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La vida en un universo Orwelliano
Colaboraciones nº 1144   |  17 de Agosto de 2006
 
¿A qué otro país, cuando es atacado en una agresión no provocada a través de una frontera internacional, se le pone en marcha una cuenta atrás por el mundo, dando un plazo de tiempo en el que responder, sin importar si ha restaurado o no su propia seguridad?
 
¿Qué otro país soporta 1.500 ataques indiscriminados con misiles contra sus ciudades - diseñado cada uno para matar, aterrorizar y lisiar a sus ciudadanos - y después es vilificado por el mundo cuando intenta destruir la infraestructura del enemigo y sus fuertes con misiles guiados de precisión que en ocasiones tienen la consecuencia insalvable pero inevitable de muertes y sufrimiento civiles colaterales?
 
Escuchar al mundo juzgar la guerra Israel-Hezbolá conforme se desarrolla es vivir en un universo moral Orwelliano. Con pocas excepciones significativas (la dirección de Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia, Canadá y unos cuantos otros), el mundo -- gobiernos, medios, burócratas de la ONU -- ha perdido por completo su catadura moral.
 
El mundo que obvia cualquier razonamiento y mágicamente invierte a la víctima en agresor es "desproporcionado" igual que la universalmente condenada "desproporcionada respuesta israelí".
 
Cuando Estados Unidos fue atacado en Pearl Harbor, no respondió con un ataque paralelo "proporcionado" contra una base naval japonesa. Lanzó una campaña de cuatro años que mató a millones de japoneses, redujo Tokio, Hiroshima y Nagasaki a un amasijo, y convirtió las principales islas japonesas en escombros y ruinas. ¿Desproporcionado? No. Cuando uno es atacado a placer por un agresor, uno tiene todo el derecho -- legal y moral -- de llevar a cabo la lucha hasta que el agresor esté desarmado y así impedido, de modo que no pueda amenazar de nuevo la seguridad de uno. Eso es lo que se necesitó con Japón.
 
Gran Bretaña nunca fue invadida por Alemania en la Segunda Guerra Mundial. ¿Respondió al bombardeo y los proyectiles V-1 y V-2 con un bombardeo "proporcional" de Alemania? Por supuesto que no. Churchill orquestó la mayor invasión por tierra de la historia, que machacó y destruyó por completo Alemania, matando a incontables mujeres y niños alemanes en el proceso.
 
La perversidad de la reacción internacional de hoy reside en el hecho de que en la práctica existe una desproporción en esta guerra, una simetría moral radical entre Israel y Hezbolá: Hezbolá intenta deliberadamente crear bajas civiles por ambos bandos, al tiempo que Israel intenta deliberadamente minimizar las bajas civiles, también a ambos lados.
 
En quizá la campaña de terror más abierta desde el aire desde el bombardeo de Londres, Hezbolá intenta hacer llover misiles sobre las ciudades y aldeas israelíes. Estos proyectiles están trufados de metralla que puede penetrar en automóviles y desgarrar la carne humana. Están creados para matar y lisiar. Y lo hacen.
 
Pero es una campaña dual. Los inocentes israelíes tienen que morir para que Israel sea aterrorizado. Pero libaneses inocentes también tienen que morir para que Israel sea demonizado, que es el motivo por el que Hezbolá esconde a sus guerrilleros, sus misiles, sus lanzaderas, y toda su infraestructura entre civiles. Crear escudos humanos es un crimen de guerra. También es la especialidad de Hezbolá.
 
El miércoles, las cámaras de la CNN mostraban la destrucción en Tiro. ¿Qué tiene Israel contra Tiro y sus habitantes? Nada. Pero los misiles de largo alcance de Hezbolá que han estado haciendo llover el terror sobre Haifa están radicados en Tiro. ¿Qué hace Israel? ¿Dejar intactos los lugares de lanzamiento que son ubicados deliberadamente en áreas civiles?
 
Si Israel quisiera destruir la infraestructura civil libanesa, habría cortado la luz en Beirut en la primera hora de guerra, destruyendo la red de alimentación de miles de millones de dólares y haciendo retroceder el Líbano veinte años. No hizo eso. En su lugar, atacó la infraestructura de uso dual -- puentes, carreteras, pistas de aeropuerto -- y bloqueó los puertos de Líbano con el fin de evitar el refuerzo y reabastecimiento de Hezbolá. 10.000 misiles Katyusha son suficientes. Israel no va a permitir a Hezbolá 10.000 más.
 
La respuesta de Israel a Hezbolá ha sido el uso de armamento más preciso y la elección de objetivos. No tiene ningún interés y no tiene ningún deseo de matar civiles libaneses. ¿Alguien se imagina que podría no haber presionado el sur de Líbano, por no decir nada de Beirut? En su lugar, en la amarga lucha contra Hezbolá, ha soltado repetidamente panfletos, ha anunciado advertencias, enviado mensajes por radio e incluso por teléfono a los habitantes libaneses para que fueran evacuados de modo que no salieran perjudicados.
 
Israel sabe que estos panfletos y advertencias dan tiempo a los guerrilleros de Hezbolá para escapar y reagruparse. La notificación con antelación de dónde se acerca el próximo ataque ha permitido a Hezbolá elaborar emboscadas. ¿El resultado? Bajas de la infantería israelí inesperadamente altas. Escrúpulos morales pagados con sangre. Soldados israelíes mueren para que los civiles libaneses no mueran, ¿y a quien condenó a la comunidad internacional por no respetar la vida civil?

 
 
Charles Krauthammer estudió Ciencias Políticas y Economía en la Universidad de Oxford y medicina en Harvard, es ganador del Premio Pulitzer de 1987, escribe una columna sindicada para el Washington Post Writers Group que se publica en más de 150 periódicos.


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