 18% así lo cree [31]. Sin embargo, cientos de miles de personas se manifestaron en Casablanca contra el terrorismo poco después de los atentados.
 
Turquía, 2003
 
Turquía tiene una larga tradición de ataques terroristas inspirados por distintas ideologías, entre los que destacaron los perpetrados por el grupo separatista kurdo PKK, pero en los últimos tiempos la amenaza más grave proviene del movimiento yihadí, como lo demostraron los atentados de Estambul de noviembre de 2003 [32]. El día 15 dos terroristas suicidas hicieron explotar sendas camionetas frente a dos sinagogas de la ciudad y el día 20 otros dos ataques suicidas emplearon el mismo método contra el consulado del Reino Unido y contra un banco británico. Se trataba pues de ataques dirigidos contra la comunidad judía y contra representantes de Occidente, pero también pretendían sin duda  perjudicar al gobierno turco de Recep Erdogan, que pese a pertenecer a un partido islamista moderado ha adoptado una línea política favorable a la integración de su país en Occidente y en particular a su entrada en la Unión Europea.
 
La República Turca mantiene una tradición laica desde su fundación, hace poco menos de un siglo, y las Fuerzas Armadas están comprometidas en la defensa del laicismo estatal. Entre la población turca las simpatías por Al Qaeda son mucho menores que en otros países musulmanes, pues de acuerdo con la encuesta del Pew Center ya citada, sólo el 14% de los turcos  tiene una opinión favorable de Bin Laden, mientras que el 75% la tiene desfavorable [33]. Por otra parte, la gran mayoría de las víctimas de los atentados de Estambul eran turcos de religión musulmana, lo que debe haber contribuido a la impopularidad de al Qaeda.
 
El proceso contra los setenta inculpados por su participación en aquellos atentados se abrirá en breve. Al parecer se trata de un grupo yihadí turco vinculado a Al Qaeda. El coordinador de los ataques habría sido Habib Akdas, un veterano turco de la guerra de Afganistán que posteriormente se incorporó a la insurgencia en Irak y se supone que falleció durante un ataque norteamericano en Fallujah. En agosto de 2005 fue detenido en Turquía un importante terrorista sirio vinculado a Al Qaeda, L. Sakka, a quien se acusa de haber financiado los atentados de Estambul, extremo que él niega, aunque reconoce en cambio haber participado en ataques en Irak [34].
 
España, 2004
 
Los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, perpetrados simultáneamente contra cuatro trenes, destacaron no sólo por el elevado numero de víctimas que causaron, sino por su gran impacto político, debido a haberse producido tres días antes de unas elecciones generales. Esto ha llevado a que en torno a ellos se haya producido una gran polémica política y mediática, que no vamos a examinar aquí.
 
Nos atendremos a los resultados de las investigaciones llevadas a cabo hasta el momento, que se resumen en el auto de procesamiento dictado por el juez Juan del Olmo en abril  de este año. De los 29 imputados por los hechos, nueve son españoles cuya implicación se basa en el suministro de los explosivos y que actuaron puramente por intereses materiales. Ello nos deja con 20 yihadíes imputados, a los que hay que sumar los siete miembros del grupo terrorista que se suicidaron en Leganés. El rasgo común de los 27 es que se trataba de árabes que residían, o habían residido en España. Es decir que no se trataba de un comando llegado del exterior para perpetrar los atentados, sino de un grupo terrorista con raíces locales.
 
Lo fundamental para comprender la naturaleza de este grupo es establecer sus conexiones con otros terroristas, cuestión sobre la que existen datos importantes, entre ellos los siguientes:
 
* Allekama Lemari, uno de los suicidas de Leganés, había sido previamente condenado por su pertenencia a una célula del Grupo Islámico Armado argelino, desarticulada en España en 1997.
 
* El marroquí Jamal Zougam, imputado como autor material, había tenido contactos con la célula española de Al Qaeda que encabezaba Abu Dahdah, como lo demuestran los indicios encontrados en un registro policial realizado en su vivienda en agosto de 2001.
 
* Dos de los imputados por conspiración por su papel en la preparación de los atentados, Hassan el Haski y Youssef Belhadj, parecen ser miembros de alto nivel del Grupo Islámico Combatiente Marroquí.
 
* Se han encontrado vinculaciones con el grupo terrorista del 11-M en varias células yihadíes desarticuladas en 2004 y 2005, entre las que hay que destacar la encabezada por el argelino Mohamed Achraf, que aparentemente preparaba un nuevo atentado en Madrid.
 
