(Publicado en FrontPageMagazine.com, 18 de septiembre de 2006)
En lo que de pronto ha sido transformado en un discurso altamente controvertido el día después del 11 de Septiembre en la Universidad de Regensberg, Bavaria, el Papa Benedicto describe la fe cristiana en un dios cuyas palabras y actos están atados a la razón, la verdad y la ley de la no contradicción. Benedicto contrasta esto con la fe islámica en Alá, no ligada a nada que no sean sus propias palabras. Benedicto contrasta además el credo cristiano con el de los humanistas seculares que conciben la razón como completamente desvinculada de Dios.
En respuesta, tanto islamistas como seculares han exigido que el Papa se disculpe. El discurso de Benedicto es la labor de un genio privilegiado. Claramente ha fijado las diferencias entre la cultura cristiana y la cultura islámica, y la base del choque de civilizaciones que experimentamos hoy como Guerra contra el Terror. Sus análisis también explican la causa subyacente de la alianza entre la izquierda occidental y la derecha islamofascista.
La reacción islamista se centra en una frase del discurso. Remontándose a 1391, Benedicto cita al emperador bizantino Manuel II: "Enséñeme lo que trajo Mahoma que fuera nuevo, y solamente verá cosas perversas e inhumanas, tales como sus órdenes de extender la fe que predica a través de la espada".
Cuatro días más tarde, según AP:
"La legislatura de Pakistán condena unánimemente al Papa Benedicto XVI. El principal clérigo chi'í del Líbano exige una disculpa. Y en Turquía, el partido en el poder comparó al Pontífice con Hitler y Mussolini y le acusó de revivir la mentalidad de las Cruzadas.
"Por todo el mundo islámico el viernes, las declaraciones de Benedicto acerca del Islam y la jihad en un discurso en Alemania desencadenaron un torrente de ira que muchos temen que pueda explotar en violentas protestas como las que siguieron a la publicación de las caricaturas del profeta Mahoma".
Reuters citaba fuentes que expresan temor por la integridad física del Papa e incluso un atentado contra la Ciudad del Vaticano.
La reacción islamista ilustra la idea de hace 600 años de Manuel II. La reacción no es de furia, sino una tentativa calculada de obligar al Papa a tragar el discurso políticamente correcto acerca del Islam. Puesto que el Islam no necesita ser internamente consistente y no está obligado por la razón, su único objetivo tiene que ser garantizar que el poder de Alá sea tan trascendente que no esté obligado a nada. Si el hombre es creado a imagen de Dios, el hombre islámico por extensión no está obligado a nada. (Esto explica la tendencia a mentir por parte de algunos musulmanes). Los islamistas no están respondiendo a ninguna "ofensa" contra su inexistente moralidad. Se están garantizando la única "moralidad" que tienen - el ansia de poder.
El "ansia de poder" es un elemento clave de la filosofía de Nietzsche - de ahí la raíz del término islamofascista. Además, la extrema izquierda occidental está mucho más orientada hoy en día por el existencialismo de Nietzsche que por el pensamiento marxista - de ahí la alianza entre izquierda occidental y derecha islamofascista.
Reuters cita a un líder musulmán hindú haciendo precisamente lo que decía Manuel II que harían: "Syed Ahmed Bujari, el principal clérigo de la histórica Jama Masjid de Nueva Delhi, la mezquita más grande de la India, instaba a los musulmanes a ' responder de un modo que obligue al Papa a disculparse'". Observe que pretenden utilizar la fuerza, no la razón.
Reuters citaba a un diplomático bajo condición de anonimato señalando que el Papa "llama a las cosas por su nombre".
El portavoz secular, The New York Times, editorializa, "El Papa Benedicto XVI ha insultado los musulmanes…" Esto es falso. La descripción del Papa del Alá islámico como desligado de la razón no es un insulto. Es un artículo islámico de fe. Lo que temen musulmanes y seculares por igual es la decisión del Papa de elegir entrar en diálogo afirmando su fe en el cristianismo. ¿Cómo se atreve a no "disculparse" por ser cristiano? Ése es el presunto "insulto".
