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La paciencia se está agotando
Colaboraciones nº 1116   |  27 de Julio de 2006
 
El juicio convencional es que Estados Unidos está tan limitado que no puede hacer mucho acerca de los ataques de misiles contra Israel, el patrocinio abierto de terroristas por parte de Irán y Siria, o el programa nuclear iraní.
 
Los precios del petróleo ya están por las nubes. Cualquier acción americana unilateral podría interrumpir los ajustados suministros globales. Eso descarrilaría a las economías de nuestros aliados occidentales y únicamente enriquecería a enemigos con beneficios exorbitantes.
 
Intentar sacar adelante la frágil democracia en Irak también significa que no nos podemos permitir ofender las sensibilidades árabes en ninguna parte. Y un George Bush impotente, bajo en las cifras de popularidad y afrontando en otoño unas elecciones al Congreso en el aire, ciertamente no quiere involucrar al contribuyente americano en más compromisos caros en el extranjero.
 
Pero a pesar de ese sonoro juicio convencional, al exasperado Occidente se le agotan las elecciones en Oriente Medio.
 
Durante años, el mundo árabe clamó que Israel era "el problema" a resolver. Después, la paz y la seguridad consolidarían presuntamente Oriente Medio por fin. Las naciones occidentales comprendieron "el problema" siendo la retención israelí de tierras que había capturado en el Sinaí, el West Bank, Gaza, Siria y el Líbano tras derrotar a una serie de fuerzas árabes dedicadas a destruir al estado judío.
 
Pero después de la salida israelí del Sinaí, y Gaza y el Líbano, y billones de dólares en ayuda americana para Egipto, Jordania y los palestinos, no hay mucho progreso hacia la paz aún. La magnanimidad israelí fue vista como debilidad. La diplomacia templada de Israel hoy le ha granjeado otra ronda de secuestros, rescates y ataques con misiles.
 
Por fin, el mundo acepta que el problema de Oriente Medio nunca tuvo que ver con las tierras presuntamente ocupadas -- sino con la existencia misma del propio Israel. Hezbolá y Hamas, y aquellos de su entorno que les toleran (o que les votan), no quisieron tanto a Israel fuera del Líbano o de Gaza como empujarlo al Mediterráneo de una tacada. Y puesto que no habrá segundo Holocausto, los israelíes bien podrían transformar pronto una guerra terrorista perenne que no pueden ganar fácilmente en una convencional aérea contra una Siria patrocinadora del terrorismo que pueden ganar.
 
Por su parte, Estados Unidos ha dedicado miles de vidas y billones en fondos a dar a luz a la democracia en Irak. Quisimos poner fin a nuestro antiguo apoyo cínico a los dictadores de Oriente Medio que nos ganó tanto desprecio, y en su lugar dar a los iraquíes una elección distinta a la de teocracia o la autocracia.
 
En sintonía multilateral, América también ha recibido la ayuda de la Unión Europea, Naciones Unidas, China y Rusia a la hora de convencer a los iraníes de la locura de producir armamento nuclear. Pero al igual que Hezbolá o Hamas, Irán no quiere hablar -- igual que los secuestradores y los decapitadores en Irak tampoco.
 
Las dos sociedades más liberales de Europa -- Dinamarca y Holanda -- recibieron en sus costas a casi todo el mundo procedente de Oriente Medio. Su hospitalidad multicultural se suponía que iba a liderar una nación utópica "diversa" de distintas razas, nacionalidades y religiones.
 
En lugar de eso, tal libertinaje les ha ganado a las dos naciones la posición de parias en el mundo musulmán por las presuntas indiscreciones de unos cuantos cineastas independientes y viñetistas.
 
Pero a pesar de todas sus amenazas, lo que los islamistas - de Hezbolá al Valle de la Bekaa en el Líbano pasando por el gobierno iraní de Teherán Valley y los jihadistas del triángulo sunní de Irak -- no comprenden es que están empujando a los occidentales contra las cuerdas. Si la diplomacia, o la ayuda, o el apoyo a la democratización, o el multiculturalismo, o la retirada de tierras en disputa, no satisfacen a los islamistas radicales, ¿Qué lo hará?
 
Quizá nada.
 
¿Cuál entonces debería ser el nuevo enfoque occidental al terrorismo? La respuesta rápida y dura -- pero sin nuestras pasadas preocupaciones por la construcción de naciones u ofertas democráticas a la teocracia y la autocracia, ni siquiera preocuparse si otros musulmanes son injustamente castigados por los islamistas que operan libremente en su entorno.
 
Cualquier nueva política de respuesta -- a la luz tanto del 11 de Septiembre como de los desastrosos esfuerzos por dar a luz democracias en Afganistán, Irak, el Líbano o el West Bank - sería una especie de cambio exasperado al antiguo pago con misiles de crucero. Pero en el nuevo mundo de los proyectiles nucleares iraníes y los misiles de Hezbolá, Occidente respondería con algo mucho mayor que un misil de crucero.
 
Si no tienen cuidado, una Siria o un Irán realmente alcanzarán una guerra convencional -- no más diplomacia fútil o respuestas limitadas al terrorismo. Y la historia demuestra que los ataques masivos desde el aire son algo que Occidente hace bien.
 
De modo que en el ínterin, esperemos que la democracia prevalezca en Irak, que nuestra masiva ayuda sea apreciada realmente por Oriente Medio, que la diplomacia funcione en última instancia con Irán, que Siria deje de apoyar a los terroristas, y que Hamas y Hezbolá detengan sus ataques de misiles contra Israel -- más por su propio bien que por el nuestro.  

 
 
Victor Davis Hanson es historiador militar y ensayista político. Actualmente es miembro permanente de la Hoover Institution tras haber impartido clases en la California State University desde 1984 al frente de su propio programa de cultura clásica. Entre otros medios, sus artículos aparecen en The Washington Post, The Washington Times, Frontpage Magazine, National Review Online, Time o JWR.


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