Sobre el tema crucial de las conexiones del grupo del 11-M con Al Qaeda existen muchas pistas, pero pocas conclusiones sólidas. Por el momento no se puede afirmar que los atentados hayan sido planificados o coordinados desde el exterior. De lo que no hay duda, en cambio, es de los contactos de algunos yihadíes residentes en España con la dirección central de Al Qaeda. Un caso relevante es el del sirio Mustafa Setmariam Nasar, también conocido como Abu Musab al Suri, quien residió varios años en nuestro país, adquirió la nacionalidad española por matrimonio, y ha sido un hombre clave en la red yihadí global hasta su reciente arresto en Pakistán. Otro hombre posiblemente vinculado a la dirección de Al Qaeda es Amer Azizi, quien residió en España hasta noviembre de 2001, fue miembro del grupo de Abu Dahdah y tuvo relación con varios miembros del grupo terrorista del 11-M.
 
Por otra parte, el papel de la dirección de Al Qaeda en los atentados de Madrid puede haber sido puramente indirecto. Bin Laden amenazó a España por su intervención en Irak en una declaración de octubre de 2003 y ello pudo haber decidido a actuar a los terroristas del 11-M. Se ha localizado también un extenso documento en internet sobre la yihad en Irak que recomendaba actuar contra España, considerada un eslabón débil de la coalición internacional por la actitud contraria a la guerra de buena parte de la opinión pública. Pero el propósito de atentar pudo haber surgido directamente de alguno de los implicados, de varios de los cuales consta su deseo de venganza por la intervención española en Irak.
 
Egipto, 2004 y 2005
 
En la génesis de la yihad terrorista global pocos países han jugado un papel tan importante como Egipto, la patria de su primer gran teórico, Sayid Qutb, ejecutado en 1966, y de Aiman al Zawahiri, el número dos de Al  Qaeda. Egipto fue también el escenario de uno de los mayores episodios de yihad contra los gobernantes locales, que protagonizaron dos organizaciones: Jihad Islamiya, el grupo de Zawahiri, responsable del asesinato del presidente Sadat en 1981, y Jamaa Islamiya, el grupo responsable de la terrible matanza de turistas de Luxor en 1997. A finales del siglo XX, sin embargo, el Estado egipcio había logrado derrotar a ambos grupos [35].
 
La amenaza terrorista ha reaparecido en los últimos años , en los que se han producido tres atentados sucesivos contra lugares turísticos de la península del Sinaí, muy frecuentados por viajeros extranjeros, israelíes incluidos: los de Taba en octubre de 2004, Sharm el Sheikh en julio de 2005 y Dahab en abril de 2006. Tales atentados han sido condenados por los líderes encarcelados de los viejos grupos yihadíes egipcios, tanto Jihad como Jamaa, y parecen haber sido  perpetrados por un grupo nuevo, que ha reclutado militantes entre los beduinos del Sinaí. De agosto a noviembre de 2005 las fuerzas de seguridad egipcias realizaron importantes operaciones en el noreste del Sinaí, en las que murieron varios yihadíes, incluidos los supuestos coordinadores de los atentados de Taba y Sharm el Sheikh. No hay por el momento indicios sólidos de conexiones extranjeras de estos terroristas del Sinaí, que no parecen disponer de medios sofisticados, pero sus ataques se inscriben en la estrategia recomendada por uno de los teóricos de Al Qaeda, el ya citado Abu Musab al Suri, el sirio nacionalizado español detenido a fines de 2005 en Pakistán, quien en un extenso estudio mencionaba que, en la actual fase de la yihad, los turistas eran el objetivo más importante [36].
 
Reino Unido, 2005
 
Los atentados de Londres del 7 de julio de 2005 presentan evidentes analogías con los de un año antes en Madrid. Se trató de cuatro ataques contra medios de transporte urbanos, cuyo propósito era provocar matanzas indiscriminadas, realizados en el territorio de países europeos que habían tenido una participación significativa en la decisión de intervenir en Irak y que fueron perpetrados por  musulmanes residentes en el país, con el agravante de que, en el caso de Londres, los cuatro terroristas suicidas eran ciudadanos británicos.
 
