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La solución de cero estados
Colaboraciones nº 1139   |  14 de Agosto de 2006
 
Hace unos cuantos años, cuando los colegas hablaban a la ligera acerca de "el proceso de paz de Oriente Medio" y "la solución de dos estados", yo solía decir que el problema residía en que los palestinos veían la solución de dos estados como etapa interina de camino a la solución de un único estado. Subestimé la depravación islamista. Tal como vemos hoy en Gaza y el sur del Líbano, cualquier solución de dos estados será una etapa interina de camino a la solución de ningún estado.
 
En una de las declaraciones islamistas más admirablemente sinceras, Hussein Massawi, el líder de Hezbolá tras la masacre de fuerzas norteamericanas y francesas hace veinte años, lo decía de esta manera:
 
"No luchamos para que nos ofrezcáis algo. Luchamos para eliminaros".
 
Ahí queda eso. Pero, suponga que se sale con la suya, ¿entonces qué? Suponga que hasta el último judío en Israel está muerto o ha huido, ¿qué aparecería en lugar de la Entidad Sionista? Será algo al estilo de los ocupantes terroristas Hamas-Hezbolá en Gaza y el Líbano a lo grande. Hamas logró una victoria pírrica en las elecciones palestinas, y de igual manera Hezbolá logró el control formal de ministerios libaneses clave del gabinete. Pero no son Mussolini: no tienen ningún interés en hacer llegar a tiempo los trenes. Y para ser honesto, ¿quién puede culparles? Si usted es un cerebro terrorista de los buenos, francamente es soberanamente aburrido encontrarte como Subsecretario en funciones en el Ministerio de Pensiones, particularmente cuando no estás preparado y no importa lo generosamente que la Unión Europea te bañe en dinero, nunca parece haber nada en la hucha cuando llega el momento de pagar la nómina. De modo que, al igual que una empresa que está sobre-diversificada, tanto Hamas como Hezbolá se retiran a su actividad central: matar judíos.
 
En Causeries du Lundi, Charles-Augustin Sainte-Beuve recuerda a un dramaturgo parisino que contempla un tumulto revolucionario destruyendo por la calle debajo suyo y anunciando: "¡Vea mi obra de teatro pasar!"[1] Así es como los árabes oportunistas y los indulgentes europeos veían la intifada y a los terroristas y a las escolares terroristas suicida: como una especie de arte escénico uber-auténtico con el que atormentar a judíos y americanos. Nunca se detuvieron a preguntarse: ¿Hey, qué pasa si no se detienen ahí?
 
Bien, con treinta años de retraso, se lo preguntan ahora. Durante el primer cuarto de siglo de existencia de Israel, los estados árabes libraron guerras más o menos convencionales contra los sionistas, y continuaron perdiendo. De modo que se figuraron que sería más fácil disfrazar el movimiento terrorista, y en 1974 declaraban la OLP de Yasser Arafat "el único representante legítimo del pueblo palestino", lo que es toda una declaración para una organización que entonces apenas llegaba a la media década de antigüedad. Sorprendentemente, la Liga Árabe persuadió a la ONU y a la UE y a Bill Clinton y a todos los demás de tragar con ello y tratar al viejo monstruo como un jefe de estado que solamente carecía de estado del que ser jefe. Es cierto que muchos movimientos nacionalistas han encontrado conveniente adoptar el aspecto de terroristas. Pero, mientras el movimiento "nacionalista" palestino caía de los secuestros de líneas aéreas a la intifada, pasando por inmolarse en pizzerías, a sus glamorosos patrones nunca se les ocurrió plantearse que tal vez esto era en la práctica un movimiento terrorista que adopta convenientemente el aspecto de nacionalismo.
 
En 1971, en el vestíbulo del Sheraton de El Cairo, terroristas palestinos disparaban a bocajarro a Wasfi al-Tal, el primer ministro de Jordania. Al caer al suelo muriendo, uno de sus asesinos empezó a beberse la sangre que salía a borbotones de sus heridas. ¿No le sorprende eso como un poco, um, elaborado? Cuando tres décadas después, al explotar bombas en Bali matando a cientos de turistas además de camareros y barman locales, Bruce Haigh, un antiguo diplomático australiano en Indonesia, Pakistán y Arabia Saudí, no tuvo dudas de a quién culpar. Como declaró al Canal 9 australiano: "La causa raíz de este tema ha sido el respaldo a Israel en Palestina por parte de América".
 
