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Hezbolá también es nuestro enemigo
Colaboraciones nº 1160   |  24 de Agosto de 2006
 
Según un par de encuestas de Gallup difundidas la semana pasada, el 83% de los americanos afirma que Israel tiene motivos para llevar a cabo una acción militar contra Hezbolá, al tiempo que el 76% desaprueba los ataques de Hezbolá  contra Israel. Pero cuando se pregunta qué bando del conflicto debería adoptar Estados Unidos, el 65% responde: ningún bando. En su lugar, tres de cada cuatro americanos afirman estar preocupados porque Estados Unidos pueda verse arrastrado a la lucha, o de que aquello incremente la probabilidad del terrorismo contra Estados Unidos.
 
Las cifras de Gallup indican dos cosas. En primer lugar, que la mayor parte de los americanos, al captar el conflicto en el norte de Israel y el sur del Líbano, reconocen que Hezbolá es el agresor y que Israel lucha en autodefensa. Y en segundo lugar, que la mayor parte de los americanos cree que esta lucha no tiene nada que ver con Estados Unidos.
 
Bienvenido al 10 de Septiembre.
 
Durante años, Osama bin Laden había predicado que "el deber de todo musulmán es confrontar, luchar y matar" americanos. Sus suscriptores respondieron volando embajadas americanas en Kenia y Tanzania, y empotrando un bote cargado de explosivos contra el USS Cole. Pero la mayor parte de los americanos no prestó atención a al-Qaeda y sus amenazas -- hasta que 3000 personas perdieron sus vidas el 11 de septiembre del 2001.
 
¿No se ha aprendido nada de esa experiencia?
 
El bárbaro ataque de Hezbolá contra Israel -- matando y secuestrando soldados no implicados en hostilidades, disparando andanadas de misiles contra ciudades y pueblos, cargando proyectiles con perdigones destinados a maximizar el sufrimiento desgarrando carne humana -- es parte y porción de la jihad islamista radical contra el mundo libre. ¿Nada que ver con Estados Unidos? Tiene todo que ver con Estados Unidos. Hezbolá odia a los americanos de manera tan implacable al menos como al-Qaeda, y raramente pasa por alto una oportunidad de decirlo.
 
"Consideramos [América] un enemigo porque quiere humillar a nuestros gobiernos, a nuestros regímenes y a nuestros pueblos", berreaba el jeque Hassán Nasralah, líder de Hezbolá, en una enorme concentración en febrero del 2005. (El vídeo del discurso de Nasrala, que fue emitido en la televisión de Hezbolá, Al-Manar, ha sido colgado en internet por el MEMRI, el Instituto de Investigación Mediática de Oriente Medio). "Es el mayor saqueador de nuestros tesoros, nuestro petróleo, y nuestros recursos... nuestro lema, que no tenemos miedo a repetir año tras año, es: '¡Muerte a América!'"
 
Y de las decenas de miles de partidarios de Hezbolá llegaba el grito de respuesta: "¡Muerte a América! ¡Muerte a América! ¡Muerte a América!"
 
Estas no son en absoluto amenazas vacías. Antes del 11 de Septiembre, Hezbolá era responsable de más bajas americanas que ninguna otra organización terrorista del mundo. Entre sus víctimas se encuentra el oficial del ejército William F. Buckley, jefe destacado de la CIA en Beirut que fue secuestrado por Hezbolá en marzo de 1984 y que murió tras quince meses en cautiverio a causa de la tortura y las enfermedades.
 
Y el joven submarinista de la Marina Robert Stethem, seleccionado durante el secuestro en 1985 del vuelo 847 de la TWA por parte de Hezbolá y brutalmente apaleado antes de disparársele hasta matarlo.
 
Y William Higgins, un coronel del cuerpo de la Marina y comandante de la misión de pacificación de la ONU en el Líbano que fue secuestrado por Hezbolá en febrero de 1988, torturado, y eventualmente ahorcado. (Como observaba perceptiblemente Michelle Malkin la semana pasada, la cinta de Higgins, atado y amordazado y colgando de un trapo, fue la primera película jihadista snuff ampliamente diseminada de la historia).
 
Y los 241 norteamericanos de servicio asesinados por Hezbolá el 23 de octubre de 1983 cuando un terrorista suicida empotró un camión cargado con 12.000 libras de TNT contra sus barracones en el aeropuerto de Beirut.
 
Y los diecinueve norteamericanos de servicio asesinados en el atentado de 1996 contra las Torres Jobar en Arabia Saudí.
 
Durante más de dos décadas, los fanáticos chi'íes de Hezbolá, respaldados por Irán y protegidos por Siria, han convertido asesinar, secuestrar, capturar y mermar a americanos en su negocio con la misma hostilidad irracional que albergan hacia Israel. Pero cuando el portentoso portavoz de la administración Bush, Tony Snow, respondía el 19 de julio si el presidente cree que "esto es tan guerra de Israel como de Estados Unidos", respondía, "No", y a continuación intentaba cambiar de tema. Un momento después, la pregunta volvía: "No creo que haya respondido realmente a la parte acerca de porqué ésta no es nuestra guerra".
 
La increíble respuesta de Snow: "¿Por qué iba a ser nuestra guerra? Quiero decir, no es nuestro territorio. Esta no es una guerra en la que Estados Unidos - ni siquiera es una guerra. Lo que tienes aquí son hostilidades, en este punto, entre Israel y Hezbolá. No lo caracterizaría como guerra".
 
El 11 de Septiembre, se dijo una y otra vez, "lo cambió todo". Los americanos ya no irían por el mundo con los ojos cerrados, omitiendo la amenaza de los islamofascistas. ¿No es nuestra guerra? Escuche de nuevo a las hordas de Hezbolá: "¡Muerte a América! ¡Muerte a América!".
 
Van en serio con ello - mortalmente en serio. ¿Por qué nosotros no?


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