De acuerdo con el informe oficial del Home Office, dado a conocer en mayo de este año, los terroristas habían tenido contactos con extremistas islámicos en el Reino Unido y dos de ellos habían pasado recientemente varios meses en  Pakistán, donde es posible que recibieran entrenamiento; pero no está claro en qué medida los atentados fueron planificados o controlados desde el exterior y no hay pruebas de la intervención de Al Qaeda, a pesar de una reivindicación del propio Al Zawahiri. Dos de los terroristas, los que viajaron a Pakistán, eran conocidos por los servicios secretos británicos, pero los autores del informe no han encontrado pruebas de que se hubieran producido errores sin los cuales se hubieran podido evitar los atentados. Las bombas fueron fabricadas con materiales fácilmente obtenibles, que era posible convertir en explosivos sin grandes conocimientos técnicos. El coste total de la operación fue de menos de ocho mil libras [37].
 
Los analistas han destacado la importante presencia de radicales islamistas en el Reino Unido y resulta preocupante el hecho de que, según una encuesta, el 13,6% de los 1,6 millones de musulmanes del Reino Unido se muestre favorable a Al Qaeda. Ello supone más de 200.000 personas [38]
 
Conclusiones
 
1. Desde 1998 los grandes atentados que englobamos en el concepto de terrorismo yihadí internacional se han sucedido a un ritmo de dos o tres anuales y han afectado a todo tipo de países en cuatro continentes. La eliminación, a fines de 2001, de las bases seguras de que disponía Al Qaeda en Afganistán no ha disminuido su incidencia, ya que en 2002 hubo grandes atentados de este tipo en Túnez, Pakistán, Indonesia y Kenya, en 2003 en Arabia Saudí, Marruecos, Indonesia y Turquía, en 2004 en España, Arabia Saudí, Indonesia y Egipto, y en 2005 en Reino Unido, Egipto e Indonesia.
 
2. Existe sin embargo una diferencia importante entre los atentados cometidos antes y después de la intervención internacional en Afganistán. Hasta el año 2001 se produjeron atentados claramente coordinados por la dirección central de Al Qaeda, a veces cometidos por terroristas enviados desde el exterior a tal fin, como ocurrió en el 11-S. Últimamente se suceden en cambio los atentados perpetrados por grupos locales, cuya vinculación con la dirección central de Al Qaeda es difícil de establecer.
 
3. Un rasgo común de todos estos atentados es su carácter indiscriminado. La mayoría de las víctimas son ciudadanos comunes y no parece importar que mueran personas no occidentales -como ocurrió en los atentados de Kenya, en los que la gran mayoría de las víctimas eran kenyatas- o incluso musulmanes -como lo eran la gran mayoría de las víctimas de Estambul-.
 
4. En todos los atentados, salvo los de Madrid y Khobar, se utilizaron terroristas suicidas. Ello parece deberse sobre todo a un motivo de eficacia, porque los atentados suicidas resultan más letales, pero parece responder también a un impulso de autosacrificio religioso por parte de los suicidas. Es significativo que varios de los terroristas de Madrid se suicidaran cuando iban a ser detenidos.
 
5. Desde el punto de vista europeo resulta particularmente inquietante el hecho de que los yihadíes estén reclutando terroristas en las comunidades musulmanas de Europa. Ello es verdad no sólo respecto de los autores de los atentados de Madrid y Londres, sino de terroristas que han actuado en otros continentes, incluido el grupo de Hamburgo del 11-S.
 
6. Las simpatías hacia Al Qaeda que revelan diversas encuestas realizadas en diversos países musulmanes y entre la comunidad musulmana del Reino Unido implican la existencia de un amplio sector social en el que los terroristas pueden reclutar nuevos miembros.
7. El grado de coordinación central de la campaña terrorista que hemos analizado no puede ser establecido con precisión. La hipótesis de que en algunos casos los atentados han sido cometidos por iniciativa de grupos locales sin vinculación directa con la dirección central de Al Qaeda resulta sin embargo verosímil y es muy inquietante, pues supone que nuevos grupos terroristas pueden surgir de manera autónoma por efecto de la difusión del mensaje yihadí a través de los medios de comunicación, de internet y de la propaganda escrita o grabada.
 
8. Aunque desde el punto de vista occidental, el terrorismo yihadí internacional resulte el más amenazador, no existen límites entre las diferentes variantes de la yihad terrorista, que se hallan estrechamente interrelacionadas. Algunas de las células yihadíes desarticuladas en España, por ejemplo, tenían una misión de apoyo a la yihad en Argelia o a la yihad en Irak.
 
