En uno de sus artículos recogidos luego en el libro
El Espectador, el filósofo español José Ortega y Gasset escribió
“Los argentinos no se contentan con ser un pueblo entre otros; ellos aspiran a un destino excepcional”. Una frase tan rotunda como el futuro que parecía aguardar a Argentina, al menos igual al de Estados Unidos. Eran los años de entreguerras y el país austral gozaba de una economía boyante debido a sus exportaciones de carne a Europa, a su vinculación cultural y política con la Gran Bretaña y a su población creciente de emigrantes europeos. El peronismo abonó los sueños argentinos de dirigir los destinos de América del Sur, que duran hasta hoy. Pero bajo el mandato de Néstor Kirchner, Argentina ha quedado relegada por Brasil y Venezuela y su vecino Chile mira cada vez más a la orilla occidental del Pacífico
[1] y al norte, al bloque formado por Canadá, Estados Unidos y México.
El presidente peronista Carlos Menem llegó a enviar unas pocas tropas a la guerra del golfo Pérsico para participar en la liberación de Kuwait. Su correligionario Kirchner, con quien compitió por la presidencia en 2003, ha dado un vuelco a la política exterior nacional: ha colocado a Argentina en el bando de los chicos malos del Imperio. La consecuencia es que el país está quedando cada vez más aislado, sólo en compañía de demagogos de izquierda como Hugo Chávez y Evo Morales.
Néstor Kirchner está desarrollando una política exterior similar a la del socialista español José Luís Rodríguez Zapatero. La asistencia de ambos gobernantes a reuniones y cumbres de las organizaciones internacionales de las que sus países son miembros, como el Mercosur, la Unión Europea y la OTAN, no oculta el cambio de alianzas. Al menos Rodríguez emplea las misiones de paz de la ONU
[2] para limpiar el buen nombre de España que manchó al retirar apresuradamente las tropas destinadas en Irak y para mantener su apoyo a una política multilateral; Kirchner prefiere apartarse incluso de las resoluciones de la ONU. Así, mientras Madrid ha anunciado el envío de militares españoles al Líbano, Buenos Aires ha rechazado la petición del secretario general Kofi Annan
[3]. Las Fuerzas Armadas argentinas comenzaron su participación en misiones organizadas por la ONU a gran escala a principios de los años 90, bajo el mando del teniente general Martín Balza, hoy embajador en Colombia, pero el actual presidente ha cercenado esa naciente tradición. A Argentina le habría correspondido la jefatura de la misión en Haití, dada su mayor experiencia entre los países latinoamericanos y la implicación militar de Estados Unidos en Afganistán e Irak, pero al final recayó en Brasil porque Kirchner optó por apartarse.
Uno de los motivos que aduce la prensa argentina para explicar la actitud del Gobierno peronista de abstención ante la Fuerza Interina de Naciones Unidas en el Líbano (FINUL)
[4] es el miedo al terrorismo islámico. La presencia argentina podría recordar a Hizbulá dónde se encuentra este país, en el que, según las investigaciones judiciales, cometió dos atentados antijudíos en 1992 y 1994, con decenas de muertos argentinos. El motivo de estos crímenes, tal como dictaminan la izquierda y los aislacionistas, fue la participación en la liberación de Kuwait, paradójicamente aprobada por las Naciones Unidas. Conclusión: lo más conveniente para no convertirse en objetivo de los islamistas es no molestarles.
Ausencia en Lima
El anterior episodio en este abandono de amistades y relaciones fue la ausencia de Kircher de la toma de posesión de Alan García como presidente del Perú, que se celebró en Lima el 28 de julio. Kirchner había recibido en la Casa Rosada al candidato rival de García, Ollanta Humala, pupilo de Hugo Chávez. García le pagó omitiendo Buenos Aires de una rápida gira por varias capitales sudamericanas antes de su jura. El asunto es tanto más grave cuanto Perú siempre ha sido un aliado de Argentina en Sudamérica.
El mismo mes de julio, Kirchner desairó a la presidente chilena, Michelle Bachelet. Debido a la subida del gas natural que Bolivia vende a Brasil y Argentina, el Gobierno peronista ha subido, a su vez, el precio del que exporta a Chile. En este país, se asumió el encarecimiento sin excesivas quejas. Kirchner y Bachellet se reunieron en Córdoba y el presidente argentino se comprometió con su par chilena a un precio determinado, de entre 3,70 y 3,90 dólares por millón de BTU (la unidad de volumen de medida del gas natural). Unos días después, con Bachellet de regreso en La Moneda, se conocieron los precios definitivos, que incluían una subida de las retenciones y otros ajustes: entre 4,60 y 4,80 dólares por millón de BTU. A las quejas de la jefa del Estado chileno, respondió el ministro de Planificación, Julio de Vido, en vez del presidente, lo que fue otro punto de irritación.
