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Cuatro opciones para Corea del Norte
Colaboraciones nº 1157   |  23 de Agosto de 2006
 
Empezando el 4 de julio, Corea del Norte lanzaba una salva de siete misiles de corto, medio y largo alcance. A pesar del fracaso del único misil de largo alcance, el Taepo Dong-2, los lanzamientos confirmaron que Corea del Norte intenta impulsar su arsenal militar con el objetivo de amenazar tanto a Estados Unidos como a sus aliados en Asia. Los misiles de corto y medio alcance, el Scud y el No Dong respectivamente, volaron en dirección a Japón, de modo que parece que Corea del Norte está centrada en lograr la capacidad militar de amenazar a Japón en particular. Sigue sin estar claro en este punto si Corea del Norte puede armar su arsenal balístico con cabezas nucleares. Mientras que Corea del Norte persigue abiertamente el armamento nuclear y se piensa que posee un reducido grupo de tales armas, dotar estas armas de sistemas de misiles balísticos de propulsión exige medidas tecnológicas adicionales.
 
Estados Unidos, en colaboración con sus aliados, necesita un exhaustivo grupo de opciones militares para hacer frente a la creciente capacidad balística de Corea del Norte. La necesidad de un exhaustivo grupo de opciones es obligatoria, porque la búsqueda de misiles balísticos por parte de Corea del Norte complementa otras capacidades militares, incluyendo fuerzas convencionales agresivamente desplegadas y armas nucleares. Además, Corea del Norte es conocida por su comportamiento errático. Solamente un exhaustivo grupo de opciones americanas y aliadas hará frente al abanico completo de capacidad militar que busca Corea del Norte, y servirá para reducir la probabilidad de la agresión. De igual manera, un exhaustivo conjunto de opciones proporcionará al Presidente Bush y a los líderes aliados la flexibilidad que necesitan para responder militarmente ante un impredecible régimen norcoreano.
 
Cuatro opciones militares para contener a Corea del Norte
 
Corea del Norte está persiguiendo un amplio abanico de opciones militares para un número específico de propósitos. Su fuerza militar convencional enorme y agresivamente desplegada está diseñada para mantener como rehén a Corea del Sur amenazando con su amplia destrucción. Seúl, la capital de Corea del Sur, es particularmente vulnerable a esta amenaza. Corea del Norte quiere minar la alianza Estados Unidos-Corea del Sur, al tiempo que reserva su objetivo tanto tiempo perseguido de unificar todo Corea según sus términos a través de la intimidación o la fuerza.
 
La fuerza balística de alcance medio de Corea del Norte, ya sea a armada de cabezas convencionales o con armas de destrucción masiva, está diseñada para intimidar y aislar a Japón. Mientras que aislar a Japón sirve al propósito inmediato de Corea del Norte de complicar la capacidad norteamericana para intervenir militarmente en el Este de Asia, también parece que Corea del Norte cumple la voluntad de su veterano amigo China. China busca aislar a Japón porque ve en Japón una barrera natural para lograr la hegemonía regional en el Este de Asia.
 
El sistema balístico de largo alcance, cuando esté armado de cabezas nucleares en particular, está diseñado para disuadir a Estados Unidos de intervenir militarmente en el Este de Asia. Específicamente, Corea del Norte quiere mantener el territorio norteamericano como rehén de la amenaza nuclear.
 
Estados Unidos, en sociedad con sus aliados, puede responder a la amenaza militar norcoreana persiguiendo cuatro posibilidades militares distintas propias. El esfuerzo conjunto debería hacerse como parte de una estrategia de contención de daños más general. Esta estrategia reduciría tanto la probabilidad como el impacto potencial de la agresión militar por parte de Corea del Norte contra Estados Unidos y sus aliados. La ejecución exitosa de esta estrategia dejará a Corea del Norte en una posición en la que su amenaza de agresión militar proporciona poca presión política y pierde credibilidad en última instancia. Estados Unidos debería perseguir las cuatro opciones militares:
 
