(Publicado en ABC, 1 de septiembre de 2006)
Contra toda la demagogia, Hizbolá no ha ganado la guerra del Líbano. Puede que Israel no lograse una de sus aplastantes victorias, pero la gente de Nasralá ha encajado un severo golpe, militar y político.
Lo que Hizbolá necesita ahora son tres cosas. La más urgente, quitarse la presión militar israelí de encima. Algo que ya ha conseguido con el alto el fuego y que espera disfrutar hasta cuando le convenga con el despliegue de los cascos azules, entre ellos los españoles. En la medida en que las tropas bajo mando de la ONU no desarmen las milicias islamistas, éstas harán lo que han venido haciendo bajo la atenta mirada de los soldados de la FINAL en todos estos años, organizarse, armarse y atacar. Y no podemos olvidar que Hizbolá es una organización terrorista a escala global, con atentados que superan con mucho el estrecho marco del Oriente Medio.
A Hizbolá, por tanto, le interesa y mucho el despliegue de la fuerza internacional. Así como ha utilizado a buena parte de civiles como escudos humanos, aspira a que los cascos azules les sirvan de rehenes ante cualquier intento de actuación militar por parte de Israel. La ONU es para Hizbolá su mejor seguro de vida en estos momentos. Los terroristas islámicos saben que ningún soldado va a usar la fuerza en su contra y que tampoco van a querer sellar de verdad su mejor ruta de aprovisionamiento, la frontera con Siria. Hizbolá sabe perfectamente que esas son misiones para las que la ONU ni está preparada ni quiere estarlo.
Las otras dos cosas son una mejor imagen interna pues las críticas a sus acciones arrecian dentro del Líbano y para eso también necesita una tranquilidad militar relativa: Despreocuparse de los israelíes momentáneamente para seguir secuestrando el aparato político libanés.
El despliegue de la ONU también le supone un respiro en la medida en que congela el status quo político y no traduce la culpabilidad de Hizbolá en presión alguna. Y ganarse de nuevo a su base, para lo que Hizbolá tiene que gastarse sumas importantes de dinero en contentar a los damnificados por su aventura de desafiar a Israel. Los dólares le llegan de los beneficios que Irán obtiene del alto precio del crudo.
Hizbolá no está mejor ahora que antes de las hostilidades y la comunidad internacional, con su obsesión por detener las acciones bélicas y por tratar a Israel de la misma forma que a un grupo terrorista, se ha negado la posibilidad de marginarla políticamente. Los cascos azules no van a alimentar a los reformadores libaneses. Van a cuidar que los elementos de Hizbolá vivan tranquilos, seguros de que Israel no les va a bombardear.