Semejante actitud ha tenido una consecuencia negativa para Argentina: el compromiso de Bachellet de lograr la independencia energética en un plazo de dos años mediante la construcción de plantas de regasificación de gas natural licuado adquirido en la cuenca del Pacífico o más lejos. Así, Chile dejaría de depender del gasoducto con Argentina y, también, de una Bolivia cada vez más inestable y arisca. De esta manera, Argentina perdería un gran cliente, seguro y cercano, que le compra casi 15 millones de metros cúbicos diarios y por los que ha estado pagando 18 millones de dólares al día.
Kirchner también se ha enfrentado con Uruguay a cuenta de la construcción de dos papeleras (una de ellas propiedad de la empresa española Ence y la otra de la finlandesa Botnia) en el territorio vecino, en Fray Bentos. Se trata de la mayor inversión extranjera en el pequeño país austral, por importe de 1.900 millones de dólares, equivalente a un 2,5% de su PIB, y que creará unos 600 empleos. Con la excusa de que contaminarán el río Uruguay, frontera entre ambos países, diversos grupos de la provincia de Entre Ríos cortaron los pasos fronterizos en enero y mayo pasados, con pérdidas para Uruguay de 400 millones de dólares. El Gobierno izquierdista de Montevideo ha reclamado al Estado argentino que ponga fin a los cortes y lo ha demandado ante el tribunal de MERCOSUR por consentir el incumplimiento de las normas sobre la libre circulación de personas y mercancías. El fallo del laudo se espera para las próximas semanas. Tabaré Vázquez y sus ministros han tratado de alcanzar un acuerdo con Buenos Aires para que ambos Gobiernos controlen la seguridad de las papeleras, pero Kirchner se ha negado, a fin de no perder popularidad entre los agitadores. El Gobierno argentino llegó a solicitar al Tribunal Internacional de Justicia de La Haya que detuviese la construcción de las papeleras por posible contaminación y perdió el caso
[5]. Ante la contumacia del Ejecutivo peronista, Tabaré ha advertido a los uruguayos de que Argentina puede aplicar represalias como el corte de suministro eléctrico o el veto a la concesión de préstamos internacionales y ha anunciado que si Brasil y, sobre todo, Argentina siguen
“ahogando” a Uruguay él buscará acuerdos con Estados Unidos y China
[6].
¿Cuáles son las razones de Kirchner para proceder de esta manera con sus vecinos? No puede alegar el desconocimiento de la lengua inglesa de Rodríguez Zapatero o los deseos de pasar las noches en compañía de su esposa y sus hijas, pues su mujer, la senadora Cristina Fernández, suele viajar con él. Mientras el español está encantado de difundir su quimera de la Alianza de Civilizaciones, el argentino no ha aportado nada al catálogo de ocurrencias políticas no ya del mundo, sino de Sudamérica; en este campo, las innovaciones corren a cargo de Hugo Chávez y Evo Morales. Tampoco la distancia ideológica, como la que existe entre Rodríguez Zapatero, por un lado, y George Bush, Tony Blair y Ángela Merkel; Bachellet es miembro del partido Socialista chileno, Tabaré Vázquez encabeza una coalición de izquierdas y García milita en el APRA, una especie de socialdemocracia.
La ignorancia de Kirchner
El periodista Joaquín Morales Solá describe así a Kirchner:
“Partamos de que es el presidente de la democracia argentina que menos importancia le ha dado a las relaciones internacionales. Tal vez su matiz intelectual, su origen (la Patagonia está lejos de todo el mundo), lo convierte en un hombre para el cual la política internacional no es su fuerte. Y toma decisiones sin consultar a nadie. Si agregamos a esa situación, su ignorancia sobre muchos temas internacionales, tenemos casi siempre decisiones equivocadas”[7].
