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El Terror está aquí
Colaboraciones nº 1224   |  21 de Septiembre de 2006
 
(Publicado en  Weekly Standard, el 11 de septiembre de 2006)
 

Un colega me habla de un amigo que se encontraba en la estación de Hamburgo durante el reciente episodio terrorista. Los pasajeros, evacuados del tren sospechoso, estaban molestos por el retraso. Nadie se tomaba en serio la amenaza. Confieso mis propios pensamientos mundanos en una situación similar. Me encontraba en el aeropuerto de Zurich el mes pasado camino de Londres cuando los vuelos a Gran Bretaña eran cancelados porque los británicos habían frustrado un importante complot terrorista. Mi primer pensamiento fue, ¿cómo demonios consigo mi portafolios facturado?
 
El complot frustrado este verano para volar sendos trenes en Alemania ha abierto aquí un debate, pospuesto durante mucho tiempo, acerca de la naturaleza de la amenaza terrorista. Hasta ahora, el pensamiento imperante ha sido que Alemania era inmune al terrorismo islámico porque Gerhard Schröder mantuvo al país al margen de la guerra de Irak. Gran Bretaña fue atacada porque Tony Blair es un perrito faldero de los americanos. España sufrió ataques porque José María Aznar ayudó a retirar del poder a Saddam Hussein. Todo esto son tonterías, por supuesto. Los canadienses descubrieron un complot este verano en el que los terroristas pretendían atacar el parlamento y decapitar al primer ministro. Canadá estuvo contra la invasión de Irak. Al Qaeda ha matado inocentes en Indonesia, el país musulmán más grande del mundo, que también se opuso a la guerra.
 
Alexander Ritzmann, un joven y talentoso miembro de los Verdes Demócratas del senado de Berlín, dice que los alemanes tardarán algún tiempo en hacerse a la idea: "Lo que nos convierte en objetivo no es lo que hacemos, es lo que somos". Ritzmann llama a esto "la realidad central que Alemania ha estado intentado evitar". La semana pasada, hizo su propio llamamiento de advertencia sobre el parquet del senado de Alemania. Cierto, la Canciller Angela Merkel ya ha tenido un efecto despertador sobre el debate en materia de seguridad y política exterior alemana. Merkel es empírica, una científica de formación. El pasado febrero, en la conferencia internacional de seguridad en Munich, un funcionario iraní se levantó e informó a la Canciller de que Irán dispone de una ley que exige enriquecer uranio. “Entonces cambiad la ley”, respondió ella.
 
La era Schröder no fue un desperdicio total. Otto Schily, el terco ministro del interior – un Verde convertido a Socialdemócrata – se mantuvo inflexible y demostró ser un aliado serio de Estados Unidos y de otros. Pero el debate acerca del terrorismo islámico durante aquellos años fue en su mayor parte estúpido e irresponsable. Mathias Döpfner, presidente y CEO de la editorial Springer, firmaba una cruda columna hace un par de años en la que argumentaba que el debate alemán se había reducido a la fórmula ridícula y vaga de “Bush es tonto y malo”.
 
Los sucesos del verano al menos han llamado la atención de los alemanes. El primero de los cuatro detenidos era un estudiante libanés de 21 años de Kiel llamado Youssef Mohammed. El 31 de julio colocó dos bombas a bordo de dos trenes de cercanías camino de Koblenz y Dortmund. Las bombas no llegaron a explotar. No se ha llegado a ninguna conclusión, pero parece que existe una conexión con al Qaeda. La revista Stern anunciaba la semana pasada Der Terror ist da. La última portada del Der Spiegel trata de la nueva inquietud alemana, pero el debate “no se ha caldeado aún”, dice Ritzmann. "Aún necesitamos un gran suceso", añade.
 
Los hay que han estado intentándolo. El más importante de todos ha sido quizá Hans Magnus Enzensberger, una de las principales figuras literarias y críticos sociales del país. Enzensberger debatió la Guerra de Irak con otro de los intelectuales importantes de Alemania, Jürgen Habermas. Habermas insistía en que Europa, con sus superiores valores humanísticos, va por separado con respecto a América. Enzensberger disentía vigorosamente en las páginas del Frankfurter Allgemeine Zeitung.
 
A comienzos de este año, Enzensberger publicaba “Hombres del terror”, un ensayo sobre el perdedor radical. Enzensberger no culpa del azote del terrorismo islámico ni a la pobreza ni a George W. Bush. Él ve sus raíces en una visión intolerante del Islam que se remonta a la fundación de la Hermandad Musulmana en los años 20 en Egipto. El ensayo cita generosamente el Informe de Desarrollo Humano de la ONU y concluye que los masivos déficits de educación y autogobierno en el mundo árabe han servido como incubadora de los tremendos complejos de inferioridad y la alienación que dan lugar al "perdedor radical". El ensayo de Enzensberger es un gran paso hacia un debate serio. Pero de otro modo, el nivel del discurso ha sido muy bajo. El experto más elogiado de Alemania en materia de Oriente Medio, un excéntrico autor y periodista llamado Peter Scholl-Latour, argumenta que al Qaeda es un equipo de tercermundistas con buena publicidad creado sobre todo por los americanos.
 
¿La buena noticia de todo esto? La mayoría de los alemanes dice ver ahora una verdadera amenaza. Pero los británicos también. El 80% dice sí a la guerra contra el terror, pero principalmente a través de más políticas militaristas, y no de la alianza con Estados Unidos. Espere simplemente a la salida de Tony Blair para ver lo mal que se pondrán las cosas. Sólo nos cabe esperar que Angela Merkel dé la talla. Europa necesita un debate serio, y sólo una dirección seria puede dar lugar a ello.  

 
 
Jeffrey Gedmin es director del Instituto Aspen de Berlín.


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