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Gran Bretaña debe rechazar el apaciguamiento de terroristas islámicos
Colaboraciones nº 1162   |  24 de Agosto de 2006
 
En una carta abierta al Primer Ministro británico como respuesta a las exitosas operaciones antiterroristas de la semana pasada, los líderes de 38 grupos musulmanes y 6 políticos musulmanes exhortan a cambios inmediatos en la política exterior británica que es “munición para los extremistas que nos amenazan a todos”. La carta ataca “la debacle de Irak” y, en referencia a la acción militar israelí en el Líbano, critica “el fracaso de no hacer más para asegurar un fin inmediato de los ataques contra los civiles en Oriente Próximo”. Afirma que “las actuales políticas del gobierno británico ponen en peligro a los civiles ante mayores riesgos tanto en el Reino Unido como en el extranjero”.
 
Esta carta es una llamada de atención para el gobierno británico. Hace añicos cualquier ilusión de que la política de diálogo del gobierno con los principales grupos musulmanes “moderados” desde los atentados de Londres de 2005 haya producido algún beneficio. Downing Street debe replantearse su enfoque de arriba a abajo para llegar a los 2 millones de musulmanes del Reino Unido.
 
Publicada sólo 2 días después de que el Reino Unido hubiese prevenido una atrocidad al nivel del 11-S con el arresto de 24 británicos musulmanes sospechosos de terrorismo, los líderes musulmanes culpan a la política exterior británica por la tentativa de los ataques. Es una amenaza velada: Gran Bretaña debe esperarse más ataques terroristas a menos que cambie su percepción del mundo. La carta no condena a los terroristas implicados, más bien intenta establecer una equivalencia moral entre la guerra anglo-americana contra el terrorismo y las acciones de los brutales terroristas.
 
Esta declaración por parte de tantos de los musulmanes más importantes de Gran Bretaña – los signatarios incluyen a los líderes de las más grandes organizaciones musulmanas en Gran Bretaña tales como the Muslim Association of Britain, the Muslim Council of Britain, the British Muslim Forum y the Muslim Solidarity Committee --  debería marcar un momento decisivo en la forma cómo interactúa el gobierno británico con las grandes organizaciones musulmanas que afirman hablar en nombre del islam moderado.
 
El Reino Unido no debe ceder al chantaje y a la intimidación. La política exterior británica debe moldearse con el interés nacional y los valores británicos en mente, nunca por los grupos de presión amenazando con terribles consecuencias si no se cumplen sus exigencias. Downing Street y la Foreign Office (el Ministerio de Asuntos Exteriores británico) deberían cortar toda relación con organizaciones que apoyan posiciones extremistas y deberían involucrar activamente a los verdaderos musulmanes moderados que están comprometidos a apoyar la guerra contra el terrorismo.
 
Un acto de deslealtad 
 
La carta abierta de los líderes musulmanes es un cínico acto de deslealtad para con Gran Bretaña. Suena a la propaganda de las militantes organizaciones islámicas extremistas como al Qaeda exponiendo la idea de que los ataques terroristas son culpa de Occidente por su apoyo a Israel y sus acciones en Irak, Afganistán y otras partes del mundo islámico. Después de los atentados de Londres de 2005, el segundo de mando de al Qaeda, Ayman al-Zawahiri, le dijo a los británicos en una cinta que “la política de Blair les ha traido la destrucción al centro de Londres y les traerá más destrucción”, advirtiendo de que habría más ataques a menos que “la gente de la coalición cruzada... se fuera de tierra musulmana”. La carta de la semana pasada se hace eco de este sentimiento.
 
La carta abierta a Tony Blair es el equivalente moderno de la propaganda antibritánica que los fascistas escupían en los años 30 y 40. Plantea nuevas preguntas sobre la colaboración entre algunas organizaciones musulmanas y los islamistas radicales, vínculos que han sido expuestos en varios estudios publicados recientemente.
 
El gobierno británico debería respaldar la formación de una Comisión Real de Investigación en la relación entre los principales grupos musulmanes de Gran Bretaña y las organizaciones y personas radicales islámicas al igual que sobre las fuentes de financiación de las mismas.
 
Además, el parlamento debería celebrar sesiones acerca de las actividades de las principales organizaciones musulmanas. En Estados Unidos, el Departamento de Seguridad Nacional debería aumentar la vigilancia de los líderes musulmanes británicos que puedan tener vínculos con grupos extremistas en el Reino Unido, Pakistán o en cualquier otra parte y prohibirles la entrada a Estados Unidos.
 
Rechazar el apaciguamiento 
 
Como alguna vez dijo Sir Winston Churchill, “un apaciguador es alguien que alimenta a un cocodrilo con la esperanza de que a él se lo coma en último lugar”.
 
Los casi catastróficos intentos de un ataque terrorista contra aviones americanos en vuelo desde Londres a Estados Unidos acentúan el hecho de que el mundo está en una guerra épica contra el terrorismo islámico. No es solamente un conflicto de Estados Unidos, también es la guerra de Gran Bretaña, la guerra de Europa y la guerra del mundo libre. Si los terroristas hubiesen tenido éxito, miles de personas de distintas nacionalidades y religiones habrían sido asesinadas. Por ello, Gran Bretaña se ha convertido en un frente central de la guerra contra el terrorismo y los servicios de seguridad británicos están actualmente involucrados en 70 investigaciones antiterroristas que incluyen 24 “grandes conspiraciones”.
 
Pero el apaciguamiento del terrorismo por los líderes musulmanes de Gran Bretaña marca un peligroso precedente y solamente servirá para aumentar la probabilidad de ataques terroristas en suelo británico. Los ministros británicos, al igual que los líderes del Partido Conservador en la oposición, deberían condenar las afirmaciones de los líderes musulmanes vinculando las acciones de los terroristas caseros a la guerra contra el terrorismo liderada por británicos y americanos.
 
Gran Bretaña necesita una nueva generación de líderes musulmanes que no esté contaminada por asociación con el extremismo islámico o por simpatía hacia ellos y que estén orgullosos de su identidad británica.  
Deben estar deseosos de condenar el terrorismo de forma inequívoca y ayudar a erradicar a los extremistas fuera de las comunidades musulmanas. Su labor ayudando a la derrota del terrorismo islámico será de un valor incalculable.
 
Al mismo tiempo, Gran Bretaña debe redoblar sus esfuerzos en Irak y Afganistán, donde las fuerzas británicas, americanas y de otros aliados están participando activamente en la lucha contra al Qaeda. La guerra contra el fascismo islámico hará de Gran Bretaña y el resto de Europa un lugar más seguro y socavará la fuerza del extremismo islámico dentro del Reino Unido. El gobierno británico debería rechazar el mensaje de apaciguamiento y recordar a los líderes musulmanes del Reino Unido que Gran Bretaña es una nación en guerra contra el terrorismo que es un movimiento y una ideología sin piedad cuyo objetivo es la destrucción de Occidente.
 

 
 
Nile Gardiner es Doctor en Filosofía y miembro del Centro Margaret Thatcher por la Libertad, una división de la Fundación Heritage.    
 
©2006 The Heritage Foundation
©2006 Traducido por Miryam Lindberg
 


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