Uno se preguntaría "razonablemente" cuándo se "disculparán" los musulmanes por ser musulmanes. Pero no están obligados por la razón, hasta el punto de no tener ninguna lógica.
Sorprendentemente, el Times continúa: "Líderes musulmanes de todo el mundo han exigido disculpas... Para muchos musulmanes, la guerra santa - la jihad - es una lucha espiritual, no un llamamiento a la violencia". Al decir esto, el Times reconoce implícitamente que los islamistas están emprendiendo una jihad propagandística contra el Papa y contra el cristianismo por extensión - y que aprueban y se unen implícitamente a esta jihad. El Times dice a los islamistas "nos unimos a vuestra jihad espiritual, pero no a la violenta".
Los editores del Times están viviendo en el País de las Maravillas. La jihad "espiritual" propagandística no violenta es simplemente la otra cara de la jihad violenta. No queda tan claro en ninguna parte cono en la reacción islamista contra el Papa.
Teniendo previsto el Papa visita una Turquía en noviembre, los islamistas rechazan cualquier disculpa de los portavoces del Vaticano y exigen escucharla del propio Papa. Esto coloca a tumultos furiosos de criminales islamistas semi-analfabetos en la postura de obligar al líder del Cristianismo a doblegarse ante ellos.
En esta exigencia de sometimiento, se les une el portavoz secular no oficial. En su edición del 16 de septiembre, el Times editorializa: "Necesita ofrecer una disculpa profunda y persuasiva..." también los seculares buscan el sometimiento del Papa. Al igual que los islamistas, los seculares solamente están dirigidos por su deseo de poder. Mientras que los islamistas representan su versión demente de dios -- no ligada por la razón -- los seculares representan su versión demente de la razón -- desvinculada de Dios. Están unidos por su visión del mundo centrada en sí mismos.
Debe observarse que "la furia" cuidadosamente representada desde el mundo islámico no condena la caracterización del Islam por parte de Benedicto como religión en la que "Alá no está ligado por ninguna de nuestras categorías, ni siquiera el raciocinio... [El dios] islámico ni siquiera está obligado por su propia palabra..." esto no es visto como un insulto. El Islam sostiene esta descripción. Al ofrecer esta descripción del Islam, Benedicto se refiere a las opiniones de principal islamista francés moderno R. Arnaldez, discutidas en los escritos del Profesor Theodore Joury de Munster.
Igual manera, los seculares no expresan ninguna sorpresa por la caracterización por parte del Papa de un secular como "[Un] sujeto [que] decide, según sus propias experiencias, lo que considera apropiado en materia de religión, y en el que 'la consciencia' subjetiva se convierte en el único árbitro de lo que es ético".
Benedicto afirma que sin la razón o sin Dios, no puede haber sistema moderno de moralidad. Explica, "De este modo... ética y religión pierden su poder de crear una comunidad y se convierten [en su lugar] en un tema completamente personal".
Tanto islamistas como seculares buscan separar dios de razón. Cada uno proclama por separado la superioridad sobre el Occidente cristiano. Sostienen que la licencia moral absoluta les hace poderosos. Mientras que la globalización lleva la tradición occidental de razón por todo el mundo, ambos están en declive.
Donde la fuerza de la razón es derrotada, islamistas y seculares se encuentran en combate, igual que los fascistas de Hitler rompieron su pacto con la Unión Soviética invadiendo en junio de 1941, tras el colapso de las fuerzas aliadas en el frente occidental.
Lo que temen tanto los islamistas como el New York Times es tener que responder a la idea principal del Papa, tomada prestada del emperador bizantino: "no actuar razonablemente, no actuar según el logos [palabra o razón] es contrario la naturaleza de Dios,... Es para con este gran logos, para con esta luz de la razón, que invitamos a nuestros socios en el diálogo de culturas".
Su miedo a la razón sólo puede conducir al mundo al desastre.
Andrew Walden es editor e impresor de Hawai`i Free Press.