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Una Guardia Civil para Europa
Por GEES
Apuntes nº 35   |  4 de Octubre de 2006
 
Los últimos conflictos en los que han participado fuerzas internacionales, como Kosovo, Afganistán o Irak, han puesto de manifiesto importantes carencias a la hora de gestionar la situación post-bélica. Las fases de combate de alta intensidad se han resuelto en todos los casos con gran rapidez y éxito. Sin embargo, tras la “victoria militar” se ha debido hacer frente a una fase de estabilización y reconstrucción que ha resultado siempre más larga y difícil. En esta fase, evitar el caos post-bélico, garantizar la seguridad de la población civil frente a la proliferación de bandas criminales, luchar de forma eficaz contra grupos terroristas y reconstruir los elementos de seguridad propios del Estado ocupado resultan misiones críticas donde se juega el éxito final o el fracaso de la intervención.
 
Es evidente que las unidades militares convencionales están mejor preparadas, adiestradas y equipadas para hacer frente a la fase inicial de combate que a esta etapa post-bélica de estabilización. En esta segunda fase, las fuerzas armadas siguen resultando imprescindibles para garantizar la desmovilización de los ejércitos derrotados, para combatir una posible insurgencia o para interponerse entre bandos contendientes. Pero para luchar contra la inseguridad ciudadana, enfrentarse al crimen organizado o hacer frente a manifestaciones violentas de población civil no son el instrumento más adecuado.
 
Las fuerzas de tipo gendármico, cuerpos de seguridad de naturaleza militar como la Guardia Civil en España, resultan especialmente apropiados para cubrir este vacío entre un estado de guerra y una situación de paz normalizada. Su principal valor es que al tener una naturaleza militar pueden actuar de forma conjunta y simultánea con las fuerzas armadas. Esto permite una presencia policial desde el primer momento de la operación, eludiendo el riesgo de tener que hacer frente después a una situación descontrolada. Su flexibilidad operativa les permite además pasar posteriormente bajo mando de autoridades civiles, bien una administración internacional e incluso en cooperación con las autoridades locales, por lo que constituyen un elemento extraordinariamente valioso para la gestión de crisis.
 
No este el único valor añadido que representan estos cuerpos en las misiones de paz. Las fuerzas gendármicas tienen un carácter robusto. Esto significa que pueden operar en ambientes hostiles en los que la actuación policial requiere un alto grado de autoprotección. Implica también una gran capacidad para regular la intensidad de la respuesta a cada amenaza. En estas situaciones una manifestación de civiles puede degenerar fácilmente en un enfrentamiento armado y es necesario tener la flexibilidad necesaria para ofrecer una respuesta proporcionada a cada caso. Esta polivalencia se la da tanto su naturaleza militar como sobre todo el hecho de ser cuerpos con plena competencia policial.
 
La experiencia de este tipo de fuerzas en misiones de gestión de crisis es ya muy extensa y no puede haber sido más exitosa. La Guardia Civil española se estrenó en 1993 con la operación de embargo a la antigua Yugoslavia en el Danubio y hoy mantiene efectivos en un buen número de operaciones que van desde Afganistán a Palestina pasando por Haití, Kosovo o Timor Oriental. Los guardias civiles han sido demandados por nuestros aliados con especial intensidad por ser un recurso inexistente en muchos otros países.
 
Cinco países europeos que tienen este tipo de fuerzas policiales de naturaleza militar (España, Francia, Holanda, Italia y Portugal) han decidido constituir una fuerza conjunta dotada de un Cuartel General propio. El objetivo es poder disponer de una fuerza multinacional de tipo “gendármico” capaz de proyectar 800 efectivos en menos de treinta días. El Cuartel General, que estará plenamente operativo en pocos meses, debe proveer además de una planificación conjunta y asegurar la interoperatividad de todas las unidades comprometidas.
 
La Gendarmería Europea permite a la Unión Europea dotarse de una capacidad crítica para la gestión de crisis del futuro. Estados Unidos ha mostrado ya un gran interés por la iniciativa. El proyecto, aún casi embrionario, debe recibir un mayor impulso político para poder consolidarse como una herramienta de suficiente dimensión y eficacia. Países como Rumania, tras su definitiva integración en la Unión, o Polonia, que puede transformar su actual Policía Militar en una fuerza de este tipo, podrían constituir un refuerzo importante para la iniciativa. En el futuro no es descartable que esta fuerza pudiera actuar incluso dentro del propio territorio de la Unión en situaciones de emergencia, como la que esta viviendo estas semanas España frente a las costas canarias.
 
La Unión Europea se ha comprometido de hecho a enviar buques y aviones de otros países miembros para apoyar a España a afrontar una crisis migratoria que ha desbordado nuestras propias capacidades, aunque el Gobierno se resista a reconocerlo. La Gendarmería Europea podría en un futuro desarrollar con mayor eficacia y prontitud este tipo de misiones de auxilio a un estado miembro ante desastres humanos o naturales en sus territorios.
 
El liderazgo de la Guardia Civil en este proyecto europeo, valorado de forma muy positiva por la Asamblea Parlamentaria de la Unión Europea Occidental, pone de manifiesto la oportunidad estratégica y el valor añadido que aporta mantener una fuerza de seguridad de naturaleza militar. Llama profundamente la atención que en un momento en el que desde dentro de nuestro país algunos, incluso en el seno del propio partido que sustenta el Gobierno, cuestionan la naturaleza militar de la Guardia Civil, este tipo de fuerzas sea más valorada que nunca fuera de nuestras fronteras.
 
La Guardia Civil ha demostrado a lo largo de su más de siglo y medio de historia ser un instrumento fundamental para garantizar la seguridad y la libertad de los españoles. Prueba de ello es que la Benemérita se encuentra siempre entre las instituciones mejor valoradas y más queridas por los ciudadanos. Su naturaleza militar le ha dado un valor añadido como una fuerza policial especialmente disponible, sacrificada, rigurosa y eficaz al servicio de todos los españoles. Su protagonismo para hacer frente a la amenaza terrorista es difícilmente discutible.
 
A todos esos argumentos internos debemos ahora añadir una razón europea para apostar por su potenciación y su modernización. La Guardia Civil se ha transformado en los últimos años en un instrumento importante al servicio de la política exterior y de seguridad española y va camino de hacerlo para el conjunto de la Unión Europea. En un momento en el que la mayor parte de las amenazas a la seguridad interior proceden paradójicamente del exterior, dotarnos de esa capacidad de actuación más allá de nuestras fronteras debería constituir una prioridad.


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