Si alguien le pregunta porqué la ONU ha acabado siendo peor que irrelevante en el conflicto árabe israelí, todo lo que necesita hacer es leer la declaración del 20 de julio del Secretario General de la ONU Kofi Annán. Annán llega a extremos insospechados para sugerir igual fallo y equivalencia moral entre los misiles de Hezbolá y Hamas, que apuntan específicamente a civiles inocentes, y los esfuerzos de autodefensa de Israel, que intentan desesperadamente, aunque no siempre con éxito, evitar provocar bajas civiles. En sus declaraciones, Annán nunca condena, ni siquiera menciona, cuál es la causa raíz y precipitador del conflicto.
Incluso Annán se vio obligado reconocer que "el provocador ataque de Hezbolá el 12 de julio fue el detonante de esta crisis particular"; que Hezbolá está "apuntando deliberadamente... a los centros de población israelíes con cientos de armas indiscriminadas"; y que Israel tiene "el derecho a defenderse bajo el Artículo 51 de la carta de la ONU". Pero no se detiene allí. Pasa a ofender para insistir en igualar a los terroristas de Hezbolá con la respuesta militar israelí, a la que etiqueta de "desproporcionada" y "castigo colectivo". Condena tanto a Hezbolá como a Israel. También critica a Israel por sus esfuerzos a la hora de evitar los ataques con misiles Kassam contra sus centros de población, observando que los misiles de Hamas "no han producido bajas este último mes" (esto, por supuesto, no es porque no lo hayan intentado). Obvia el largo historial de terrorismo de Hamas contra civiles inocentes.
A continuación, Annán pide "un cese inmediato de la violencia indiscriminada y desproporcionada" por ambas partes, sugiriendo de nuevo una equivalencia moral. Entre las posturas más inmorales que nadie pueda asumir se encuentra sugerir una equivalencia moral entre acciones moralmente distintas.
Parte del objetivo de organizaciones como Hezbolá y Hamas es lograr legitimidad moral para sus tácticas terroristas igualándolas con las prácticas militares convencionales utilizadas por regímenes democráticos. Solamente el moralmente obtuso -- o el perverso -- no sabe reconocer la diferencia entre un grupo terrorista que apunta a centros de población civil con armas anti-personales diseñadas para maximizar la cifra de bajas civiles, y una democracia que intenta evitar el terrorismo empleando bombas inteligentes diseñadas para minimizar las bajas civiles.
Annán sabe que es imposible sugerir una equivalencia moral. Está completamente al tanto de la táctica empleada por los terroristas de lanzar sus misiles desde, o esconderse detrás de, escudos civiles, con el fin de hacer que las democracias tengan que matar unos cuantos civiles para alcanzar a los terroristas.
Pero Annán encabeza una organización que es tan anti-Israel que en palabras del primer embajador israelí ante la ONU, Abba Eban: "Si Argelia propusiera una resolución de que la Tierra es plana y de que Israel la ha aplanado, sería aprobada por 120 votos a tres, con 27 abstenciones".
Muchas de tales resoluciones han sido aprobadas por la Asamblea General, incluyendo la notoria que iguala el movimiento de liberación nacional judío con "racismo". Otras resoluciones parciales han sido aprobadas por la Asamblea General legitimando el terrorismo. Solamente el veto norteamericano -- que no opera en la Asamblea General de la ONU -- ha evitado resoluciones parciales por parte del Consejo de Seguridad.
Si un alienígena de un planeta lejano aterrizase en la ONU, se iría con la impresión de que Israel no sólo es el único atacante de Oriente Medio, sino que también es el peor atacante del mundo entero. Condenaría a Israel únicamente y le excluiría de pertenecer a muchas entidades de la ONU, en las que Siria, El Líbano o Irán sirven en puestos de honor.
Annán en persona tiene un largo historial de condenas parciales a Israel. En marzo del 2004, Annán "condenaba firmemente" el asesinato selectivo por parte de Israel del jeque Ahmad Yassin, el líder terrorista de Hamas, sin condenar a Yassin por sus criminales acciones o a su organización por el asesinato de civiles judíos. En diciembre del 2003, Annán "condenaba fuertemente" el asalto de Israel a un campamento de refugiados palestinos en donde dos hombres armados estaban presuntamente escondidos. Y en el 2005 difundía la más tenue de las declaraciones -- expresando "decepción" -- por las amenazas del presidente de Irán de "eliminar" a Israel, nación miembro de la ONU. La lista sigue y sigue.
Peor aún que las condenas parciales que ignoran a Hamas y Hezbolá son las numerosas declaraciones que sugieren perversamente equivalencia moral.
Los pacificadores de la ONU en la frontera libanesa han acabado siendo colaboradores de Hezbolá, grabando el secuestro por parte Hezbolá de tres soldados israelíes en el 2000 y después rehusando entregar el vídeo -- que podría haber ayudado en el rescate -- con el argumento de que comprometería "su neutralidad".
Esta es la prueba de fuego de la ONU. Si no puede -- o no quiere -- distinguir entre terroristas que apuntan a civiles y una democracia que intenta detener el terrorismo al tiempo que minimiza las bajas civiles, es que se ha convertido en parte del problema, no de la solución.