Además, por su carácter, Kirchner (al igual que su esposa) no soporta que se le lleve la contraria, tanto por parte de sus ministros, de los diputados y de los periodistas, como por parte de los gobernantes extranjeros. A diferencia de Rodríguez, que disimula su enfado y sabe que la venganza se sirve fría, Kirchner lo exterioriza. Un empresario español calificó una reunión con él de la siguiente manera:
“nos puso a parir”[8]. Con un jefe de Estado no puede tener ese comportamiento tabernario, pero sí puede guardársela para devolvérsela más tarde. Es lo que hizo con la presidenta Michelle Bachelet al discutir sobre el aumento del precio del gas natural.
Importador de petróleo para 2008
Aparte de lo dicho arriba creemos que hay otro factor que influye en este comportamiento de Kirchner, y es el agotamiento de los yacimientos de petróleo
[9], lo que le ata al gran abastecedor de la región: Chávez.
Desde que en 1998 alcanzó su máximo, la extracción de petróleo no ha parado de descender. De acuerdo con datos provisionales de la Secretaría de Energía, la caída fue de un 3,18% (18,9 millones de metros cúbicos) en el primer semestre; en 2005, la disminución ascendió a un 5%. Mientras Brasil, el gran rival de Argentina, ha conseguido este año la autosuficiencia energética por medio de Petrobras
[10], Argentina se aleja de ella, con efectos en el déficit exterior y la inflación.
Varios analistas del sector de hidrocarburos calculan que en 2008 Argentina podrá haberse convertido en importadora neta de petróleo, después de quince años de autoabastecimiento. La cuantía de las importaciones netas alcanzará el 8,3% de la demanda actual y unos 1.160 millones de dólares a los precios actuales, de acuerdo con los cálculos de la consultora argentina Economía & Regiones. En 2010, la importación subiría al 21,5% de la demanda interna. Estos datos también los tiene el Gobierno de Buenos Aires, y de ahí que presione a las petroleras para que busquen y perforen más pozos. Los precios del petróleo incitan a explotarlo, pero su éxito puede tardar años; mientras, la extracción de gas natural, la otra fuente de energía propia del país, se está quedando orillada porque no es tan rentable
[11]. Argentina, por tanto, se encamina a un estrangulamiento energético.
Kirchner está volcado en conseguir la reelección en las elecciones presidenciales de octubre de 2007. A mediados de agosto, el peronista nombró de nuevo a su hermana mayor Alicia ministra de Desarrollo Social
[12], con un presupuesto de 3.500 millones de pesos. Ella se encargará de numerosos programas de gasto y clientelismo, como ya hizo en las pasadas elecciones parlamentarias.
La familia Kirchner (Néstor y su esposa, la senadora Cristina Fernández, más Alicia) y su círculo íntimo (el jefe de gabinete, Alberto Fernández, y el ministro de Planificación, Julio de Vido, entre otros) ven toda la acción gubernamental a través de las encuestas.
“Lejos del trabajo en equipo, Kirchner se preocupa más por las variables que pueden conmover su Gobierno: precio del dólar, nivel de reservas, stock de recursos energéticos y el balance del día del tesoro nacional. Esos son los datos que chequea todos los días además de recibir un informe de Miguel el mudo
Núnez, vocero presidencial”[13]. Lo anterior demuestra la fragilidad del crecimiento macroeconómico argentino, aunque el PIB subiera un 9,2% en 2005 y se prevea un aumento de entre un 7,5% y un 8,5% para el presente año. Bastaría una apreciación del dólar o una caída de los suministros energéticos para que la economía se tambalease.
Dependencia de Venezuela
Con una inflación que en 2006 va a superar la cifra del 10% que había fijado como objetivo el Gobierno, la caída de la extracción de petróleo puede influir no sólo en los precios, sino en los suministros de combustible y de energía. Durante la última visita oficial de Kirchner a España, el presidente de Repsol-YPF, Antoni Brufau, comprometió 4.600 millones de euros en exploración de nuevos pozos para el período entre 2007 y 2009
[14], pero, desde que comienza la búsqueda hasta que el petróleo mana, pasan meses, sino años. ¿Quién puede ayudar a la familia Kirchner a salir del atolladero? Pues el mismísimo Hugo Chávez, que reparte petróleo y petrodólares con la generosidad del nuevo rico entre sus amigos y aliados
[15].
