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Traidores de la Ilustración: Europa le da la espalda a Sócrates, Locke, et al
Colaboraciones nº 1280   |  19 de Octubre de 2006
 

(Publicado en National Review Online, 3 de octubre de 2006)

La primera Ilustración occidental del Siglo V a.C. de los griegos buscaba explicar los fenómenos naturales a través de la razón en lugar de la pura superstición. La ética se discutía en el marco de la lógica como también de la religión. Mucho de lo que Pitágoras, Sócrates, Platón y los sofistas pensaron, en la actualidad podría parecer obvio, si no absurdo por momentos. Pero ese siglo fue el principio del intento exclusivamente occidental de llevar a la experiencia humana el empirismo, la autocrítica, la ironía y la tolerancia al pensamiento.
 
La segunda Ilustración europea de finales del siglo XVIII fue la continuación del espíritu previo del Renacimiento. A pesar de todos sus excesos y arrogancia en el pensamiento de que la razón pura por sí misma podría destronar a la religión – como si la ciencia pudiese explicar todos los misterios de la condición humana – no obstante, la Ilustración instituyó el prototipo occidental de una sociedad humana y ordenada.
 
Pero ahora, todo ese esfuerzo tan duramente ganado durante unos 2.500 años, está en peligro. Los nuevos enemigos de la Razón no son los enfurecidos demócratas que ejecutaron a Sócrates, los fanáticos cristianos que persiguieron a filósofos del heliocentrismo o los nazis que quemaron libros. No, es ese pueblo occidental engreído y asustadizo que se rinde ante el barbarismo – enanos sentados sobre los hombros de gigantes fallecidos ya y que creen que su encumbrada posición actual está de alguna forma relacionada con su propio sentido cobarde del acomodo. 
 
¿Qué creería un Sócrates, Galileo, Descartes o Locke de la presente descomposición en Europa al ver que todo su atrevido y valiente pensamiento, conquistado con enorme esfuerzo, se hubiese deteriorado hasta convertirse en una rendición tan ruin ante el fanatismo?
 
Sólo póngase a pensar: Se pone en escena una ópera en la Alemania de hoy en día y se tiene que cancelar, no debido a los nazis, comunistas o reyes, sino simplemente por el miedo a los fanáticos islámicos.
 
Escriba una novela considerada crítica del profeta Mahoma, tal y como lo hizo Salman Rushdie, y enfréntese a años de ostracismo y amenazas de muerte, nada menos que en el corazón de Europa.
 
Haga una película, tal y como lo hizo Theo Van Gogh, y encuéntrese degollado en la “progresista” Holanda.
 
O mejor aún, dibuje unas caricaturas en la Dinamarca postmoderna y luego escóndase.
 
Cite un antiguo texto, como hizo el Papa, y entérese de que la Iglesia al completo puede ser atacada y que los espléndidos muros del Vaticano no ofrecen refugio alguno.
Hay tres lecciones que podemos sacar de esos ejemplos. En casi todos los casos, la crítica contra el artista o intelectual se basaba en su supuesta falta de sensibilidad o de dotes artísticas.Van Gogh era, por supuesto, odioso y sus películas eran pueriles. El Papa se mostró deplorablemente ignorante en temas de relaciones públicas. Las caricaturas de Dinamarca fueron de aficionados e innecesarias. Rushie era un novelista sobrevalorado que ponía verde al Occidente en el que buscó refugio y finalmente recibió lo que se merecía. La última adaptación del Idomeneo de Mozart por Hans Neuenfels era una tontería.
 
Sin embargo, ¿no es precisamente ése el punto? Es fácil defender a los artistas que producen obras geniales que no ofenden las sensibildades populares – la Mona Lisa de Da Vinci o El espíritu de las leyes de Montesquieu – pero no es así cuando un artista ofende sin gusto o sin talento. Vale, el Papa Benedicto XVI está viejo y es un académico; le falta la sonrisa y el tacto del difunto Juan Pablo II que seguramente no habría buscado dilucidación en la rigidez de la erudición bizantina. Pero, ¿no es por eso que debermos ir en defensa de este Papa, aunque sólo fuera porque tiene el valor de expresar sus convicciones allí donde otros flaquearían?
 
