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Esa sensación de vacío
Colaboraciones nº 1264   |  11 de Octubre de 2006
 
¿Por qué el jefe del estado mayor del Ejército está pidiendo al Congreso 25.000 millones extra para el próximo año? Porque el material se deteriora con mucha mayor rapidez en tiempos de guerra, pero el Congreso, típicamente, no da fondos para reponer el material en tiempos de paz.
 
No es que la Administración Bush haya provisto con fondos insuficientes a las fuerzas militares. Nada de eso. El gasto de defensa está a un nivel alto post Guerra Fría, totalizando casi el 4% de todo lo que el país hace y gasta (lo que también se conoce como el producto interior bruto o PIB). El ejército recibió 98.000 millones de dólares este año. Y el ejército tiene suficiente dinero, tropas y equipos para luchar en Irak y en Afganistán, ayudar a defender a Corea del Sur y llevar a cabo muchas otras tareas alrededor del mundo. 
 
Pero no lo puede hacer eternamente sin desgastar la fuerza y la fuerza se está desgastando. Reponerla costará dinero, mucho dinero.
 
Esto no debería sorprender a nadie. Cuando uno conduce su coche todo el tiempo, consume más gasolina, aceite y recambios. Y el coche se desgasta con mayor rapidez. Por eso los coches usados con muchos kilómetros se venden mucho más barato.
 
Nuestro ejército es igual. Las operaciones en Irak están desgastando los camiones de 3 a 5 veces más rápido de lo normal. Los helicópteros se están usando 5 veces más que su ritmo normal. Las reservas de municiones que estaban acumulando polvo desde la Guerra Fría ya se han gastado.
 
La carga es mayor para la Guardia Nacional, los ciudadanos soldados que responden a crisis domésticas como inundaciones, fuegos y terremotos, tanto domésticamente como en misiones de combate en el extranjero. La Guardia continuamente ha prestado tropas y equipo de una unidad para completar otra y así estar listos para luchar en Irak y Afganistán. 
 
Para julio 2005, según un informe de la Oficina General de Contabilidad del Congreso de EEUU (GAO), se ha tenido que mover 100.000 piezas de equipo para cerciorarse de que las tropas tuviesen todo lo que les hiciera falta. Como resultado, en la actualidad, a la mayoría de unidades de la Guardia le falta, como promedio, un cuarto de su material. Mucho del mismo acaba en Irak para que lo usen las siguientes tropas o se dona a los iraquíes. Según el último conteo, hablamos de más de 64.000 piezas de equipo, que incluye camiones, radios y otros efectos.
 
Todo esto tiene que reemplazarse o repararse; en caso contrario, las fuerzas militares no estarán listas para la siguiente guerra. Eso costará decenas de miles de millones de dólares y llevará años después que acabe la guerra en Irak.
 
Los fantasmas de Vietnam
 
El problema es que el ejército sabe que cuando las guerras acaban, el gasto militar típicamente se va para abajo, no para arriba. Eso da como resultado una “fuerza hueca”, término acuñado por el general Edward "Shy" Meyer después de Vietnam. El ejército lucía divinamente sobre el papel pero casi no tenía suficiente dinero para reconstruirse después de la guerra. Meyer tuvo a su mando más de 12 divisiones. Le dijo al presidente que unas 2 divisiones estaban listas para ir a la guerra.
 
Ése era el Ejército en el que me nombraron teniente segundo de West Point. Yo lo llamaba el ejército del “Vale”. No tenemos suficiente dinero para entrenar, pero... vale, porque no hay suficientes tropas para entrenar, pero vale, porque no tenemos suficiente material para las tropas que no tenemos. Todo era vale, siempre y cuando no tuviésemos que enfrentarnos a alguien. El ejército americano estuvo sin dinero por casi una década hasta que llegó el incremento de defensa de los años 80 del presidente Reagan.
 
Conozco a otro oficial que estuvo en el ejército del “Vale”. Su nombre es Pete Schoomaker. Hoy es el jefe del estado mayor del Ejército y está en la Casa Blanca presionando por más dinero – porque desesperadamente quiere evitar ver otro ejército hueco bajo su mando.
 
El gorila de 360 kilos
 
El Ejército está presionando fuerte para empezar a arreglar sus problemas ahora porque sabe que las proyecciones a largo plazo del gasto de defensa son malas. Incluso si mantuviésemos el nivel de gasto militar al mismo nivel después de Irak, durante la siguiente década seguiría reduciéndose como un porcentaje del PIB a algo alrededor del 3% o menos. Y el poder “real de compra” de las fuerzas armadas se reducirá con ello.
 
La gente en el Pentágono sabe que los presupuestos probablemente seguirán bajando sin tomar en consideración quién habite la Casa Blanca después de 2008 porque las proyecciones del presupuesto muestran que el gasto “obligatorio”, las cosas que el gobierno tiene que cubrir cada año sin mirar quíen es el presidente o lo que quiera el Congreso, van a seguir disparándose por las nubes.
 
La mayor parte de ese aumento rápido del gasto será por los programas de beneficios como Medicare, Medicaid y Seguridad Social. Estados Unidos está envejeciendo y la asistencia sanitaria está volviéndose mucho más cara. A menos que hagamos algo pronto, el resultado va a ser una tormenta perfecta que consumirá el presupuesto federal, dejando poquito dinero para cosillas que sería agradable tener... como una defensa para la nación.
 
Confianza nula
 
Las fuerzas armadas tienen confianza nula en que los políticos del otro lado del Potomac vayan a afrontar con seriedad este tema en mucho tiempo. Se imaginan que tan pronto las cosas en Irak se enfríen, los cheques grandes ya no serán tan grandes. Por eso están tratando de conseguir ahora lo que puedan para lograr que el ejército esté en la mejor forma posible para capear el temporal en los años de vacas flacas que vendrán. 
 
Por eso, Schoomaker está yendo a la Casa Blanca, gorrilla (militar) en mano.

 
 
James Jay Carafano, es investigador decano especializado en Defensa y Seguridad Nacional de Estados Unidos en la Fundación Heritage. Es autor del nuevo libro: “G.I. Ingenuity.”
 
 
©2006  Traducido por Miryam Lindberg


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