Suponga que esto fuera cierto -- que los terroristas volaron por los aires parejitas de luna de miel en Oz y alcohólicos escandinavos en clubes nocturnos balineses a causa de "la cuestión palestina". ¿No le sugiere esto que esta gente está, en un determinado nivel, como cabras? Después de todo, hay un montón de simpatizantes del IRA en todo el mundo (intente defender el Ulster Unionista en un bar de Boston) y aún así nunca pensaron en protestar por el gobierno británico en el norte de Irlanda volando por los aires, digamos, turistas alemanes en Tailandia. Pero contra más se estira el delgado parche del agravio palestino para justificar las atrocidades a diestro y siniestro por todo el mundo, más miran bajo sus ventanas los grandes emires de la Liga Árabe y los ministros de exteriores de la Unión Europea y murmuran, "¡Vea mi obra de teatro pasar!”[2]
 
Hoy se han dado cuenta veladamente de que se encuentran en esa etapa del personaje de la criatura en la que el monstruo ha mutado en algo más grande y más demente. Hasta la declaración destacadamente robusta en cierto sentido por parte del G-8 y la denuncia sin precedentes de Hezbolá por parte de la Liga Árabe, la norma de cualquier conflicto en el que Israel estuviera implicado -- Israel vs. OLP, Israel vs. el Líbano, Israel vs. [Inserte su equipo aquí] es que los judíos tienen la culpa.
 
Pero el oportunismo egipcio-saudí-jordano sobre Palestina les ha salido por la culata: por fin les queda claro que la estrategia de evitar conscientemente la resolución de "la cuestión palestina" ha ayudado a entregar Gaza, y el Líbano, y Siria a manos de un régimen que es una amenaza mucho mayor para el mundo árabe que la Entidad Sionista. El Cairo y Compañía se acostumbraron tanto a quejarse por la pseudo-crisis palestina década sí y década también que nunca se les ocurrió que un día pudieran afrontar una crisis real: un Oriente Medio dominado por un Irán apocalíptico y sus brazos locales, en el que el autogobierno árabe acaba habiendo sido un simple interludio entre los sultanes otomanos y el eterno eclipse de un paraguas nuclear persa. Los sionistas salieron de Gaza, y hoy es un reducto de Talibanes. Los sionistas salieron del Líbano y la fuerza más poderosa del país (con ventaja demográfica siempre creciente) son los soldados no regulares chi'íes de Irán. No se ha visto ningún sionista en ninguna parte de las proximidades de Damasco en 60 años, y Siria es en la práctica el primer perro carcelero árabe sunní de Irán. Para los restantes regímenes de la región, Gaza, el Líbano y Siria son estados muertos que se han convertido en vampiros.
 
Mientras tanto, en una destacable demostración de urgencia (en comparación con Sudán, Ruanda, el Congo y compañía al menos) Kofi Annán propone a propósito de Israel y Hezbolá que los pacificadores de la ONU entren en escena, no para mantener "la paz" entre dos estados soberanos, sino entre un estado soberano y una banda terrorista usurpadora. Despreciable como es él, el secretario general da muestras de entender en cierta medida hacia dónde se dirige el mundo: los "actores sin estado" ya tienen armamento balístico más sofisticado que muchas naciones de la UE. Si Irán se sale con la suya, sus ramas serán potencias nucleares implícitas. Tal vez deberíamos sentarlas en el Consejo de Seguridad.
 
De modo que lo que realmente es la primera guerra no árabe de Israel es un vistazo al mundo de pasado mañana: la UE y la Liga Árabe no lo dirán públicamente, pero, por modificar ese titular de Le Monde, hoy todos ellos son judíos.

 
Mark Steyn escribe sobre política, arte y cultura y sus textos se pueden leer en en medios de habla inglesa en todo el mundo. Es columnista de The Chicago Sun-Times, el quinto diario más leído en America, también aparece en The New York Sun, The Washington Times, y The Orange County Register en California. Mark realiza colaboraciones habituales para The Jerusalem Post.
 
Copyright © Mark Steyn, 2006
 
Nota


[1] Aunque la frase de Causeries du Lundi es textual, en español se entendería más bien como “voy poniendo mis barbas a remojar”.
 


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