9. Los motivos de los atentados son muy variados y cualquier occidental es en principio un objetivo, aunque últimamente la gran mayoría de las víctimas del terrorismo yihadí son musulmanes iraquíes.
 
10. No hay ningún motivo para esperar que la amenaza se reduzca en el inmediato futuro. En particular, se observa que con frecuencia se repiten los ataques en un mismo país, como es el caso incluso de Kenya, en el que la población local no es considerada un objetivo por los terroristas, pero ha proporcionado la gran mayoría de las víctimas.

 
 
Notas


[1] Comisión Nacional de Investigación (2005): 11-S: el informe, Barcelona, Paidós, págs. 90-93.
[2] D. Benjamin y S. Simon, S. (2003): The age of sacred terror: radical Islam’s war against America, Nueva York, Random House Paperbacks, págs. 26-30. R. Gunaratna (2002): Inside Al Qaeda, Londres Hurst, págs. 140-141.
[3] Comisión Nacional de Investigación (2005), págs. 104-109.
[4] The Guardian, 16-5-2003.
[5] The New York Times, 6-11-2003.
[6] El País, 16-4-2002.
[7] US Department of State (2006): Country Reports on terrorism 2005: Kenya.
[8] International Crisis Group: Yemen: coping with terrorism and violence in a fragile state, 8-1-2003.
[9] A. Maliach: The global yihad: the yemeni connection, ICT, 20-3-2006.
[10] Country Reports on terrorism 2005: Yemen. G. D.. Johnsen: “Profile of Sheikh Abd al-Majid al-Zindani”, Terrorism Monitor,  IV, 7,  6-4-2006.
[11] Comisión Nacional de Investigación (2005), págs. 139-172 y 229-272.
[12] Comisión Nacional de Investigación (2005), págs. 269-272.
[13] Comisión Nacional de Investigación (2005), págs. 244-245.
[14] El País, 11-5-2006.
[15] Tunis News, 5-5-2006
[16] C. Echeverría (2006): El radicalismo islamista en el Magreb, Análisis del IUISI nº18, págs. 12-14.
[17] The Guardian, 14-5-2003. Le Figaro, 1-7-2003.
[18] J. Burke (2003): Al Qaeda, Londres, Tauris, págs. 81-92.
[19] Véase el panorama que trazan M. Abou Zahab y O. Roy (2002): Réseaux islamiques: la connexion afghano-pakistanaise, París, Autrement,  págs. 27-48.
[20] Country reports on terrorism 2005: Pakistan.
[21] Pew Research Center (2004): A year after the Irak War.
[22] Country Reports on terrorism 2005: Indonesia.
[23] International Crisis Group: Al Qaeda in Southeast Asia: the case of the “Ngruki network” in Indonesia, 8-8-2002. D.M. Jones, M.L.R. Smith y M. Weeding (2003): “Looking for the pattern: Al Qaeda in Southeast Asia- the genealogy of a terror network”, Studies in Conflict and Terrorism, 27.
[24] International Crisis Group: Terrorism in Indonesia: Noordin’s networks, 5-5-2006.
[25] International Crisis Group: Saudi Arabia backgrounder: who are the Islamists?, 21-9-2004.
[26] N. Obaid: “What the Saudi public really thinks”, The Daily Star, Líbano, 24-6-2004.
[27] J. Jordán: “Primeras lecturas de los atentados en Casablanca”, Real Instituto Elcano, 20/5/2003.
[28] C. Echeverría (2006): El radicalismo islamista en el Magreb, Análisis del IUISI nº18, págs.9-12.
[29] Le Figaro, 19-9-2003.
[30] Pew Research Center (2004): A year after the Irak War.
[31] I. Cembrero, El País, 25-1-2006.
[32] L. E. Cline (2004): “From Ocalan to Al Qaida: the continuing terrorist threat in Turkey”, Studies in Conflict and Terrorism, nº 27.
[33] Pew Research Center (2004): A year after the Irak War.
[34] I. Cobain, The Guardian, 20-4-2006.
[35] M. Sageman (2004) Understanding terror networks, University of Pennsylvania Press, Philadelphia, págs. 4-34.
[36] E. Karmon: “Egypt as a new front for al-Qaeda”, ICT, 5-5-2006.
[37] The Guardian, 11-5-2006.
[38] M. Ranstorp: “Las bombas de Londres y el contexto estratégico más amplio”, Real Instituto Elcano, 26-7-2005.
 


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