Detrás de toda guerra tiene que haber algún anormal. Eso es inevitable. Pero lo que sí es evitable, es que se propague el deseo del infrahumano y se lo vanaglorie; algo que muchos medios vienen haciendo, siendo su principal exponente CNN. Las billeteras de 1.300 millones de potenciales televidentes musulmanes, son cautivantes. No obstante, poco puede comprar la mayoría. Televisión por cable está lejos de sus bolsillos. Sus gobernantes no les permitirían ver los programas occidentales, sobrecargados de sexo y violencia; y no tendrían tiempo para ver TV, porque están en reuniones de adoctrinamiento y entrenamiento terrorista, escogiendo al próximo depravado sexual póstumo que desee inmolarse. Su familia recibirá a cambio cuantiosa cantidad de dinero, e incentivará el deseo de parir, matar y morir.
CNN tiene su manera peculiar de dar las noticias, primero acusa diariamente a Israel de atacar ferozmente a civiles y, tres semanas más tarde muestra parte de la verdad, montando la parodia de un especial televisivo para exculparse. Esta vez el programa se difunde una sola vez, después de la medianoche, obviando que los civiles eran terroristas, los muertos se levantan después de la foto y, los fanáticos se escudan detrás de mujeres y niños
Algunos medios ni siquiera se disculpan o revelan la otra cara de la moneda. Tergiversan los hechos y difunden fotografías o videos prefabricados, como Reuters, que esta vez fue pillada con las manos en la masa. ¿Cuántas fotografías modificadas publicaron anteriormente? Los periódicos sensacionalistas ponen el titular que más vende. Muchos de los encargados de escribir los encabezamientos y las noticias, son pagados por los árabes.
Después de la Guerra del Golfo, la violencia real, en vivo y en directo, se ha convertido en el programa de mayor audiencia. Todo lo que es extremo, tiene compradores. ¿Se puede permitir que cualquiera publique, diga o escriba lo que quiere, sin respaldo fidedigno sobre sus aseveraciones? Los órganos de prensa respetables, supuestamente no lo consienten, pero la cotidianeidad demuestra lo contrario. El problema es delicadísimo, porque la opinión pública, es la que determina en una democracia el futuro de cada país. Si la publicidad mediática favorece a uno u otro bando, genera corrientes de opinión que alteran el curso de la historia. La responsabilidad de los medios nunca fue tan importante como ahora, en que todo el planeta ve lo mismo, al mismo tiempo. Alguna prensa amarillenta, se somete al dinero, otra a intereses de poder. Cada día son menos los informativos que pueden vanagloriarse por su imparcialidad y objetividad. Eso no impide que cada uno pueda tener una línea política definida, pero sus comentarios deben estar encuadrados dentro de la verdad.
A mayor cultura colectiva, superior es la capacidad de discernimiento para decidir qué ver o leer. El individuo cultivado separa automáticamente lo que le parece verídico de la basura. Pero en el tercer mundo, la mugre puede llegar hasta a los medios más respetados, porque la opción mediática es menos diversa y hay que conformarse con lo que hay a mano. CNN es de los pocos órganos de difusión con acceso a casi todas las sociedades, de ahí que su influencia sea tan grande y sus comentarios tan peligrosos para la paz y la convivencia civilizada.
CNN fue creada por un izquierdista amigo de Castro, que dijo: "con $200 millones de dólares se puede vivir bien". Personalmente, yo también podría vivir con $200 millones. Humildemente tal vez, según los parámetros de Ted Turner. La desfachatez del magnate es asombrosa. Vive en un mundo de lujo inimaginable y, alienta a los tiranos y terroristas, que buscan destruir los valores y el sistema que lo llevaron al éxito. El haber pasado la administración a Time-Warner, no ha disminuido el sensacionalismo de CNN, más bien lo ha incrementado. El coloso mediático liberal, explota el canal más allá de todo principio ético y moral.