Grupo de Estudios Estratégicos RSS
Portada > Notas > Defensa: la distracción de la reserva





Buscar artículos publicados por el GEES
Buscar BuscarEspanol - Ingles
Defensa: la distracción de la reserva
Por GEES
Notas nº 11   |  10 de Septiembre de 2003
 
Es un hecho constatable que ningún ejército profesional cubre todas sus necesidades de personal, especialmente en tiempo de crisis o guerra, con sus fuerzas en activo y que descansan para parte de sus servicios en el recurso a las reservas. El despliegue, por ejemplo, de las fuerzas norteamericanas y británicas en Irak se ha visto acompañado de la activación de un número significativo de reservistas.
 
El Ministerio de Defensa español piensa ahora en presentar un proyecto de ley con el que reglar la movilización y la reserva para caso de catástrofe natural o de otro tipo y por guerra. Teóricamente éste sería un paso en línea con lo que se hace en otros países. Es más, es posible incluso pensar que poniendo en marcha un sistema de reservistas se podría hacer frente a la crisis que sufre el reclutamiento en determinadas especialidades. Sin embargo, los actuales planes de Defensa pueden ser más contraproducentes que positivos, por muy bien intencionados que sean.
 
Las reservas, para resultar utilizables y efectivas, necesitan existir no sólo en el papel, sino recibir adiestramiento adecuado. En Estados Unidos, por citar un único caso, los reservistas tienen la obligación de concentrarse para el debido entrenamiento un fin de semana cada mes y dos semanas seguidas al año. Y aún así, los niveles de eficacia son difíciles de mantener. Trasladar a España un esquema parecido supondría un gasto que impactaría muy negativamente tanto en el capítulo de personal como en el de operaciones y mantenimiento, algo realmente grave si se tiene en cuenta que el gasto de personal todavía se encuentra muy por encima del de material y que la partidas para la operatividad de las Fuerzas Armadas están estancadas desde hace años. Una reserva entrenada, pues, sería una sangría para las fuerzas en activo y, por lo tanto, un auténtico despilfarro desde el punto de vista de las necesidades presupuestarias de nuestras Fuerzas Armadas.
 
Es más, tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos, las dos naciones que recurren sistemáticamente en tiempo de guerra a sus reservas, los días de los “guerreros de fin de semana” han quedado atrás, tal y como decía el pasado 26 de agosto el secretario adjunto de Defensa norteamericano para asuntos de la reserva, Thomas F. Hall. De hecho, Donald Rumsfeld está impulsando un cambio sustancial en el sistema de reservas al haber comprobado el Pentágono que de los más de un millón de reservistas a su disposición, sólo el 2% de los mismos ha sido movilizado en ocho ocasiones durante los últimos 13 años. Aún más, los reservistas movilizados han sido, recurrentemente, aquellos vinculados con cuatro especialidades: asuntos cívico-militares, controladores aéreos, personal de servicios mortuorios, y fuerzas de protección. Los planes de Rumsfeld consisten, básicamente, en mover dichos servicios a la fuerza activa habida cuenta que, en realidad, esos reservistas están en activo entre 60 y 120 días al año.
 
La lección americana es bien simple: unas fuerzas profesionales deben hacer aquello que sólo ellas saben hacer, pero determinados servicios de apoyo, como los realizados por la reserva tradicional, no tienen ya validez en un mundo donde las misiones y despliegues se suceden sin descanso. Los especialistas que de verdad se necesitan más vale tenerlos permanentemente. Es más, buena parte de los servicios asociados con el mantenimiento del material están siendo realizados in situ por personal de las empresas fabricantes y suministradoras y no por soldados, liberándoles de estas tareas para poder concentrarse en los diversos aspectos del combate.
 
En ese sentido, la creación de una reserva en España no podrá paliar las deficiencias de personal allí donde se sufren. Creada ex novo se enfrentará a los mismos problemas de reclutamiento y retención que las fuerzas en activo. Y la idea de constituir dicha reserva sobre los soldados profesionales que se vayan licenciando no parece demasiado realista, habida cuenta de la lentitud para su puesta en marcha ni porque así se garantice una fuerza coherente, capaz de dar satisfacción a las necesidades de los ejércitos.
 
Si la reserva se constituyera con un número reducido de efectivos, la posibilidad de que sus miembros experimentaran un ritmo de activación y rotación muy alto pondría en peligro su atractivo y la retención de sus miembros, sólo compensable por el aumento de los emolumentos, lo que choca con la necesidad de contener el gasto de personal.
 
En suma, lo que los ejércitos españoles verdaderamente necesitan no es una costosa y difícil de sostener reserva, sino encontrar una salida a los problemas que se le plantean a las unidades en activo con la escasa cobertura de sus plantillas. Todo lo demás es una arriesgada distracción, si no un peligroso error estratégico.
 
En cuanto a la movilización, es cierto que todo país necesita reglar cómo encuadrar a su población ante la eventualidad de una necesidad absolutamente mayor de la defensa nacional. Lo que no parece sensato, políticamente hablando, es plantearlo en un momento donde los recuerdos de la recluta obligatoria están demasiado frescos y cuando no hay nada en el escenario internacional y de seguridad que lleve a pensar que será necesaria una movilización generalizada.
 
De hecho, poner en funcionamiento la logística requerida para hacer viable esa potencial movilización (listados, actualización de ficheros, pruebas de localización y recogida de respuestas, etc.) exigiría el empleo de recursos humanos, materiales y financieros significativos, que pueden prestar mejor sus servicios en la modernización de los recursos de personal de las fuerzas armadas. Se perdería el valor de demasiados cuadros de mando en esas funciones.
 
La reserva y la movilización son cuestiones ampliamente debatidas en el seno de Defensa y de las Fuerzas Armadas, particularmente desde que se inició el proceso de profesionalización plena de la tropa y marinería. Pero es un peligroso espejismo creer que van a solucionar los problemas de personal -de soldados, suboficiales y cuadros de mando- de nuestros actuales ejércitos. Hay ideas que sobre el papel parecen muy atractivas pero cuya realización genera más problemas que los que teóricamente debieran resolver. Y eso es lo malo de los actuales planes de Defensa.


© 2003-2008 GEES - Grupo de Estudios Estratégicos
Aviso legal | Mapa Web | Lista de correo | Contactar