Fíjese también la constante necesidad de leer entre líneas en esta nueva autocensura: miedo al islam radical y sus horripilantes apéndices de decapitaciones, atentados suicidas, artefactos explosivos improvisados, fatwas brutales, jóvenes sediciosos, armas nucleares adquiridas con petrodólares, boicots petroleros, subidas de precios y turbas que corean consignas con el puño en alto.
 
Por contraste, casi a diario en Europa, artistas “valientes” hacen caricaturas de cristianos y americanos con toda impunidad. ¿Por qué?
 
Por una larga lista de razones, entre ellas, más que seguro, está la certeza de que lo pueden hacer sin que los asesinen. Esos cobardes se hinchan cuando destrozan a una doliente Oriana Fallaci, a un Ariel Sharon enfermo o a un acosado George W. Bush usando el más demoníaco de los tonos pero se muestran hundidos y esquivos cuando son amenazados por un Dr. Zahawiri o un gran mufti de alguna  recóndita mezquita. 
 
Segundo, casi todos los géneros de expresión artística e intelectual están bajo ataque: música, sátira, la novela, películas, exégesis académica. De alguna manera, los europeos han abandonado de forma muy insidiosa la promesa de la Ilustración que daba la bienvenida al pensamiento libre de todo tipo, cuanto más provocativo, mejor. 
 
De modo que la actual generación de europeos en realidad es herética, hecha en cierto modo de traidores, ya que ellos mismos, no sus gobiernos consensuales o algún invasor del otro lado del Mediterráneo, casi han destruido la libertad de expresión que tenían conquistada, y todo por sus preocupaciones por el petróleo, por parecer apóstatas intolerantes de la nueva religión secular del multiculturalismo, o por miedo a otro atentado como el de Londres o Madrid.
 
Europa produce muy audazmente películas sobre asesinar a un presidente americano y acostumbra menospreciar a la Iglesia que le dio al mundo el Sermón de la Montaña. Sin embargo, sencillamente no saldrá en defensa de un artista, de un Papa bienintencionado o un cineasta criticón cuando la turba los cerca. La Europa que cree en cualquier cosa resulta que no cree en nada.
 
Tercero, examinemos por qué todos estos incidentes se han dado en Europa. Desde el año 2000, ha sido costumbre de los políticos de los estados que votan demócrata reprochar a estos americanos tan paletos, en parte indicando que hay desarrollándose en Europa un futuro para Occidente que supuestamente es más humano. Fue la Unión Europea la que estuvo a la vanguardia del transporte público; la Unión Europea fue quien propuso Kioto y el Tribunal Penal Internacional. Y fue la aclamada Unión Europea la que busco el poder “suave” en lugar del recurso a las armas, algo tan del Neandertal.
 
¿Qué es lo que hemos aprendido en los últimos 5 años de ese socialismo de boutique, pacifismo utópico, equivalencia moral y relativismo cultural? Que era lógico que a las primeras de cambio Europa abandonase al artista y renunciase al rebelde por miedo a los extremistas religiosos. 
 
A los europeos les podrán parecer muy primitivos ésos, en una tienda de recambios en Fresno o en una carrera NASCAR de coches al sur de Ohio, con sus pistolas, su religión “fundamentalista” y su patriotismo chauvinista. Pero son ésos, y cada vez más sólo los de su tipo, los que demuestran ser el baluarte de Occidente. A fin de cuentas lo que mantiene a salvo incluso al Papa y al continente tan confiado en sus diálogos inútiles con los lunáticos iraníes es el ejército de Estados Unidos y sus integrantes, ésos que luchan en él y que distan tanto de ser europeos.
 
Puede que los americanos sólo llevemos 30 años de retraso en relación con Europa, pero todavía no hemos llegado a ese punto. De modo que Europa nos ha hecho un gran favor al mostrarnos el camino, pero no del futuro sino el de la vieja cobardía de nuestro pasado antes de la Ilustración.


 

 
 
Victor Davis Hanson es historiador militar y ensayista político. Actualmente es miembro permanente de la Hoover Institution tras haber impartido clases en la California State University desde 1984 al frente de su propio programa de cultura clásica. Entre otros medios, sus artículos aparecen en The Washington Post, The Washington Times, Frontpage Magazine, National Review Online, Time o JWR.
 
 
©2006 Victor Davis Hanson

©2006 Traducido por Miryam Lindberg

 


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