Desde la reciente guerra Israel-Hezbolá en el sur del Líbano hasta los jihadistas en el Triángulo Sunní de Irak, pasando por los repetidos esfuerzos de los islamistas de todo el mundo por utilizar como triunfo el 11 de Septiembre, ¿qué viejas lecciones acerca del terrorismo nos encontramos teniendo que volver a aprender en Occidente?
En primer lugar, que la muerte es el mantra de los terroristas. En los escenarios urbanos se esconden entre edificios de apartamentos, utilizan escudos humanos y celebran todas las bajas - amistosas u hostiles, combatientes o civiles-. La muerte de cualquier tipo, piensan, hace retroceder al progresista Occidente, pero a ellos les permite hacerse pasar por víctimas oprimidas.
Su odio nihilista intimida, más que repele, a terceras partes - ya sean árabes "moderados", europeos que se abstienen de la pacificación del Líbano, o el público occidental en general. Nuestros enemigos llaman a los judíos "cerdos" o "monos" y emplean caricaturas racistas de la Secretaria de Estado afroamericana norteamericana. Mientras tanto, nosotros nos preocupamos de no incurrir en acusaciones de "islamofobia" cuando deberíamos estar destacando nuestros valores modernos y contrastando sin descanso la civilización occidental con el barbarismo del siglo VII de los jihadistas.
En segundo lugar, los arrolladores beneficios del petrodólar (alrededor hoy de los 500 mil millones de dólares anualmente) alimentan financieramente al Islam radical. El efectivo iraní permitió a Hezbolá adquirir el armamento sofisticado necesario para lograr la equidistancia en las confrontaciones con las Fuerzas de Defensa de Israel. A menos que Estados Unidos pueda encontrar un modo de forzar a la baja de nuevo los precios del petróleo por debajo de los 40 dólares el barril, los islamistas podrían estar mejor equipados con el tiempo con el armamento que compran que nosotros con las municiones que fabricamos.
En tercer lugar, como ha demostrado la experiencia de Israel en el Líbano, la potencia aérea en solitario nunca puede derrotar a los terroristas. Las bombas de precisión son una opción tentadora para los occidentales, puesto que garantizan pocas bajas, si es que hay alguna. Pero los jihadistas, a través del uso de escudos humanos y fotógrafos parciales, son capaces de presentar bombas guiadas como un bombardeo por saturación indiscriminado.
En cuarto lugar, el uso de antiguos misiles portátiles - katyushas, qassams y peor aún por llegar - está alterando el cálculo estratégico, dado que ahora se cifran por varios miles. El temor a las plataformas móviles casi sin límite de Hezbolá permitió a los terroristas obligar a la entera población de ciudades israelíes a esconderse en los refugios anti-bombardeo y casi clausurar la economía del país.
En Oriente Medio, ni la nueva barrera israelí ni los Altos del Golán garantizan la seguridad bajo un cielo lleno de misiles. Israel necesita un logro en defensa balística y puede tener que poner sus miras en activos convencionales de los patrocinadores terroristas - la red eléctrica, por ejemplo, de Siria - con el fin de restaurar la disuasión.
En quinto lugar, la Inteligencia sigue siendo inferior. Los errores no son solamente un problema americano, sino que plagan también la Mossad israelí. La segunda tenía poca idea de las armas anti-tanque y los búnkers impenetrables de Hezbolá, ubicados a pocas millas de la frontera. La dependencia occidental de vehículos no tripulados y satélites rinde poca información sobre el terreno. Mientras tanto, las sociedades libres emiten por televisión gran parte de sus propios planes y debates.
Bajo el propio código de justicia vigilante de los jihadistas, los informantes locales sospechosos de suministrar información a occidentales son ejecutados pública y casi instantáneamente. Nosotros, por otra parte, nos arrancamos la piel por grabaciones selectivas.
En sexto lugar, existen pocas evidencias de la eficacia o de la moralidad de la extravagante diplomacia "multilateral". Los franceses han recortado drásticamente su contribución propuesta a la fuerza de pacificación de la ONU en el sur del Líbano. La Rusia hambrienta de dinero vendió sus mejores armas a terroristas. Y la China hambrienta de crudo suministra misiles a Irán.
Y en séptimo lugar, la reputación de los medios internacionales en Oriente Medio tanto en cuanto a precisión como a justicia se ha perdido. En la reciente guerra del Líbano, las agencias de noticias fueron acusadas con fundamento por bloggers de publicar fotografías manipuladas, y una agencia, Reuters, fue avergonzada cuando se descubrió - gracias de nuevo al trabajo de bloggers - que uno de sus periodistas freelance había manipulado fotografías de guerra.
Los periodistas raramente entrevistaron o grabaron a soldados de Hezbolá; aún no tenemos ninguna idea de cuántos de los presuntos "civiles" asesinados de los que se informó eran en realidad terroristas de Hezbolá. En Oriente Medio, los periodistas están aterrados por los fundamentalistas islámicos, pero no por el ejército americano o el israelí.
A pesar de las enormes ventajas de los ejércitos occidentales, no hay garantías de que podamos seguir por delante de terroristas - especialmente cuando están adquiriendo experiencia mientras nosotros parecemos cansados e inseguros acerca de contra quién, por qué o cómo deberíamos luchar.
Hasta la fecha, Estados Unidos ha sido capaz de evitar las últimas iniciativas terroristas. Hasta la fecha, Afganistán e Irak se aferran a sus democracias recién descubiertas. Hasta la fecha, Israel ha podido sobrevivir a Hamas y Hezbolá, y a los estados patrocinadores de estos grupos, Irán y Siria.
Pero a menos que nosotros en Occidente nos adaptemos con mayor rapidez que los cuidadosos terroristas islámicos en esta guerra en constante evolución, abandonemos nuestra guerra mutuamente destructiva y dejemos de olvidar lo que hemos aprendido de nuestros enemigos - habrá desastres próximamente mucho peores que el 11 de Septiembre.