El venezolano, a la vez que vende petróleo a Estados Unidos (más de un millón de barriles diarios en junio
[16]), lo regala a Cuba (unos 90.000 barriles diarios). Para poner en marcha su proyecto imperialista, Chávez cuenta con sus pozos de petróleo y los extraordinarios ingresos que obtiene, ya que toda la industria de hidrocarburos está controlada por el Estado a través de la empresa pública PDVSA. El militar populista suele adular a los Gobiernos con que espera contar con envíos de crudo a un precio inferior al del mercado internacional; tanto la República Dominicana como Uruguay se han beneficiado de estos regalos. Kirchner puede acabar necesitando que los petroleros venezolanos atraquen en Argentina el próximo invierno, aunque sea para repetir en Buenos Aires la campaña publicitaria de reparto de fuel-oil barato a domicilios pobres de Nueva York y Boston que desarrolló el Gobierno venezolano este año
[17].
Como hemos explicado en otras colaboraciones, Venezuela ya presta ayuda económica a Argentina por medio de la compra de bonos emitidos por el Banco Central de este país y que, de lo contrario, se colocarían en peores condiciones por el recuerdo de la suspensión de pagos de principios de siglo.
“Chávez y el presidente de Argentina, Néstor Kirchner, han anunciado la creación de un nuevo bono de carácter binacional que será colocado en mercados internacionales y servirá para obtener financiación. Venezuela ya había comprado anteriormente 2.700 millones de dólares de deuda argentina en los momentos más delicados del canje de la deuda, y va a adquirir otros 242 millones de dólares de los bonos argentinos con vencimiento en el año 2012, un gesto que el presidente argentino no olvida”[18]. A cambio, Kirchner propugnó el ingreso de Venezuela en el MERCOSUR, realizado en julio pasado.
Curiosamente, Venezuela, abanderada de la unidad continental, se salió en abril de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), porque dos de sus principales miembros, Perú y Colombia, aparte de estar gobernados por presidentes que no gustan a Chávez, han firmado tratados de libre comercio con Estados Unidos. El régimen chavista, por tanto, se siente más a gusto en MERCOSUR que en la CAN. ¿Porque tiene en aquélla más aliados incondicionales?
Por desgracia, mucha gente, incluidos periodistas y diplomáticos, se fía más de la apariencia que de la esencia, y le cuesta aceptar que Kirchner, tan bien vestido y tan comedido en sus escasas intervenciones fuera de su país, se encuentre a gusto con Chávez, con su boina de paracaidista y sus exabruptos. Pero la realidad es así.
He aquí otra coincidencia. Hace unas semanas, Chávez realizó un sorprendente periplo internacional, en el que visitó Rusia, a cuya industria compra armamento, Irán, a cuyo Gobierno invitó a participar a invertir en Venezuela, Vietnam, Mali y Bielorrusia. El presidente de este último, el comunista Alexander Lukashenko, ha sido condenado por la Unión Europea y otros organismos por dictador y por encarcelar a miembros de la oposición. En la visita a Minsk, Chávez le calificó de
“amigo”, le mostró su respaldo ante cualquier intento de derrocamiento y declaró que ambos países luchaban contra la
“hegemonía del capitalismo”[19]. Meses antes, en marzo, el representante de Argentina en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas se había abstenido, sin dar explicaciones, en la votación del informe que documentaba las vulneraciones cometidas por el Gobierno de Bielorrusia contra las libertades individuales. En cambio, en su país Kirchner ha impulsado la declaración de nulidad de las leyes de obediencia debida y de punto final y ha destituido a los funcionarios y militares de los que había sospechas de que participaron en la represión ordenada por las Juntas militares (1976-1983). El peronista emplea las mismas dos varas de medir que Chávez, y las aplica de idéntica manera.
El desprecio a Alan García, puede estar causado ya por la ideología de Kirchner, tan populista y autoritaria como la de Chávez, ya por las ganas del argentino de hacer favores al venezolano. El desaire a Chile puede deberse a las necesidades de aumentar los ingresos de la Hacienda o al deseo de agradar a Evo Morales y, a través de él, a Chávez. Sean unas razones u otras, el resultado está claro: Kirchner está encerrando a Argentina dentro de sus fronteras. Si, como escribe el periodista Andrés Oppenheimer,
“en un mundo en que China, India y Europa del Este están cautivando a Wall Street, atrayendo inversiones masivamente y creciendo a tasas espectaculares, ser ‘razonablemente responsable’ ya no es suficiente para atraer nuevas inversiones, crear empleos duraderos y reducir drásticamente la pobreza”[20], ¿qué futuro aguarda a los irresponsables?