Opción 1: defensa convencional de Corea del Sur. Las fuerzas convencionales agresivamente desplegadas de Corea del Norte están diseñadas para provocar una amplia destrucción en Corea del Sur. Desde el armisticio de la Guerra de Corea, la política norteamericana y surcoreana han sido capaces de disuadir la reanudación del conflicto convencional convenciendo a Corea del Norte, y en particular a su patrón soviético, de que tal conflicto podría llevar a una escalada y a una confrontación nuclear. Con la Unión Soviética extinta y China aparentemente reticente a asumir el papel de contener a Corea del Norte, Corea del Norte es cada vez más agresiva a la hora de amenazar con un ataque convencional.
Estados Unidos y Corea del Sur deberían obtener capacidades que les permitan prevalecer en un conflicto convencional con Corea del Norte en modos en los que la destrucción de Corea del Sur se mantenga a un nivel tolerable. Una defensa creíble de Seúl tiene que formar parte de este plan. Esta defensa exigirá desarrollar sistemas, como armamento láser de última generación, para defender y destruir con rapidez la artillería y los sistemas de misiles. Las fuerzas norteamericanas y surcoreanas tienen que estar preparadas para detener las columnas armadas norcoreanas en seco en la frontera. Las fuerzas de infantería tecnológicamente superiores y el control del dominio aéreo para apoyar ataques aéreos precisos sobre los blindados del enemigo deben permanecer movilizados. El Sistema de Combate del Futuro del ejército y el Raptor F-22 de las fuerzas aéreas son los pasos lógicos a avanzar en este terreno.
 
Opción 2: un sistema de defensa balístico estratificado. Corea del Norte dispone ya de un arsenal de misiles de corto y medio alcance, y busca obtener un sistema de misiles de largo alcance en funcionamiento. Los misiles de corto y medio alcance son peligrosos para Japón y los misiles de largo alcance amenazan territorio norteamericano. A comienzos de 1991, el Departamento de Defensa proponía el Global Protection Against Limited Strikes (GPALS), un plan de despliegue o arquitectura de misiles de defensa estratificado. Esta arquitectura incluye proyectiles de interceptación en tierra y en mar, principalmente para hacer frente a misiles de corto y medio alcance. También incluye proyectiles de interceptación en tierra para hacer frente a misiles de largo alcance. La arquitectura también precisa que los proyectiles de interceptación en el mar se refinen para proporcionar una defensa contra los misiles de largo alcance en la fase de despegue y crucero. Lo que es más importante, la arquitectura concebía el despliegue de proyectiles de interceptación individuales establecidos en el espacio, que podían hacer frente a todos los misiles excepto a los de más corto alcance, incluyendo la fase de propulsión. Los sensores incluirían radares de superficie y sensores radicados en el espacio. Todos los elementos del plan iban a adjuntarse a un control de sistemas y un mando flexible.
 
Estados Unidos podría haber tenido este sistema sobre el terreno hoy, pero la administración Clinton abandonó partes esenciales de él, y la administración Bush no ha reanudado muchas de ellas. Esta arquitectura podría minar la confianza que la dirección de Corea del Norte tiene en su capacidad para provocar enorme destrucción en Estados Unidos y sus aliados por medio de sus sistemas de lanzamiento de misiles. Estados Unidos debería maniobrar rápidamente para reanudar todo los elementos del GPALS y facilitar la participación directa japonesa y surcoreana en el esfuerzo.
 
Opción 3: un nuevo disuasorio nuclear. La disuasión nuclear sigue siendo esencial para Estados Unidos y la seguridad aliada, pero el arsenal nuclear norteamericano ha sido desplazado desde la Guerra Fría y no está posicionado para disuadir a regímenes tales como el de Corea del Norte. La 2002 Nuclear Posture Review de la administración Bush sí presentaba una política para adaptar el disuasorio nuclear norteamericano a los requisitos del mundo post-Guerra Fría. Así, la dirección política se encuentra en posición de hacer que la disuasión nuclear norteamericana sea tan eficaz como sea posible a la hora de afrontar el tipo de amenaza nuclear planteada por el programa armamentístico nuclear norcoreano. La tarea hoy es ejecutar la política.
 
