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El hermano de Chávez
Colaboraciones nº 1252   |  5 de Octubre de 2006
 
”Siento que he conocido a un hermano y compañero de trinchera después del encuentro con Chávez”, dijo en la televisión estatal iraní, Mahmoud Ahmadinejad. “Creemos que Irán y Venezuela deben compartir las experiencias mutuas, permanecer juntos y apoyarse el uno al otro”.
 
El presidente venezolano encontró aliados con quienes compartir sus deseos megalómanos. En el mundo islámico, Ahmadinejad es el hombre indicado. Ambos alientan los mismos instintos criminales y ambiciones de supremacía mundial. Después de su visita a Teherán, que fue retribuida con la presencia del iraní en Caracas, Chávez prometió que su país ''estará junto a Irán en cualquier momento y bajo cualquier condición''. Si Irán no se somete al llamado del Consejo de Seguridad para que deponga el enriquecimiento de Uranio, sufrirá severas represalias económicas y diplomáticas.
El eje Irán-Venezuela-Cuba-Bolivia se consolida. En Venezuela, Argentina, Chile y otros países sudamericanos ya existen simpatizantes activos de Jizbalá, el grupo terrorista chií, fundado por el Ayatola Komeini. En Bolivia aparecieron unos cuantos afectos a la violencia sin razón, autodenominados, “Los Talibanes Indígenas”. Un grupo de fascistas nativos, abiertamente racistas, que busca convertirse en apoyo paramilitar al gobierno de Morales.
 
Chávez también visitó Rusia, con el fin de concretar la compra de la licencia para establecer una fábrica de fusiles Kalashnikov en Venezuela. Después fue a Qatar donde dijo que exportaría armas a Bolivia. El teniente coronel, sigue intentando hacer del país del altiplano su campo de batalla regional, aprovechando de la candidez del presidente boliviano que le obedece ciegamente. Morales en su visita a Estados Unidos, dijo que su gobierno abrirá dos bases militares venezolanas en Bolivia. Una en Puerto Guijarro y otra en Riberalta, ambas fronterizas con Brasil. Son parte de un plan para construir 24 más, casi todas en el oriente boliviano, donde no goza de popularidad y las utilizaría para someter a sus opositores locales por la fuerza.  Bolivia no sólo está controlada administrativamente por el golpista de Miraflores, sino que pasará a ser reprimida por su ejército. La invasión militar venezolana es un hecho.
 
Dependiendo de los acontecimientos electorales que se den hasta finales de año, podrían ingresar también extremistas musulmanes, que no tuvieron hasta ahora la posibilidad de contar con influencia directa en el cono sur bajo el cobijo de sus gobiernos.
 
En Diciembre se efectuarán las elecciones presidenciales venezolanas, Chávez se siente seguro de ganarlas, para lo que utilizará cualquier medio fraudulento a su alcance. Como primera medida, está entregando cédulas de identidad venezolanas a los miles de cubanos que llegan a Caracas. Castro al borde de la tumba, reveló a su sabido sucesor, genéticamente emparentado, como heredero de la oligarquía comunista. Parecería también, que quiere dejar parte del poder a Chávez, formando una confederación cubana-venezolana. El próximo a participar de la nueva unión sería Bolivia, que si fuese por Morales, ya sería un Estado Federal de Venezuela.
 
Los bolivianos están en el limbo. Evo copó o anuló a todas las instituciones que gozaban de algún poder. La única que queda por el momento en libertad, es la prensa, que es amenazada por mediocres periodistas esporádicos pagados por el gobierno, que amedrentan a los libres pensadores que no se vendieron al oficialismo.
 
El totalitarismo izquierdista eclipsa a Sudamérica, apuntando a restringir las libertades y empobrecer a la mayoría. La violencia pronto hará su magistral entrada de la mano de armamento moderno, mercenarios importados del Caribe y Medio Oriente, fondos inacabables del petróleo y soporte oficial de los líderes radicales.
 
El panorama ha cambiado mucho desde los 70. Los actuales gobernantes latinoamericanos, algunos de ellos ex guerrilleros, secuestradores y terroristas, llegaron al poder democráticamente y sus mandatos deben ser respetados. Pero sólo si no atentan contra la democracia misma, que es lo que está empezando a suceder. Los soberanos populistas no deben olvidar, que la represión llama a la reacción. Si suprimen las libertades, los pueblos tienen derecho a rebelarse contra su opresor.


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