Un elemento clave de la nueva política es el reconocimiento de que la amenaza de la práctica destrucción en Corea del Norte tiene poco poder disuasorio para una directiva que no se preocupa lo más mínimo por el bienestar de su población. El disuasorio nuclear norteamericano tiene que ser capaz de poner en peligro objetivos que sean valorados por la directiva norcoreana como medio de supervivencia del régimen y supervivencia personal. Estos objetivos incluyen armas estratégicas, sistemas de seguridad personal, los instrumentos de represión nacional y el aparato de Inteligencia, entre otros. Además, los líderes norteamericanos tienen que saber cómo gestionar y controlar un nuevo disuasorio nuclear en equilibrio con las fuerzas defensivas, incluyendo las defensas balísticas, y en un entorno estratégico definido por la multipolaridad nuclear. En el segundo caso, esto significa comprender el valor disuasor de las fuerzas nucleares norteamericanas en relación a sociedades nucleares agresivas. Tal sociedad entre China y Corea del Norte es relevante a estos efectos.
 
Opción 4: prevención. La política de la administración Bush ha sido clara al afirmar que Estados Unidos no esperará a ser atacado y que Estados Unidos se reserva la opción de atacar preventivamente. Claramente, Estados Unidos necesitara tener esta opción, y debería ser utilizada si la Inteligencia norteamericana está segura de que el misil Taepo Dong-2 en particular ha sido armado con una cabeza nuclear. Es importante, sin embargo, no subestimar el riesgo de un ataque preventivo que lleve a la reanudación de los asaltos armados en una Guerra de Corea que aún no ha terminado oficialmente. La capacidad preventiva tiene que acompañarse de la capacidad para proporcionar una defensa convencional eficaz a Corea del Sur, como se describe anteriormente.
 
Mantener la capacidad preventiva exige sistemas para ubicar los objetivos relevantes y dirigir el armamento contra ellos en tiempo real. Las armas deben incluir aviación de ataque, misiles de crucero y misiles balísticos. Este armamento debería estar armado con cabezas convencionales cuando haya una elevada confianza en que destruirán los objetivos en cuestión, pero también deberían incluir cabezas nucleares nuevas o ya existentes cuando sea necesario.
 
Conclusión
 
El lanzamiento de la salva de misiles balísticos por parte de Corea del Norte el 4 de julio sirve para definir los tipos de amenazas a la seguridad nacional que pueden emerger en un mundo post-Guerra Fría. Estas amenazas pueden plantearse con poca antelación y es probable que sean complejas cuando lleguen a emerger. Además, el riesgo involucrado para el pueblo americano es enormemente alto. En la práctica, es potencialmente más elevado que el involucrado en la atrocidad del 11 de septiembre del 2001. La opción de construir la capacidad militar para afrontar estas amenazas no existe, porque las propias amenazas no pueden ser examinadas por completo con antelación. Lo mejor que puede hacer el Departamento de Defensa es examinar la capacidad de aquéllos que podrían llegar a amenazar a Estados Unidos y sus aliados. Utilizando estos exámenes basados en las capacidades, el Departamento debería buscar obtener capacidad militar de contrapeso.
 
Tal planificación tiene que ser exhaustiva, con el fin de dar a los líderes norteamericanos y aliados el mejor abanico posible de opciones para responder a una amenaza que emerge. No se puede esperar que una única opción militar norteamericana haga frente a una amenaza específica, porque no es seguro que esa amenaza en concreto tenga conexiones con otras amenazas potenciales. La situación con Corea del Norte ha dejado esto claro. El lanzamiento de la salva de misiles balísticos por parte de Corea del Norte no trata solamente de la amenaza balística. Tiene conexiones críticas con amenazas convencionales potenciales, amenazas nucleares y el comportamiento de otros estados, tales como China. El pueblo americano espera y merece el gobierno que proporcione al ejército el abanico completo de opciones militares para tratar cualquier amenaza que emerja, de modo que mejore la seguridad conjunta de la nación.
 

 
 
Baker Spring es investigador becado por la Fundación F.M. Kirby y especialista en Política de Seguridad Nacional en el Instituto de Estudios Internacionales Kathryn y Shelby Cullom Davis de la Fundación Heritage.


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